FICHA TÉCNICA



Título obra Antígona

Autoría Jean Anouilh

Notas de autoría Agustín Lazo y Xavier Villaurrutia / traducción

Elenco Beatriz Aguirre, Horacio Fontanot

Espacios teatrales Teatro del Palacio de Bellas Artes

Eventos Obra inaugural de la temporada de teatro universal en Bellas Artes

Notas Prólogo de Jean Anohuilh a su obra Antígona

Referencia Armando de Maria y Campos, “El prólogo de Antígona de Jean Anouilh, que será estrenada en Bellas Artes”, en Novedades, 25 marzo 1948.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

El prólogo de Antígona de Jean Anouilh, que será estrenada en el Bellas Artes

Armando de Maria y Campos

Voy a ofrecer en seguida a mis lectores el bello y original prólogo de la tragedia Antígona de Jean Anouilh, según la traducción de Lazo y Villaurrutia, obra con la que se inaugura la temporada de teatro universal en el Bellas Artes.

"Atención. Estos personajes van a representar para ustedes la historia de Antígona. Antígona es la muchacha delgada que está sentada allá lejos, y que calla. Mira delante de sí misma. Piensa. Piensa que va a ser Antígona, que va a surgir de pronto de la delgada muchacha, oscura, hermética, a la que nadie tomaba en serio en la familia, y a erguirse sola frente al mundo, sola frente a Creonte, su tío, que es el rey. Piensa que va a morir, que es joven y que a ella también le habría gustado vivir. Pero no hay nada que hacer. Se llama Antígona y va a ser preciso que represente su papel hasta el fin... Y una vez que se ha levantado el telón, ella siente que se aleja –a una velocidad vertiginosa– de su hermana Ismenia que charla y ríe con un joven, de todos nosotros que estamos aquí, mirándola tranquilamente, de todos nosotros que no vamos a morir esta noche.

"El joven que habla con la rubia, la bella, la dichosa Ismenia, es Hemón, el hijo de Creonte. Hemón es el prometido de Antígona. Todo lo conducía hacia Ismenia; su predilección por la danza, por los juegos, su gusto por la felicidad y el buen éxito, su sensualidad también, porque Ismenia es mucho más bella que Antígona; y una noche, una noche de baile en que no había bailado sino Ismenia, una noche en que Ismenia estaba resplandeciente con su vestido nuevo, fue a buscar a Antígona que soñaba en un rincón, como en este momento, con los brazos ciñendo sus rodillas, y Hemón le pidió que fuera su esposa. Nadie ha comprendido por qué Antígona levantó sin asombro sus ojos graves hacia él y le dijo "sí" con una sonrisa triste... La orquesta principiaba una nueva danza, Ismenia reía, allá lejos, en medio de otros muchachos. Y he aquí que ahora él iba a ser el esposo de Antígona. El no sabía que nunca había de existir esposo alguno de Antígona sobre la tierra y que su título principesco le daba únicamente el derecho de morir.

"Este hombre anguloso, de cabello entrecano, que medita allá, cerca de su paje, es Creonte. Es el rey. Tiene arrugas, está fatigado. Juega el difícil juego de conducir a los hombres. Antes, en tiempo de Edipo, cuando Creonte no era sino el primer personaje de la corte, amaba la música, las bellas encuadernaciones, los largos paseos en las tiendas de los anticuarios de Tebas. Pero Edipo y sus hijos están muertos. Creonte ha dejado sus libros, sus objetos, se ha arremangado la camisa y ha tomado su puesto.

"Algunas veces, por la noche, se siente fatigado y se pregunta si no es inútil guiar a los hombres; si el suyo no es un oficio sórdido que debemos dejar a otros más rudos. Pero después, por la mañana, los primeros problemas se plantean, hay que resolverlos, y Creonte se levanta tranquilo como un obrero en el umbral de su jornada.

"La señora que teje al lado de la nodriza que educó a las dos muchachas, es Eurídice, la esposa de Creonte. Tejerá durante toda la tragedia hasta que le llegue su turno de levantarse y morir. Es buena, digna, amante. No puede ayudar a nada a Creonte. Creonte está solo, solo con su paje que es demasiado pequeño, y que tampoco puede hacer anda por él.

"Ese muchacho pálido, allá lejos, en el fondo, que sueña adosado al muro, solitario, es el mensajero. Es él quien vendrá a anunciar la muerte de Hemón. Por eso no tiene gana de charlar ni de mezclarse con otros. El sabe ya.

"Por último, los tres hombres rojizos que, con el sombrero en la nuca, juegan a los naipes, son los guardias. No son malas personas, tienen sus mujeres, sus hijos, y pequeñas dificultades como todo el mundo, pero apuñalarán a los acusados con la mayor tranquilidad del mundo cuando llegue la hora. Huelen a ajo, a cuero y a vino rojo y están desprovistos de imaginación. Son los auxiliares de la justicia: siempre inocentes y siempre satisfechos de sí mismos. Por el momento, hasta que un nuevo jefe debidamente acreditado les ordene detenerla a su tiempo, son los auxiliares de la justicia de Creonte.

"Y ahora que conocen a todos, ellos van a poder representar, para ustedes, su historia. Comienza en el momento en que los dos hijos de Edipo. Etéocles y Polinice, que debían reinar sobre Tebas un año cada uno, alternativamente, se batieron y se mataron entre sí en los muros de la ciudad. Etéocles, el mayor, al final del primer año de poder, se negó a ceder el lugar a su hermano. Siete grandes príncipes extranjeros que Polinice había ganado para su causa, fueron derrotados delante de las siete puertas de Tebas. Ahora la ciudad se ha salvado, los dos hermanos enemigos han muerto, y Creonte, el rey, ordenó que a Etéocles el hermano bueno, se le hicieran magníficos funerales, pero que Polinice, el rebelde, el malvado, quedara sin llanto y sin sepultura, presa de los cuervos y de los chacales. Aquel que se atreva a rendirle los ritos fúnebres, será castigado, sin piedad, con la pena de muerte".

Creará en México la Antígona de Anouilh la bella e inteligente actriz Beatriz Aguirre, de una exquisita juventud como fino temperamento. El papel de Creonte será interpretado por el joven y talentoso Horacio Fontanot, también de la Escuela de Arte Teatral, como todos los intérpretes de esta obra, una de las más hermosas e interesantes del teatro universal contemporáneo.