FICHA TÉCNICA



Título obra Pato a la naranja

Notas de Título Antonio Haro Oliva / traducción basada en un arreglo de Marc Gilbert Sauvajon

Autoría William Douglas Home

Dirección Manolo Fábregas

Elenco Manolo Fábregas, Enrique Álvarez Félix, Sandy García, Nadia Haro Oliva, Andrea Palma

Escenografía Julio Prieto

Productores Manolo Fábregas

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Con Pato a la naranja de William Douglas Home, el Instituto Mexicano del Seguro Social inaugura su temporada teatral en Morelia]”, en Siempre!, 24 febrero 1974.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   24 de febrero de 1974

Columna Teatro

Con Pato a la naranja de William Douglas Home, el Instituto Mexicano del Seguro Social inaugura su temporada teatral en Morelia

Rafael Solana

Cuatro cosas estrenó el teatro del Instituto Mexicano del Seguro Social en la ciudad de Morelia la noche del pasado lunes cuatro: una alfombra roja, la temporada teatral de este año allá, una reseña que organiza el empresario Fernando Figaredo (quien llevará pronto Cómplices, y después Godspell, y después otras más), y la comedia anglofrancesa Pato a la naranja, que el culto público moreliano conoció varios días antes que el de la Metrópoli, deferencia a la que correspondió con tres llenazos y con las largas y muy afectuosas ovaciones.

La alfombra completa y perfecciona un estupendo local teatral, que ya quisiera la ciudad de México, que apenas tendrá tres o cuatro mejores (Bellas Artes, el Hidalgo, el Insurgentes, el Manolo, pues no lo son ni el Xola ni el Músico, ni muchos otros); la temporada, ojalá que sea larga y próspera, y la reseña dará oportunidad a los michoacanos de ver las mismas piezas, con los mismos repartos, que los capitalinos veamos; pero lo que nos llevó a Morelia esa noche fue la curiosidad que ya había despertado en nosotros, desde hace meses, una comedia que tan grande éxito ha tenido en Francia, en España (pues esta vez Manolo no copió nada de Londres ni de Broadway, sino se inspiró en los aplausos de los públicos de Madrid y de París). Una circunstancia que consideramos afortunada, el éxito de Vaselina en el Manolo, hizo que no pudiera venir, pues no resultaba oportuna la fecha prevista, el actor español Alberto Closas para hacer el papel, según contrato que le había firmado el nieto de doña Virginia; y si llamamos afortunado a este hecho es porque entonces decidió Manolo hacer ese papel él mismo, y creemos, pues hemos visto a Closas y también el teatro, en Madrid, que Manolo es por donde quiera que se le mire mejor actor que Alberto, y que, desde luego, tiene en México muchísimo mayor arrastre y más amplio crédito que el artista de importación. Vista la obra, confirmamos nuestra presunción, pues Manolo está estupendo, de una pieza, en el mejor trabajo de comedia sin música que le hemos visto en toda su carrera, superior a todo lo que ha hecho, excepto a sus personales creaciones en el género musical, en Mi bella dama y Violinista en el tejado.

La comedia de William Douglas Home (hermano del ministro de Relaciones Exteriores de la Gran Bretaña) es una verdadera delicia, tal como nos la presenta el traductor Antonio Haro Oliva, que basó su versión en un arreglo del profesionalísimo y acertadísimo Marc Gilbert Sauvajon. Aunque pertenece al género, ya centenario o casi, de las finas comedias de Oscar Wilde, a quien siguieron William Somerset Maugham, Noel Coward, y, en francés, Jacques Deval, al de la comedia fina, sin chacota graciosa sin tosquedad, comedia que los españoles llamaron “de guante blanco”, no se ve anticuada, como se ven, en cambio, algunas malas comedias del absurdo, aunque ese género apenas tenga un cuarto de siglo de edad. Desde la primera se tiene ya la sonrisa en los labios, se sigue con interés el siempre ameno e ingenioso diálogo, se disfruta con el dibujo de los inteligentes personajes, todos ellos bien vestidos, y alojados, en México (en Morelia se hizo lo que se pudo) en un soberbio decorado del maestro Julio Prieto. Nadia se las ingenia para sacar más trajes que cuadros tiene la pieza, y eso su clientela femenina se lo agradece siempre; por su parte, también Enrique Álvarez Félix procura inspirar una correcta manera de vestirse a los jóvenes, y la ropa de la gentil Sandy García, si bien es poca, ha de gustar también a las espectadoras, que la copiarán, y a los espectadores, que aprovecharán su brevedad para echar un vistazo a esa joven y muy linda debutante.

Este género, como todos los demás, lo domina Manolo, director; se puede decir que no hay frase que no esté matizada, que no hay en la obra intención que no sea comprendida, a través de los actores, por el público. La agilidad de la pieza es tal que se pasa sin sentirla; y el reparto es tan acertado, que a la hora de los aplausos no se sabría a quién preferir para aplaudirle más largo o más fuerte, si no fuera porque Manolo, además de estar estupendo como actor, lo está como director, y también como productor se hace acreedor a ovaciones.

De Nadia diremos que está tan encantadora, tan perfecta en su papel, que solamente en La hora soñada, la obra de su vida, la hemos visto mejor, en estos 20 años que llevamos de no perderle pieza. El papel le viene como un guante, y lo dibuja. Enrique Álvarez Félix, a quien conocimos y admiramos en un papel dramático (en La enemiga) no desmerece en lo cómico, y, sin igualarse a los veteranos Nadia y Manolo, no queda lejos de ellos por la naturalidad, la prestancia y la buena gracia con que incorpora su personaje. La siempre adorable Andrea Palma a pesar de no ser su tipo muy británico, se identifica con su personaje, lo hace con inimitable buen humor, y arranca una franca risa con cada uno de sus bocadillos. Y completa el acierto del irreprochable reparto esa Sandy García, fresca, juvenil, muy hermosa, con sangre muy ligera, que Manolo nos presenta y a la que auguramos mucho éxito, más tarde, en otras obras, y ahora, por muchos meses, en este Pato a la naranja que pensamos que el público de la metrópoli saboreará con delicia pues es un teatro para todos, alejado de toda brusquedad y de toda vulgaridad, amable, inteligente, lleno de gracia y de elegancia, ya no de audacia ni de novedad. Mucho nos llamaría la atención que no se hiciese varias veces centenaria esta comedia sabrosísima, que consideramos destinada a construir unos de los mayores éxitos del año teatral que se inicia.