FICHA TÉCNICA



Título obra Muchacha sin retorno

Autoría Santiago Moncada

Dirección Dimitrios Sarrás

Elenco Susana Cabrera, Bertha Moss, Ernesto Alonso, Rita Macedo, Ana Martín

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro Independencia

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Muchacha sin retorno de Santiago Moncada, dirige Dimitrios Sarrás]”, en Siempre!, 17 septiembre 1975.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   17 de septiembre de 1975

Columna Teatro

Muchacha sin retorno de Santiago Moncada, dirige Dimitrios Sarrás

Rafael Solana

Personalidades muy admiradas y queridas del público teatral mexicano, de antiguo o de reciente, figuraban en el programa del estreno de Muchacha sin retorno, con el que iba a intentarse una arriesgada experiencia; la de tratar de calentar una sala teatral habitualmente considerada como fría; el teatro Independencia del Seguro Social, fue la tumba de El patio de Monipodio, obra muy hermosa, con textos de Cervantes, nada menos, y dirección de Álvaro Custodio, y varias actuaciones excelentes; tampoco hizo huesos viejos allí Padre, de Strindberg, que fue un espectáculo teatral de calidad elevada. Con una publicidad un poco acentuada, pero, sobre todo, con los nombres de algunas estrellas refulgentes, ¿podría esa pieza sostenerse, atraer al público hacia la taquilla? La ubicación del teatro, aunque está lejos del centro de la ciudad, no es mala, pues está muy próxima a colonias populosas y habitadas por gente culta y de posibilidades, la del Pedregal, la de San Ángel, la de Coyoacán, la de San Jerónimo.

Se puede citar como muy fresco un antecedente; hace pocas semanas se llenaron de desconsuelo Charito Granados, Raymundo Capetillo y tal vez algunos de los intérpretes de la comedia Ensalada de Nochebuena (entre los cuales a veces se nos olvida citar a Dolores Solana, lo que nos provocó conflicto con su señora mamá) porque los mandaban al teatro Santa Fe, que consideraban poco prometedor; pero resultó, para su grata sorpresa, que tuvieron mucha gente, tanta como la que antes habían tenido en teatros más céntricos. Al grado de que se habla ya de centenario y de placa, para muy próximamente.

Lo malo será, y en ese caso el experimento no enseñará nada, que Muchacha sin retorno no guste, a pesar del resplandor de sus estrellas, y entonces no se tendrá ninguna base firme para atribuir la ausencia del público, en el caso de que tal ausencia de hiciese notar, a la frialdad o la lejanía del teatro, sino solamente al hecho de todos conocido de que no siempre se acierta, ni en la elección de una obra, ni en sus interpretaciones, así se contrate a las estrellas más populares o de mayor mérito.

Y la verdad es que, por lo menos en la noche del estreno, esa impresión se tuvo, la de que no gustaba mucho la obra, y la de que no hacían los artistas que el entusiasmo popular se desbordase; de tibio podría ser calificado el recibimiento que el público invitado hizo a la comedia. Los artistas empresarios no siempre tienen tino para coincidir con los gustos del público. Les llama la atención una pieza porque les parece que hay en ella un buen papel para ellos (o en el caso de Manolo Fábregas, porque ha gustado en Nueva York) y se lanzan a la aventura, en la que unas veces tienen buenas fortunas, o acierto, y otras no. En este caso la impresión generalizada fue la de que la de don Santiago Moncada no es gran cosa de comedia.

Dimitrios Sarrás, director que muchas veces, en obras producidas por Peggy Mitchell, se ha cubierto de gloria, sobre todo por el rendimiento estupendo que logra de los buenos artistas a quienes maneja y hace brillar en forma extraordinaria, esta vez ha dado resultados desconcertantes, sin duda causará a muchos de ustedes sorpresa saber que, aunque figuran en el reparto de Muchacha sin retorno varios artistas eminentes, quien roba cámara y se lleva los mejores aplausos y las risas más espontáneas es Susana Cabrera, que no tiene la altura artística de Bertha Moss, ni el historial de Ernesto Alonso, ni los premios de Rita Macedo, ni la juventud de Ana Martín. Podría parecer, en el papel, que Susana Cabrera (estrella, sin duda, de la televisión, y con su público en el cine) sería en este grupo el patito feo; pues bien: resulta que desbanca a las grandes estrellas, de fina escuela, con las que alterna, y a las que hace ver algo descoloridas y opacas. Cosa de los papeles, podría decirse; pero también de la dirección, pensarán otros.

El público de estreno no siempre dice la última palabra; recordamos que Carmen, Traviata, El barbero de Sevilla, comenzaron por fracasar, y poco después se convirtieron en obras inmortales. Tal vez la frialdad relativa del público de la noche del estreno de Muchacha sin retorno fuese hija de circunstancias pasajeras, que se hayan disipado después, y que posteriormente está ya corriendo la pieza con mayor ventura, con aplauso más cálido, y con cada quien en su sitio. Que si no es así... ya le echarán la culpa al teatro, pues otra explicación no se le va a ocurrir a nadie.

Para lo que sí tuvo elogios todo el mundo fue para la escenografía de David Antón, a la que escuchamos calificar por algunos de los espectadores de “preciosa”.