FICHA TÉCNICA



Título obra Cuarteto

Autoría Whitehead

Dirección Nancy Cárdenas

Elenco José Alonso, Octavio Galindo, Ana Martin, María Rojo

Espacios teatrales Teatro el Granero

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Cuarteto de Whitehead, dirige Nancy Cárdenas]”, en Siempre!, 26 junio de 1974.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   26 de junio de 1974

Columna Teatro

Cuarteto de Whitehead, dirige Nancy Cárdenas

Rafael Solana

Lo que más va a llamar la atención, a atraer gente a la taquilla y a despertar comentarios, en la obra Cuarteto, que está ahora en el Granero(1), no es ni la gracia de la pieza de Whitehead, ni el dinamismo de la estupenda dirección de Nancy Cárdenas, ni el total acierto de los cuatro jóvenes intérpretes, sino el hecho de que prácticamente con esta obra se introduce en el teatro mexicano el desnudo integral masculino; a Carlos Ancira, a Héctor Bonilla y a otros actores ya les hemos visto las nachas (en los tiempos coloniales era un severísimo castigo que se imponía, en el zócalo, como se llama hoy la plaza principal, a los comerciantes que quebraban fraudulentamente; desde entonces “enseñarlas” quiere decir exhibirse en forma vergonzosa, exponerse públicamente al escarnio, a la mofa y a la afrenta, también las enseñan los toreros que no pueden con el toro, que los alcanza y les desgarra la taleguilla); pero se quedaban todavía con un púdico taparrabo, que es lo que ahora no hacen ni José Alonso ni Octavio Galindo, que no conservan para cubrir su piel ni siquiera el anillo de bodas (pues suponemos que también para estos papeles habrá Nancy exigido documentación que pruebe que los artistas han escuchado a Chema Lozano leer la epístola de don Melchor).

Además de una comedia simpática, divertida, y de unas actuaciones felices, llenas de vida, verán los (sobre todo las) asistentes a este espectáculo algunas cosas extra, que unos habrán ya visto (los señores, en el baño turco) y otras no, salvo si han visitado Pénjamo, villa famosa, según el compositor Tomás Méndez, por “su gran variedad de pájaros”. De eso vimos poco, y nuestros informes aquí serán incompletos o tal vez falsos, porque conservamos la anticuada y fresca idea de mirar conservadoramente al rostro de los actores, para tomar nota de sus gesticulaciones, y no dedicamos especial atención a zonas más meridionales además, es posible que la tuertez que momentáneamente padecemos, ni aun complicada con la doble visión que a ratos nos afectó, no habría permitido ver ni la bola de Celaya; a Soler, que hacía “Judas” en Bogotá, hace 30 años, y que por el calor no se puso calzones, un espectador de primera fila le gritó, cuando se sentó el egregio artista en posición mal calculada: “Don Fernando, que se le ven a usted los c...” (y permítasenos aquí ser nuevamente fresas y no poner ante los lectores, por escrito, lo que ahora los actores ponen, de bulto, pues mucho han cambiado las cosas desde los tiempos de Carmelita Báez).

El peligro que para los actores representan estos desnudos totales, ya nos lo explicó Rafael Banquells en la obra Cuando te bañes en tina cierra las llaves del agua porque el ruido que hacen no me deja escuchar tu conversación (traducción libre), consiste en que temen los artistas decepcionar a sus admiradores, que tal vez esperaban más de lo que obtienen; el peligro es que, aunque lo enseñen todo, no enseñen mucho. Es a eso a lo que le sacan algunos, que en esto quedan como modestos y como púdicos. No tuvieron este escrúpulo, ni ningún otro, ni Alonso ni Galindo, que son dos estrellas de nuestro juvenil (y el primero de ellos también de nuestro cine); logró Nancy convencerlos, y corrieron el riesgo.

Pero los desnudos, en realidad, con ser la novedad taquillera de la pieza, no son dentro de ella sino flashes, pasan en un abrir y cerrar de ojos; el texto, que creemos más de la señorita Cárdenas que de E.A. Whitehead(2), quien en todo caso no ha proporcionado sino las situaciones (aunque no conocemos la comedia original) está lleno de gracia, de ligereza, sobre todo el primer acto, y la rotundidad de sus palabras gruesas, esta vez gritadas, no escandaliza ni ofende, por lo mucho que entra ese léxico en el carácter de los personajes; tampoco chocan los movimientos y además vulgares o léperos, que vienen al caso y corresponden a los tipos escénicos. Es tan vivaz, tan animado, tan pintoresco, ese primer acto, que nos tememos que no vaya a sostenerse el tono en el segundo, y así ocurre; el autor tal vez pensó que había descuidado a dos de sus personajes, Tomás y Bela, y en el acto segundo da al primero un racconto largo y sucio, patético y desagradable (el público comentó de la pieza que lo es) y al iniciarse el tercer cuadro otorga una escena larga, un diálogo con Juan, a María, que había estado disminuida y opaca; al final nos parece dramáticamente acertado, lógico, natural, y en él encontramos la siguiente moraleja, para que no se diga que no contiene la obra algún mensaje: el choteo de las relaciones sexuales descendidas a libertinaje las hace perder el encanto que tuvieron cuando fueron difíciles, misteriosas y envueltas en precauciones y rodeos; facilitadas, descaradas, se vuelven anodinas e insípidas, trivializando, el sexo tiende a caer en desgracia, lo que aliviará la explosión demográfica con ahorro de píldoras. El recato y el pudor, cuando se usaron, fueron en realidad eficaces y afrodisíacos.

Nancy Cárdenas ha puesto su segunda pica en Flandes (tercera para quienes la aclamaron en Los rayos Gama, cuarta para los que también la festejaron por Aquelarre) (3) con esta dirección, a ratos explosiva por demás, pero siempre llena de vitalidad y de dinámica; a esta directora nada le asusta, ante nada se detiene; utiliza con desparpajo el vocabulario de La pulquería y situaciones de Garganta profunda (pero parece ser que cortó una escenita del segundo acto en que los caballeros sacaban de su portabusto y manoseaban y besuqueaban una de las zonas erógenas de una de las damas); hay movimiento constante en la escena; tanto, que imaginamos que los actores saldrán de allí a comerse media docena de milanesas cada uno, y a beberse un barril de cerveza entre los dos, pues saltan y corren como pelotaris; los sudoríparos Héctor Bonilla y Narciso Busquets no habrían podido hacer esta comedia sin deshidratarse, y en vez de unas botellitas de refresco tendrían que tener en escena botellones de agua electropura. José Alonso y Octavio Galindo están muy simpáticos, y si se ve más el primero de ellos, será porque es mejor su papel.

También las dos damitas conquistan simpatías; Ana Martin, en el primer acto, es toda una revelación; hace su personaje un poco caricaturesco, pero con mucha gracia; María Rojo, un tanto oscurecida al principio, pero con mejores bocadillos al final, también muestra encanto y talento; se observa que todos han sido dirigidos con rigor, que la directora sabía muy bien qué pedirles; todos le dan cumplidamente, y puede decirse de todos que, sobre todo en el acto inicial hacen las delicias del público que, si no se asusta de lo que ve, pasará muy buen rato con esta ligera y amable comedia.

Descuidó la directora la utilización de desnudos, o casi, femeninos, a que otros, estuvieran o no en la pieza, se habrían asido con fervor (bikinis Landeta, portabustos y trusas Haro Oliva), y la traductora eludió el uso de las palabras chavo, chavas, que hasta hace poco eran de onda, y que por lo visto pasaron ya de moda, para usar sólo, con profusión, hijo, maestro, maese, magíster, como tratamiento entre los carnales. Hemos tomado debida nota de estos rápidos progresos lingüísticos.

Interrogadas en el intermedio, dos bellas damas que pertenecen a la crema de nuestra intelectualidad (tal vez ahora se diga jet set) dijo una de ellas, sin dar importancia a lo que con ojo atónito acababa de ver: “son pequeñeces”, mientras la otra, grave y aleccionadora, sentenció: “ahora aprenderán muchas a apreciar mejor lo que tienen en casa”.

Creemos que los desnudos en el teatro, como los viajes a la luna, dejarán de interesar pronto; dentro de algún tiempo harán bostezar; pero los primeros sí van a hacer taquilla.


Notas

1. La obra se había estrenado el 6 de junio. Currículum de Nancy Cárdenas. A: Vertical. CITRU-INBA.
2. En el programa de mano se consigna que se trata de la versión mexicana realizada por la directora. P. de m. A: Biblioteca de las Artes.
3. Cuya crónica con fecha del 14 de junio de 1972 se incluye en este volumen.