FICHA TÉCNICA



Título obra Antígona

Autoría Sófocles

Notas de autoría Jesús Gonzáles Moreno / versión

Notas Reseña del autor sobre Antígona de Sófocles y sus versiones en español

Referencia Armando de Maria y Campos, “A propósito de la temporada de teatro universal en el Bellas Artes. Antígona de Sófocles. Una admirable versión mexicana de Jesús González Moreno”, en Novedades, 23 marzo 1948.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

A propósito de la temporada de teatro universal en el Bellas Artes. Antígona de Sófocles. Una admirable versión mexicana de Jesús González Moreno

Armando de Maria y Campos

Han empezado a aparecer, como gritos de dolor, unos pequeños carteles anunciando la representación en el teatro del Palacio de Bellas Artes de una nueva versión de la tragedia de Antígona, por alumnos de la Escuela de Arte Dramático del Estado.

Voy a informar a los lectores de esta columna sobre Antígona, tragedia hermosísima, en la cual Sófocles pintó lo más bello que hay en el alma humana, según la expresión de Duruy: "el espíritu de sacrificio, llevado hasta la inmolación voluntaria, para obedecer a la ley moral, emana del cielo, cuyo padre es el Olimpo y que jamás será abolida".

Este espíritu de piedad, llegado hasta el fatalismo, lo encontramos en todas las tragedias de Sófocles y especialmente en la Antígona. No es como Eurípides un despreocupado que se pregunta: "Zeus, ¿y quién es Zeus?... Yo no lo sé, sino de oídas"...

Es, por el contrario, un amante respetuoso de los dioses, un apologista de los mitos, un celoso guardián de las tradiciones ancestrales relacionadas con el excelso Olimpo, un defensor acérrimo de la justicia de los crueles hados, que no parece sino que intenta envolver en densas sombras, para hacerla más ignota, la voluntad terrible del "Fulminador", del incontrastable Zeus.

Sin embargo, para Sófocles, cuando el destino hiere a un inocente, es porque ha habido entre sus antecesores un culpable. El castigo, dice Grotte, supone la falta, pero la injusticia de los dioses es lenta para el individuo, como la de la historia es tardía para los pueblos: la ley de la expiación hereditaria, explica esta aparente injusticia, por la solidaridad de las generaciones. El gran trágico cree en la necesidad de la expiación por el sufrimiento, y en la purificación por el dolor, de igual manera que el fuego purifica el metal eliminando de él todo elemento extraño.

Sófocles ilumina con una luz muy pura la sombría majestad de las antiguas leyendas; porque junto al viejo caduco a quien el destino ha perseguido desde su nacimiento, coloca a la hija tierna y sumisa, que guía piadosamente sus pasos y, viniendo a nuestra tragedia, frente a Creonte que infringe las leyes y costumbres sagradas de los funerales, nuestra Antígona, protestando, en nombre de la conciencia contra todos los despotismos, ya vengan de la tierra, ya desciendan del cielo de los dioses.

Forma la Antígona, con el Edipo rey, y el Edipo en Colono, una trilogía admirable y para la mayor inteligencia de la tragedia de Sófocles, narraré, brevísimamente los acontecimientos que siguen y encadenan desde el Edipo rey hasta Antígona.

Reinaba Edipo en Tebas, feliz y respetado, cuando una terrible peste cae sobre la ciudad, signo evidente de la cólera de los dioses. Los inocentes, pagan por los culpables. Esta es la antigua ley: el pueblo es castigado por las faltas de sus reyes. Con todo, la desgracia está también para caer sobre el rey Edipo, pues la noticia de la muerte de su pretendido padre, el rey de Corintio, produce complicaciones que descubren los crímenes involuntarios de Edipo. Entonces éste se arranca los ojos, cambia sus regias vestiduras por los harapos de mendigo y después de andar errante mucho tiempo, llevado de la mano por su hija Antígona, va a morir cerca de Atenas, en el bosque de las Euménides. Sus dos hijos que se disputan el trono, mátanse uno a otro en singular combate y su tío Creonte, nombrado rey, decreta honras fúnebres a Etéocles y declara traidor a Polinice y prohíbe darle sepultura. Antígona se opone a esta prohibición impía y es terriblemente castigada. Esto último constituye el argumento de la Antígona, que es muy sencillo, pero con magníficos adornos, con escenas interesantísimas y con una fuerza dramática inimitable.

Esta tragedia, así como todas las de Sófocles, ha sido publicada en todas las lenguas europeas; pero, por desgracia, en castellano sólo tenemos, aparte de la de Unamuno, la Electra del maestro Fernán Pérez de Oliva, bajo el título de La venganza de Agamenón, el Edipo rey, de don Pedro Estala, en Madrid, 1793, y el Edipo rey de Martínez de la Rosa, elegida por el insigne don Marcelino Menéndez y Pelayo pero que en realidad no es una traducción sino más bien una nueva creación. El ensayo de Garbín sobre la Antígona y la Apología de Sócrates, que a mi humilde juicio, aunque su autor afirma ser versiones directas del griego, no son sino traslados de los comentaristas latinos, en quienes cree como en un dogma de fe, sin examinar los textos griegos, ni hacer crítica de ellos –poniendo lo que ellos ponen y omitiendo lo que ellos omiten–.

No sé que existan en castellano, y fuera de México, más traducciones de los textos de Sófocles. Un ilustre mexicano, Jesús González Moreno, que fue profesor de filología y lengua griega en la Facultad de Altos Estudios de la Universidad Nacional, realizó una versión de gran aliento de Antígona. "Está hecha –dice en la nota que puso al frente de su traducción al publicarla en el número 1 del Boletín de la Universidad Nacional de México (abril de 1922)– palabra por palabra y procurando subsanar las lagunas que existen en otras ediciones, supliendo con unas las que faltan en otras". Forman el sustratum de la traducción de González Moreno la preciosa edición de Capperonier (París, 1781), y las numerosas que se conservan en nuestra Biblioteca Nacional.

Invito a mis lectores a leer, antes de conocer la versión francesa que se representará en el Bellas Artes y de paso, recuerdo que si por los frutos se conoce el árbol y que si de una alma grande brotan obras grandes, no debemos olvidar que Sófocles pertenece a la familia de Fidias y de Virgilio, de Rafael y de Racine, los genios de la belleza pura, y que nació en la primavera de la joven humanidad, en la primavera della gioventú...