FICHA TÉCNICA



Título obra Calaca

Autoría Hugo Argüelles

Dirección Hugo Argüelles

Elenco Regina Torné, Narciso Busquets, Virma González, Arturo Beristáin, Franco del Villar, Rafael Elizondo

Escenografía David Antón

Coreografía Ana Mérida

Música Rafael Elizondo

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Calaca de Hugo Argüelles]”, en Siempre!, 25 diciembre 1974.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   25 de diciembre de 1974

Columna Teatro

Calaca de Hugo Argüelles

Rafael Solana

El anónimo autor de estas líneas aprovechó hace poco una de sus habituales colaboraciones periodísticas para dirigirse al nuevo gobernador de su estado natal, el de Veracruz, quien estaba en aquellos días a punto de tomar posesión de su alto cargo y le pidió que no olvidase, desde tan elevado lugar, el dar impulso a las actividades culturales, un renglón en el que siempre se distinguió sobre todas las otras del país esa entidad. Esta petición parece no haber caído en oídos sordos, pues en las primeras dos semanas de su gobierno el licenciado Hernández Ochoa ha asistido a dos actos de cultura que merecen el calificativo de extraordinarios. Su presencia personalmente en esos actos, acompañado por su familia, puede ser considerada como más alentadora, como más estimulante, que la simple dotación de subsidios, lo que también tiene su importancia.

Fue el primero de esos actos el estreno absoluto de una obra teatral, de autor veracruzano, en el remozado teatro. La segunda, una ejecución en el teatro de Xalapa, con la orquesta sinfónica de esa ciudad, excelentes cantantes de la metrópoli, y un cuerpo de baile, de la Novena Sinfonía de Beethoven, la obra cumbre de toda la música. Esta sinfonía, bailada, solamente una vez la habíamos visto, con la compañía, reforzada, del belga Maurice Bejart, la noche de la inauguración en esta capital del Palacio de los Deportes, hace seis años.

El estreno teatral fue el de Calaca Clavijero, del puerto de Veracruz(1), de Hugo Arguelles; el presidente municipal veracruzano decía a la puerta, con cierto orgullo, mientras esperaba al señor gobernador, que se consideraba muy contento de que tres de los principales comediógrafos que tiene hoy nuestro país (no era cosa de contar al antiguo don Manuel Eduardo de Gorostiza) fuesen jarochos (él dijo, con patriachicótica exageración, “los tres más grandes”), a saber; Emilio Carballido, Hugo Argüelles, y... “y Luis Spota”, se apresuró a completar este cronista, sin con eso tratar de restar méritos al fino poeta alvaradeño Neftalí Beltrán, autor de la bien construida pieza La muralla. Aparentemente tenía don Juan Maldonado otro nombre en mente; pero no hubo tiempo de hacer aclaraciones, pues en ese momento (faltaban dos minutos para las nueve) llegaba el gobernador, y se le formaba una valla de diputados y diputadas, regidores y concejales, el general jefe de la zona militar y su señora esposa, y otros próceres locales, que tan distinguida así era la concurrencia que se reunió para conocer la obra de Hugo, y llenó el teatro, que no es muy vasto, pero sí muy hermoso. Recientemente Luis Basurto inauguró la remodelación y el nuevo nombre de éste que es uno de los diez teatros tradicionales con que cuenta nuestra provincia (recordamos otros, también hace poco remozados: el Degollado, de Guadalajara; el Principal, de Puebla; el Juárez, de Guanajuato; el de la Paz, de San Luis Potosí; el Macedonio Alcalá, de Oaxaca; el Ángela Peralta, de San Miguel de Allende; el Brilanti, de Jerez; el Peón Contreras de Mérida; estos viejos y bellos teatros forman, con los treinta y tantos que para el Seguro Social hicieron el arquitecto Alejandro Prieto y su hermano Julio, el tesoro de edificios teatrales de nuestra provincia, donde fuera de esto no hay más que jacalones cinematográficos).

Pero vayamos ya con la obra misma, y no con la función, que estuvo tan brillantemente concurrida, si bien resultó algo prolongada, ya que se alargó hasta más allá de la medianoche.

Hugo Argüelles con Calaca, una más de sus obras de humor negro, género del que es maestro e introductor en México, rinde homenaje a un notable artista, como Federico Inclán hizo antes con Frida Kahlo en el teatro y Julio Bracho con José Clemente Orozco en el cine: a don Pepe Lupe Posada, quien es uno de los personajes principales de su pieza, que soportaría varias clasificaciones; la de revista musical, la de sátira, la de sucesión de pasos de comedia, la de farsa, entre ellas; ha salvado del naufragio varios cuadros, grandes y chicos, que ya le habíamos conocido en otra obra anterior, que se llamaba algo así como Concierto para guillotina y cuarenta cabezas(2);tuvo el tino de suprimir las más deleznables escenas de aquella composición, que eran las que se referían, en tono zumbón, a uno de nuestros más sabios, antiguos, inteligentes y respetables críticos, el cual también, por aquel tiempo, solía afear sus crónicas con frecuencia sardónicas y poco afectuosas al escritor Argüelles; sustituida esa hojarasca, la obra ha ganado en calidad, pero también lo ha hecho mucho en extensión, ya que su duración actual es de tres horas; todavía, a nuestro juicio, aceptaría una nueva poda esta vez ya sin reposiciones.

En esta pieza toca Argüelles la cuerda aristofánica, con sus no pocos ribetes de boccaciana; en obediencia la moda (aunque se burla de la moda en uno de sus cuadros) ha salpimentado el viejo texto con algunas palabras fuertes, de aquéllas que tienen a gala usar los habitantes de la vecina Alvarado; por cierto fue con ocasión de estos vocablos como más sanamente rió la concurrencia, inclusive las damas, pues por aquellas castizas orientales costas voces más sonoras suelen escucharse; pero no todos son chistes populares mexicanos en esta obra que invoca una raigambre tan típica como las calaveras, la muerte tilica y flaca y el poco respeto a los esqueletos rumberos; hay guasas que exigen del público ciertas lecturas para poder ser captadas; por ejemplo, la broma de la “loción griega”, que saca del cráneo culebras en vez de pelo, un chascarrillo muy medusiano; también es helénica, o egipcia, la esfinge; y es clásica seguramente una ninfa, de cuyo texto nos enteramos poco.

A Hugo le está dando por dirigir él mismo sus obras, con lo que no siempre las favorece; esta vez movió bien a los personajes sobre la escena, con la ayuda de la coreógrafa Ana Mérida; pero no supo entonarlos; algunos de ellos hablan destempladamente; la ortopedia no es el fuerte de Argüelles; y alguno hay del que no nos atreveríamos a pronunciarnos sobre si habla bien o mal, porque nada pudimos escuchar desde la fila de honor, que era la quinta; apreciamos en cambio desde allí, ampliamente, la belleza de esa actriz, que es la linda Regina Torné. Incorpora a Posada, y a algunos otros personajes, Narciso Busquets, que sin duda es buen actor, sólo que algo bromoso y lento para una comedia de esta ligereza; mantener la velocidad de ella corre a cargo de la dinámica Virma González, que se multiplica y se derrocha, y luce su vis cómica, a pesar de su maquillaje de calavera; ella es el alma de la representación, verdaderamente; Arturo Beristáin, Franco del Villar y otros dos jóvenes de corta experiencia tienen otros personajes y completa el reparto, como actor, el que es el autor de la amable música, no toda ella original, Rafael Elizondo, quien pasó muchas fatigas para ajustar su mímica al play back, lo que logró pocas veces; por cierto, nos tememos que este procedimiento, que pocas veces ha tenido aceptación en México, no ha de ser el más recomendable cuando se estrene en la capital la pieza.

Nos queda sólo escribir un elogio para la espectacular escenografía de David Antón, que logró un cementerio feérico, del todo diferente de los que hemos visto en Don Juan Tenorio o en la bella pieza de Elena Garro (Un hogar sólido) a la que, como a Un ángel llega a Babilonia, de Dürrenmatt, podría en cierto sentido considerarse como antecedente literario de Calaca, honor que cabe también a Doña Macabra, que es una creación, para la televisión y para el cine, del propio Argüelles.


Notas

1. En el teatro Xola. P. de m. A:Biblioteca de las Artes.
2. Véase la crónica respectiva del 3 de enero de 1968 incluida en este volumen.