FICHA TÉCNICA



Título obra Mírame a los ojos

Autoría Georges Feydeau

Dirección Héctor Gómez

Elenco Enrique Alvarez Félix, Saby Kamalich, Sergio Zuani, Pedro Damián, Liza Willert

Escenografía David Antón

Vestuario Márquez del Rivero y Saby Kamalich

Espacios teatrales Teatro Tepeyac

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Mírame a los ojos de Georges Feydeau, dirige Héctor Gómez]”, en Siempre!, 22 octubre 1975.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   22 de octubre de 1975

Columna Teatro

Mírame a los ojos de Georges Feydeau, dirige Héctor Gómez

Rafael Solana

¿De quién habrá sido la idea de resucitar una comedia de Georges Feydeau? Tal vez de algún empresario neoyorquino, y en Nueva York la vio algún promotor mexicano de esos que sólo respiran los aires de Broadway, como tenemos varios. En París, Feydeau no solamente no ha sido olvidado, sino que desde hace tiempo figura entre los clásicos; se codea con Racine y con Corneille; con Molière y con Musset en la Sala Richelieu y en el Odeón; aquí mismo, no se le ha enterrado por completo; no hace mucho que Fernando Mendoza hizo en el Sullivan Hotel Paradiso, y algún otro vodevil suyo ha sido representado más o menos recientemente.

Pero Mírame a los ojos no es en realidad un vodevil, de esos que un crítico francés calificó de "instrumentos de relojería", en que se abren y se cierran por lo menos cinco puertas con exactitud cronométrica, y en que hay alguna cama, de hotel o de alcoba, y las señoras, y hasta los señores a veces, aparecen en paños menores; es una comedia fina, deliciosamente llevada, con la protagonista elegantísimamente vestida (por Márquez del Rivero) y si bien con su poquito de adulterio y de cuernos, nada vulgar ni gruesa; Héctor Gómez, el director, ha sabido darle todo el sabor de pieza elegante de los bulevares de fin de siglo, de la belle époque, no los de ahora, que se han acorrientado un tanto. Los trajes, deslumbrantes, y la escenografía de David Antón, que se ha especializado en este estilo (recordemos su escenario para Chéri, estupendo) han ayudado a Héctor a crear el ambiente; él ha puesto el ritmo, la intención y la finura de la gracia.

Él mismo, Héctor, ha tomado uno de los mejores papeles, y lo saca con buen humor y con ligereza; los dos principales los dio a Enrique Alvarez Félix que no solamente es el único de nuestros actores a quien no se le dispara el frac, sino se ha convertido en un excelente galán lo mismo para lo cómico, en lo que el actual es su triunfo mayor, que para lo dramático, cuerda en la que le recordamos La enemiga; y a Saby Kamalich, actriz peruana muy conocida a través de la televisión y del cine, y que por primera vez pisa un teatro en México, con el más completo de los éxitos, pues si su figura se impone, con ayuda de un vestuario que sabe llevar con majestad, su interpretación del personaje es brillantísimo; se trata de lo más difícil que hay en el teatro; de hacer sonreír; arrancar la carcajada, o la lágrima, son cosas de primer año, empresas que puede coronar una artista principiante; dar el tono en una comedia fina, elegante, sin quedarse corta nunca, y sin excederse jamás, es lo más difícil de todo; lo han hecho Dolores del Río en El abanico, Bárbara Gil en La voz de la tórtola, y en La esposa constante.

Para redondear el éxito, sin mácula, de Mírame a los ojos, hemos de citar a tres artistas más: a Sergio Zuani, que se identifica con su papel, el más cómico de la obra, a Pedro Damián, que aceptó una parte muy inferior a su talento y a sus posibilidades, y que se ve sobrado en ella, y a Liza Willert, que está pizpireta y muy exacta en su parte, también pequeña, pero que permite algún lucimiento.

Vivirá noches de gloria el teatro Tepeyac mientras tenga esta comedia preciosa, tan bellamente interpretada. Habrán allí de sucederse los llenazos, como el de la noche del estreno, en que estuvieron atestadas hasta las escaleras.