FICHA TÉCNICA



Título obra Vámonos a la guerra

Autoría George Farquhar

Notas de autoría George Farquhar / autor de El oficial de reclutamiento; Héctor Mendoza / adaptación

Dirección Héctor Mendoza

Elenco Margarita Sanz, Julieta Egurrola, Patricia Zepeda, Cecilia Morales

Coreografía Joan Mondelini

Música Luis Rivero

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Vámonos a la guerra, creación de Héctor Mendoza]”, en Siempre!, 25 mayo 1977.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   25 de mayo de 1977

Columna Teatro

Vámonos a la guerra, creación de Héctor Mendoza

Rafael Solana

Mientras en la capital de la República se estrenaba El ancla y se reponía Mi bella dama; espectáculos que tenemos la esperanza de conocer muy pronto, en Guanajuato llegaba a su fin el Quinto Festival Internacional Cervantino, un acontecimiento de la cultura que va tomando vuelo, y que si es ya la reunión artística más importante de la América Latina, muy pronto podrá ser una de las mejores del mundo. Todavía algunos grandes países envían contribuciones modestas; pero otros han comenzado a enviar espectáculos de gran categoría, algunos de los cuales tuvimos ya ocasión de reseñar para nuestros lectores.

México contribuye con algo de lo mejor que tiene; la colaboración oficial no fue parca, ni por el número de los actos cubiertos ni por la calidad de ellos; el Instituto de Bellas Artes cubrió mucha cancha, y brilló en la ópera, en el teatro, en la música, en la danza y en el guiñol; la Universidad Nacional Autónoma mandó a su mejor hombre, Héctor Mendoza, a quien nos tocó aplaudir en fecha en que, aunque de ello se acordaron pocos, cumplía veinticinco años de autor teatral, pues debutó, con Ahogados, en el teatro Colón, en temporada de la Unión de Autores, en la primera quincena de mayo de 1952.

Mendoza, cuya musa tira hacia lo jocoso, como de la suya decía Ovidio, ha hecho ahora una adaptación al género musical de la obra El oficial de reclutamiento, del inglés George Farquhar, estrenada en Londres en 1706. Hay quien cree que entre Shakespeare y Oscar Wilde, que es casi lo único que aquí conocemos, no hubo en Inglaterra teatro; lo hubo vigorosísimo, y algunas piezas están siendo remozadas en Inglaterra misma, y dobladas con música. Eso ha hecho Héctor en la graciosa comedia de Farquhar, a la que ahora llama Vámonos a la guerra, y a la que han puesto música Luis Rivero y coreografía Joan Mondelini. Ahora le ha dado a Mendoza por enseñar a los alumnos de la cátedra universitaria de teatro no a hablar, que era lo que nos enseñaban Wagner y otros maestros, ni a conocer la historia de la literatura dramática, que eso les mostraba Luisa Josefina Hernández, todo lo cual les servía para enriquecer su cultura general y para derivar, si no se hacían actores profesionales (como Riquelme, Montemayor Echeverría, Perrín, Delmar, de los de aquellas primeras promociones) para ser buenos abogados, diputados, políticos; sino a bailar, cantar, encuerarse y echar maromas, lo que, si no siguen la carrera del teatro, les podrá servir para trabajar en cabarets o filmar comerciales para la televisión; mucho saben los actuales alumnos de teatro de la Universidad, bailan a ritmo, cantan a tono; pero a los de Vámonos a la guerra a veces se les oye poco, y a veces mal, porque la ortolalia no es ya la base de la enseñanza, sino uno de sus más descuidados artículos, detrás del canto y de la coreografía; para bien: concedemos que más fácilmente les digamos actores aprenderán a hablar porque de los de antes, que sí hablaban, aprenderían a bailar, cantar y echar maromas, si bien en los géneros teatrales entonces en uso de esta pluralidad de facultades no se requería, como requiere ahora el teatro musical, vodevil, llaman en Broadway, que suelen montar Manolo, Julissa y otros productores.

De grupos de artistas que tan dinámica y alegremente dirigió Mendoza quienes nos gustaron mucho fueron las muchachas; Margarita Sanz, se las sabe todas en materia de comicidad; si saliera a la palestra, a los teatros profesionales, dejaría chiquitas a Aurora Campuzano, a Lupita Pallás, a Isabelita Blanch, y a Yuyú, a Virma, a "Chachita"; Julieta Egurrola es un encanto, fina, agradable; ágil; simpáticas son Patricia Zepeda y Cecilia Morales. No carecen de talento, unos tienen unos, otros otros, los seis actores de la compañía; sólo recordaríamos a Héctor que la hilaridad retumbante, desbordada, es peligrosa de sostener por demasiado tiempo; a las dos horas de cosquillas todo espectador se siente fatigado, y su risa se va volviendo rictus; habría que administrar mejor este tipo de comicidad, dejarla estallar sólo en momentos culminantes. A carcajada batiente, no hay quien aguante ciento cincuenta minutos.