FICHA TÉCNICA



Título obra El gran inquisidor

Autoría Hugo Argüelles

Dirección Hugo Argüelles

Elenco Ignacio López Tarso, Javier Ruán, Gómez Checa

Espacios teatrales Altar de Tepoztlán

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [El gran inquisidor, de Hugo Argüelles]”, en Siempre!, 14 noviembre 1973.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   14 de noviembre de 1973

Columna Teatro

El gran inquisidor, de Hugo Argüelles

Rafael Solana

En una serie de televisión que se llama El juicio están enjuiciando a varios personajes de la historia de México o del mundo. El programa tiene éxito porque, aun siendo cultural, puesto que maneja nombres de personajes y episodios históricos, también tiene el dramatismo y el suspenso de las telenovelas. Tan contento quedó el dramaturgo Hugo Argüelles con un capítulo que a él le tocó escribir, sobre Torquemada, que decidió llevarlo al teatro, para hacerlo conocer de las gentes que no tienen tiempo de ver televisión. Le dio algunos toques, para ampliarlo, y, como director, vistió a los personajes, les echó luces y los puso delante del altar de Tepotzotlán, una de las más hermosas joyas del estilo churrigueresco que tiene el orbe, comparable sólo con las mejores de Querétaro, de Puebla y de Quito.

La noche del estreno(1), aunque ese templo está a cuarenta kilómetros de México, nos agolpamos desde muy temprano en el atrio, antes de que se abrieran las puertas, varios centenares de invitados; resultó pequeña la nave para contener a los fieles de la religión del teatro. Y, como los actores no se encaramaron en el púlpito para hacerse oír, ni usaron micrófonos, como ahora hacen los padrecitos en la misma, pues resultó que se oyó poco y mal, ya que en todo pensó el señor don José de Churriguera menos en la acústica. Tampoco se vio gran cosa, pues tampoco en la visibilidad pensaron los arquitectos barrocos; y las sillas no eran muy cómodas, pues en realidad no se ocuparon los que construyeron iglesias sino de propiciar la elevación del alma del creyente hacia Dios y no en brindarle comodidades de ninguna especie.

Así las cosas, diremos que distaron mucho de ser ideales, para el público, las condiciones en que se estrenó El gran inquisidor; nos ayudaba a soportar las inclemencias la esperanza de que íbamos a escuchar, en la voz admirable de López Tarso, un texto que no dudábamos en prejuzgar de interesante del que es sin duda uno de nuestros más capaces dramaturgos, aureolado ya por el triunfo en el cine y en la televisión, dos medios que han aumentado mucho la popularidad que supo ganarse en el teatro. Argüelles, que tiene un estilo propio, que es el creador aquí del humor negro en el teatro, y que maneja la ironía y la sátira con crueldad, pero con tino indiscutible, abandonó por esta vez su propia escuela y siguió la de otros sin duda muy apreciables colegas; la de Basurto, llenando el escenario de sotanas, y poniendo a los padrecitos, obispos, o lo que sea, a discutir problemas morales y religiosos, y la de Willebaldo López, ya que, a la manera de Yo soy Juárez, construyó este "Yo soy Torquemada" en el que provoca la discusión, y hace que unos defiendan y otros ataquen el personaje, que, apedreado de este modo, aparece a los ojos de los espectadores como "más humano". Hace tiempo se habría dicho "no me defiendas, compadre"; ahora se usa decir "atácame, compadre", pues con los ataques resultan como más simpáticas las figuras históricas, hoy que parece haber en el mundo más admiración por los vicios que por las virtudes, pues los primeros sistemas por signos de carácter recio, y las segundas por debilidades de espíritus timoratos y blandengues.

Fue muy aplaudido Hugo, que subió al altar, a agradecer la ovación; hay quien diga que ésta es una de sus mejores obras. Y, por supuesto, también lo fue López Tarso, cuya voz era, a ratos, la única que se escuchaba con claridad. En segundo lugar, entre los actores, brilló Javier Ruán, y Gómez Checa en tercero; Ruán también se hizo escuchar en aquellas difíciles condiciones.

Fue una noche bonita por el entusiasmo del público, el tono México que se desplazó a Tepotzotlán, y dio una entrada de categoría, y por el prestigio del autor y los artistas principales.


Notas

1. El 27 de octubre. P. de m. A: Biblioteca de las Artes.