FICHA TÉCNICA



Título obra Triángulo español

Autoría Kurt Becsi

Notas de autoría Rodolfo Usigli / traducción

Elenco Ofelia Medina, Carlos Ancira, Marcos Filio, Gilberto Pérez Gallardo

Espacios teatrales Teatro Reforma

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Gran actuación de Ofelia Medina en Triángulo español de Kurt Becsi]”, en Siempre!, 22 septiembre 1976.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   22 de septiembre de 1976

Columna Teatro

Gran actuación de Ofelia Medina en Triángulo español de Kurt Becsi

Rafael Solana

Mientras El fantasma de la ópera y Electra logran, merecidamente, grandes y grandes llenos, poca gente ha estado viniendo a ver Triángulo español(1),que es una obra excelente, pero que carece de algunos que son grandes atractivos para las masas. La Ofelia de acá no tan célebre como la de allá, aunque puede preverse que algún día llegue a serlo pues, como la Guilmain, tiene la Medina belleza y talento; más juventud, pero eso es una arma de dos filos, pues significa menos experiencia; y también tiene menos personalidad. Sufre en esta ocasión Ofelia chica de una dirección tiránica, que la hace parecer afectada, sin naturalidad, forzada, en sus gestos, en sus entonaciones, en su ritmo, en sus desplazamientos.

Cierto que la obra no es realista, se trata de una fantasía sobre unos personajes históricos, pero en ningún momento se preocupó el autor en darles aspecto de reales a sus personajes, ni de pertenecientes a la realidad, ni de pertenecientes a la realeza; se hablan, padres e hijos como jamás pudo ocurrir; anda por ahí merodeando por las habitaciones de palacio, sin solideo, sin un familiar siquiera, un gran Inquisidor que para nada tiene la solemnidad imponente del de la ópera de Verdi, la reina tiene una desenvoltura que más que hacer pensar que la Aldonza Lorenzo de El hombre de la Mancha que en la Isabel de Valois del Don Carlos, de Schiller y Felipe II carece por completo de majestad; es un enfermo, agudo, impertinente, vivaz en sus réplicas, pero que en nada recuerda al personaje que estudió Jean Cassou; en cuanto al Infante, que siempre había sido el galán, el tenor, ahora, en manos de un actor de carácter, en un mendecato, un loco, ebrio, mal educado, zafio; cuatro personajes para un juego escénico, de ninguna manera para un drama histórico; habrá pensado el director que no merecían tan fantásticas marionetas una dirección que les hiciera cobrar vida, parecer reales, en cualquiera de los sentidos de la palabra.

El escritor vienés Kurt Becsi, a quien Rodolfo Usigli ha traducido espléndidamente, se inscribe dentro de la escuela moderna que insiste en desdorar a los personajes, en lugar de dorarlos, en hacerlos portarse y hablar malcriadamente, en atribuirles acciones y pasiones violentas: logra todo ello con gran éxito; algunas de sus escenas tienen mucha fuerza, si bien, como si fuese un principiante como él, Salvador Novo de A ocho columnas, por ejemplo, casi no hace consistir el desarrollo de su drama sino en una sucesión de diálogos; no sólo abunda el diálogo, lo que siempre es defecto en el teatro, que ha de insistir más que en ninguna otra cosa en palabras, sino los diálogos, es decir el presentarse siempre los personajes de dos en dos, lo que suele denotar simplismo o inexperiencia. Solamente hay uno secundario, además de los fundamentales. Y el director agregó tres cantantes, que ponen el fondo musical. Arrullador, adormecedor, de casi todas las escenas.

Ofelia Medina está muy guapa y bien vestida; Carlos Ancira es el mismo maestro, el mismo actor de otras veces, y hace el príncipe el plurinombrado Marcos Filio, que después fue Macrosfilio de la Vara y hoy Macrosfilo Amilcar quien tiene ahora el papel de mayor responsabilidad que le hayamos visto. A Gilberto Pérez Gallardo, un insignificante cardenal, no podemos elogiarlo.


Notas

1. Que se estrenó el 5 de agosto en el teatro Reforma. P. de m. A: Biblioteca de las Artes.