FICHA TÉCNICA



Título obra Hombre y muchacho

Autoría Terence Rattingan

Notas de autoría Enrique Delgado Fresen / traducción

Dirección Alejandro Bichir

Elenco Fernando Borges, Yvonne Govea, Rosalinda España, Raúl García, Sergio Bustamante, Jorge del Campo, Eduardo Alcaraz

Escenografía David Antón

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Hombre y muchacho de Terence Rattingan, dirige Alejandro Bichir]”, en Siempre!, 10 noviembre 1976.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   10 de noviembre de 1976

Columna Teatro

Hombre y muchacho de Terence Rattingan, dirige Alejandro Bichir

Rafael Solana

No tuvimos ocasión de ver Hombre y muchacho la noche de su estreno(1); nos felicitamos de ello; en los estrenos suele haber dudas, nerviosidad, tropiezos; vista una noche cualquiera, pocas fechas después, ya la obra corre sin tropiezos perfectamente memorizada, y despojados los artistas de la presión que sobre algunos suele ejercer la presencia de un público escogido, particularmente exigente y severo. La decoración, de David Antón, si bien un tanto descolorida y anodina (deliberadamente) resulta apropiada para crear el ambiente, de mediocridad más de juventud, que el autor solicita; un apartamento en Greenwich Village no necesariamente ha de ser beatnik: el efecto requerido, que es el de hacer parecer como completamente absurdo el encuentro allí de dos magnates, se obtiene.

Lo primero, por supuesto, la obra: tenemos a Terence Rattingan por el mejor de los actuales escritores ingleses; queremos decir de las generaciones que se vienen sucediendo desde Oscar Wilde y George Bernard Shaw hasta el momento presente, a través de W.S. Maugham, de James Joyce, de Chistopher Fry, de T.S. Eliot, de Synge, de Pinter (por allí hay mezclados tres o cuatro irlandeses). Nos gusta más que Samuel Beckett; algunas obras suyas son conocidas aquí (otras, por el cine). Novo dirigió y actuó Mesas separadas, en el Virginia Fábregas, Eduardo Mata de Alba interpretó La versión de Browning, en francés en la sala Molière y en español en la Xavier Villaurrutia; pues bien, Hombre y muchacho es tan magnífica pieza como las mencionadas, o mejor; la llamaríamos “un poema de amor filial”, con intensa emoción, pero muy lejos de la cursilería, en algunas de sus escenas; aunque parezca increíble, el autor ha encontrado personajes y situaciones nuevos, diferentes de los 10 mil en que se dice que no hay más remedio que recaer, después de 25 siglos de teatro; una psicología novedosa, original, sumamente intensa, profunda, define a los dos personajes principales sin que los otros queden desdibujados; hay verdadera maestría en la composición de la obra, y los diálogos son espejeantes de talento, sin hojarasca alguna; lucen particularmente porque la traducción de Enrique Delgado Fresen es espléndida.

No nos habría llamado la atención que Bichir, a quien consideramos un director de gran sensibilidad y bien dominado oficio, hubiese sacado partido de un actor tan comprobadamente bueno como Sergio Bustamante, el inolvidable Calígula, y, con López Tarso, Benedico y Obregón, uno de los actores de México que mejor hablan el castellano; tampoco que lograra de los experimentados Jorge del Campo y Eduardo Alcaraz, ya tan placeados, y talentosos ambos, interpretaciones de sus respectivos papeles; pero hemos de confesar que nos llenó de asombro el comprobar que también a un actor tan novato, tan sin nombre, como Fernando Borges, lo hizo rendir una actuación extraordinaria, intensamente emotiva, tallada en profundidad, de pecho adentro, hasta hacer de él de uno de los posibles candidatos al premio a la revelación masculina del año, con el joven actor de Equus; y que a Yvonne Govea, a quien sólo teníamos por linda, la haya empapado en su personaje hasta hacerla vivirlo sin desentonar un instante del estupendo grupo dentro del que actúa; también para Rosalinda España, y para Raúl García, que sólo interviene en una escena, no tenemos otra cosa que elogios; el resultado de actuaciones tan parejas, tan sostenidas, es un trozo de vida sin fisura, homogéneo, compacto. Quienes regateaban a Bichir el premio de la dirección teatral por Dreyfus, ahora no podrán escatimárselo.

Es una lástima que un espectáculo de esta gran categoría venga a quedar escondido “allá donde ustedes saben”, en un teatro cuyo nombre no puede ponerse en los periódicos a los que debe dinero (aquí sí puede decirse con todas sus letras, es el Julio Rueda) y hasta el servicio telefónico haya sido suspendido, de manera que ni por esa vía puede el público enterarse de cuándo hay funciones y a qué horas; son “los días que ustedes ya saben y a la hora que ya saben”; ojalá sirviera esta nota a algunos aficionados al teatro bueno para que no fueran a perderse esta joya.


Notas

1. Que tuvo lugar el 1º de octubre en el teatro Jiménez Rueda. Invitación. A: Biblioteca de las Artes.