FICHA TÉCNICA



Título obra La dama del pan de jengibre

Autoría Neil Simón

Notas de autoría Marilyn Ichazo, Adriana Roel y Dimitrios Sarrás / traducción

Dirección Dimitrios Sarrás

Elenco Carlos Cámara, Dunia Saldívar, Luis Rivera, Adriana Roel, Mónica Serna

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro Xola

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [La dama del pan de jengibre de Neil Simón, dirige Dimitrios Sarrás]”, en Siempre!, 11 febrero 1976.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   11 de febrero de 1976

Columna Teatro

La dama del pan de jengibre de Neil Simón, dirige Dimitrios Sarrás

Rafael Solana

Brillantísimo ha sido el principio del año teatral. Probablemente no todo lo que se ha estrenado o repuesto ha sido de primera calidad; pero hemos tenido la fortuna de no ver lo mediano, ni lo malo, en caso de que haya habido, sino sólo lo sobresaliente, lo magnífico, lo admirable.

Apenas una semana después de unas Bodas de Sangre que nos asombraron, hemos encontrado otra obra que ya en enero parece prometer que entrará a fin de año en el reparto de los premios. Se juntan en ella varios artistas ya premiados, de manera que no viene a ser en realidad una sorpresa completa el triunfo que todas alcanzan; pero lo alcanzan en tal medida que de todos modos supera lo que podía esperarse.

Una paradoja que más que ninguna otra materia parece aplicable en el teatro es la de que nada hay tan perfecto que no tenga algún defecto, pues la perfección misma es uno... Flaubert, cuyo estilo es absolutamente impecable, es menos popular que Balzac, que de cuando en cuando dejaba deslizar en sus novelas algunas imperfecciones; la obra de don Gustavo resulta marmórea, y humana, de carne y sangre, la de don Honorato; hay quienes desearían que la Venus de Milo vizqueace un poco, o que tuviese en algún lugar del cuello un lunar, para amarlo más. La dirección de don Dimitrios Sarrás es a veces tan perfecta que resulta irritante, insolente, inhumana. A causa de tal perfección a veces sus obras no tienen el éxito de público que otras menos perfectas alcanzan. Se diría que deshumaniza a los actores, que los convierte en exactísimos engranes de relojería, que los hace perder espontaneidad, naturalidad; no se sienten ganas de decir: “¡qué bien ha dirigido Sarrás a Fulano!”. Se pierde la impresión de que los artistas vivan sus papeles, los sientan, a cambio de la de que estén ejecutando con rigor unas severas órdenes. Como si la sangre dejase de latir en sus venas, y se convirtiese en ese finísimo aceite que utilizan los relojeros.

Todo es perfección en La dama de pan de jengibre(1);muchas obras excelentes, y también muy bien interpretadas, hemos visto de Neil Simon; pero sin duda ésta es la más sólida, la de mayor profundidad; no es sólo una amable o ingeniosa comedia, sino, como querían los naturalistas del siglo XIX, un trozo de vida. No tiene mucho asunto, no relata una historia que vaya progresando, sino más bien consta, como otras piezas del mismo autor, de una colección de retratos, tres de los cuales, por lo menos, están irreprochablemente logrados, podría decirse que el de la dipsómana y el del homosexual nada tienen de nuevo y que han sido ya muy repetidos en el teatro; pero ha sabido el autor aplicar alguna nueva luz para darles cierta originalidad; la borracha en nada se parece a la de ¿Quién teme a Virginia Wolf? ni a otras que hemos visto, pues va saliendo de un lapso de recuperación y nos pone delante los motivos que la llevan a la reincidencia. Simon sabe bien, y también Sarrás, y también Cámara, que hay mucha diferencia entre un homosexual y un joto; todos los jotos son homosexuales, pero no todos los homosexuales son jotos; hacer este papel solamente por el lado cómico, como tan admirablemente lo han hecho, Javier Marc, Sergio Corona, Carlos Monden, y tantísimos otros, puede tener méritos, pero es algo fácil; la forma seria y dramática en que lo hizo Augusto en El viaje de un largo día hacia la noche y como ahora lo hace Carlos Cámara, es otra Benedico cosa: Cámara, que era el único que estaba mal en Los chicos de la banda, donde hacía el papel de la única persona normal, ahora está encomiable por su ponderación y porque de sus dos personalidades, la de homosexual y la de actor malo, lo que en Estados Unidos se llama ham, no subraya la primera, que es la más obvia y fácil, sino con mucho talento entona y marca la segunda. Fue él quien nos dio la mayor sorpresa de la noche, pues por sus anteriores actuaciones no nos hacía esperar ésta tan intachable.

Dunia Saldívar sí tiene antecedentes como para hacernos contar conque triunfará, sobre todo en manos de Sarrás. Aunque su papel es el menor de los cuatro importantes que tiene la obra, pone en él simpatía y ternura. Le aconsejaríamos que no subrayase tanto, con uno de sus vestidos, su falta de aquello que a María Fernanda a Thelma Tixiou y algunas otras actrices le sobra. No es necesario. Tal vez ella es quien está más natural y menos mecánica de todo el reparto.

El de Luis Rivera, debutante, es un papel muy pequeño pero lo hace tan sin tacha, tan a tono con todo lo demás que no rompe la impresión de exactitud de toda la obra. Adriana Roel, con el papel más grande y más agradecido, el papel con el que nunca ha fallado nadie, el de alcohólica, justifica que se le haya tenido el año antepasado por la mejor de todas nuestras actrices. Está en el mismo grupo al que pertenecen la Guilmain, la Montejo, la Manzano, la Armendáriz. Nuevamente, como en Alfa Beta, la obra por la que fue premiada, su trabajo es reforzado, duro, y le da ocasión de alcanzar la eminencia.

Sin embargo, entre tantas perfecciones, nos inclinamos a escoger una, aunque sea tan difícil distinguir uno de otro a diamantes de la misma limpieza y los mismos quilates. Nuestra predilecta en esta obra es Mónica Serna, que quizá tiene el papel más amable, el que admite ciertos tintes de muy fina comicidad, que ella aprovecha para brillar en forma resplandeciente; cada una de sus escenas a lo largo de los tres actos, en que su personalidad va manifestando cambios y matices, la encumbra a nuestros ojos como una actriz deliciosa y digna de los exaltados encomios. Ella es el bombón de la comedia.

No dejaremos de elogiar la traducción, de la que aparecen como responsables Marilyn Ichazo, Adriana Roel y Dimitrios Sarrás; queremos suponer que fue Sarrás quien impuso las palabras más gruesas que abundan mucho, pues nos cuesta trabajo imaginar a una dama escribiendo o simplemente pensando y pronunciando mentalmente tales palabras. La Academia de la Lengua de Puerto Rico exige que se diga puertorriqueño y no portorriqueño; pero cabe suponer que tal cosa no la saben los personajes de educación no muy completa que figuran en la comedia. Finalmente elogiamos esta vez sin reservas la excelente y apropiada escenografía de David Antón que crea el perfecto ambiente en que la pieza se desarrolla.


Notas

1. El estreno tuvo lugar el 29 de enero en el teatro Xola. Currículum de Adriana Roel. A: Vertical. CITRU-INBA.