FICHA TÉCNICA



Título obra La depresión

Autoría Julio Mauricio

Dirección Alejandro Bichir

Elenco Carmelita Molina, Miguel Gómez Checa, César Bono, Manuel Ibáñez

Espacios teatrales Teatro Santa Fe

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [La depresión de Julio Mauricio, dirige Alejandro Bichir]”, en Siempre!, 8 octubre 1975.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   8 de octubre de 1975

Columna Teatro

La depresión de Julio Mauricio, dirige Alejandro Bichir

Rafael Solana

En el penúltimo día de sus tres meses de representaciones pudimos por fin ver la obra La depresión(1), cuando agonizaba la cuarta temporada de Teatro Popular de México. Fue una suerte no perder esta obra deliciosa, admirablemente dirigida e interpretada. El teatro estaba lleno a reventar de un público que seguía con el más vivo interés la comedia, reía de la mejor gana sus momentos graciosos y en no pocos casos comentaba en voz alta sus incidentes, denotando su simpatía o su antipatía por los personajes.

La pieza, del argentino Julio Mauricio, es un caramelo: consiste en una serie de diálogos; pocas veces hay más de dos personajes en escena, de los cinco de que consta la trama, uno de los cuales es invisible, jamás aparece, pero tiene mucha importancia; esta manera de construir es propia de principiantes; pero Mauricio no lo es; conocíamos ya, y admirábamos otra de sus obras, La valija. Hay sin duda en la Argentina actualmente toda una generación de comediógrafos excelentes, que podemos envidiar, y Julio Mauricio es uno de los de mayor talento, con Cuzzani, con Dragún, Talesnik, y algunos más. La depresión es un modelo de comedia fina, amable, con personajes humanos, con casos que se dan a diario entre la clase media, vistos con buen humor, con ironía bondadosa, con gracia sutil. Cada escena supera a la anterior en amabilidad y en ingenio, y en todo momento el espectador se reconoce a sí mismo, a un pariente, un amigo o un vecino.

Estas comedias, que no son de carcajada, ni de palabrota, ni pastelazo, ni de sustitución de personalidad, ni de entrada intempestiva, ni de equívoco, ni de "ahora lo comprendo todo", son no solamente las más difíciles de escribir, sino también las más arduas de interpretar; no basta que el personaje se deje de fuera medio pañuelo colorado, o tenga un tic o una cojera, o se haga el distraído, o que la mujer saque medias a rayas o una trencita parada, o muchos lunares, o que bizqueé. Sin chistes, sin calambures, sin juegos de palabras, tiene que tener solamente la gracia de las situaciones. Los actores, las actrices, no sacan un maquillaje cómico, no tienen ocasión de meter morcillas; torean a cuerpo limpio, sin asidero y sin trucos.

Es con una comedia así con lo que los buenos artistas se lucen. Alejandro Bichir, el director de La depresión, escogió a unos muy buenos para su corto reparto; a Carmelita Molina, que es encantadora en el género de comedia fina, a Blanca Torres, que es toda una primera actriz, tan excelente en lo cómico como en lo dramático, a Miguel Gómez Checa, ponderado e inteligente primer actor que nos llegó del Perú, y, para el papel juvenil, que es tan bueno como los otros tres pues la comedia está perfectamente equilibrada, primero a César Bono, revelación del año pasado, y después a Manuel Ibáñez, que sin duda será la revelación de este año; está formidable de frescura, de espontaneidad, de simpatía personal y de gracia juvenil. Baste con decir que en nada desmerece junto a los tres calificadísimos artistas con los que alterna.

Un éxito completo, redondo de taquilla y también artístico, para el autor, para el director y para los cuatro intérpretes fue La depresión, comedia de la que ojalá no se den por terminadas las representaciones, sino se siga con ellas en la temporada entrante.


Notas

1. Se había estrenado el 28 de junio en el teatro Santa Fe del IMSS. P. de m. A: Biblioteca de las Artes.