FICHA TÉCNICA



Título obra Mariana Pineda

Autoría Federico García Lorca

Elenco Carmen Stein, Dolores Solana, Gustavo Rojo, Andrea Palma, Pituka de Foronda

Escenografía David Antón

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Mariana Pineda, de Federico García Lorca]”, en Siempre!, 4 octubre 1972.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   4 de octubre de 1972

Columna Teatro

Mariana Pineda de Federico García Lorca

Rafael Solana

Aunque asistimos en Puebla al ensayo general de Mariana Pineda hemos querido volver a ver esa obra en México, por varias razones; una, porque allá nos perdimos el primer acto, a causa de una errónea información recibida acerca de la hora de iniciación del espectáculo; otra, porque supusimos que aquí todo saldría mejor, más ajustado, más refinado, más limpio; otra más, porque nos fue muy recomendada la escenografía de David Antón, que no fue utilizada en el teatro Principal angelopolitano; y todavía una más: porque nos gusta mucho la obra y nos cae muy bien la compañía que la está haciendo.

David Antón es un artista de muchísimo talento, y de gran sensibilidad; tiene, además, una amplia y sólida cultura, y una gran imaginación, y un profesionalismo absoluto: nunca nos ha llamado la atención que haga decorados excelentes, y más de una vez hemos votado por él para el premio al mejor escenógrafo del año; pero creemos que a veces comete el mismo pecado que otros escenógrafos cometen: el de no leer las obras para las que trabajan. Una escenógrafa famosa, por ejemplo, no se enteró de que en El rey se muere la escenografía se mueve por un terremoto, y la hizo sólida como de granito, y los únicos que se movían con el temblor eran los actores. Ahora David parece no haberse dado cuenta de que se trata de una conspiración, de algo hecho muy de ocultis, y pone la escena de los conspiradores en una especie de logia, en una galería abierta a la lluvia y a toda clase de indiscreciones, a pesar de que podríamos suponer que no da a la calle, sino a una huerta, o un patio, lo que sería de todos modos forzar mucho las cosas.

El decorado cambia para el tercer acto, y Antón conservó los mismos encajes, para un patio conventual, que usó para el interior de una casa; libertad un tanto libertina: y no leyó que “ya vienen subiendo la escalera”, es decir, que estamos en por lo menos un segundo plano, si se acordó de que la ciudad de Granada es monstruosa, como las de Xalapa, Guanajuato o Zacatecas, aquí, y calculó que en una ciudad así bien puede haber una fuente en el segundo piso, y hasta en el tercero, mucho cuenta con que también será muy culto el público, para así entenderlo; de todos modos la idea general que se tiene acerca de fuentes es que normalmente están en la planta baja, o plan terreno, o rez de chausée, y no se necesitan escaleras para llegar a ellas.

Pero, en efecto, el decorado de Antón es bello y ambienta la obra; un telón corto nos representa una litografía decimonónica de una de las puertas de Granada, y nos hace evocar el tiempo y el sitio en que la acción de Mariana Pineda fue colocada por el poeta.

Pudimos ver, en el primer acto, a Carmen Stein, que aunque sin particular brillo, cuenta bien la corrida de Ronda, y a Dolores Solana en el otro de sus dos papeles dicho con gracia, y a Gustavo Rojo en una escena importante, y a Andrea Palma en sus casi únicas palabras, pues en el acto segundo su papel es brevísimo y en el tercero ya no aparece. Y nos confirmamos en la idea de que Pituka de Foronda hace el papel principal con cariño, con emoción, con sentimiento, lo que le basta para convencer y agradar al público, que disimula, como en el teatro muchas veces hay que hacer, la edad de la protagonista, quien para nada la oculta, pues ha dado el papel de conspirador a uno de sus hijos que es ya un hombrecito. Sarah Bernhardt a los sesenta hacía Hamlet, y Dolores del Río a los... treinta y dos (pero el que quiera que ponga en lugar de la “y” una equis) ha hecho La dama de las camelias; no digan ustedes que Pituka no es ni Sarah ni Dolores, que ya lo sabemos; pero cuando un personaje es interpretado con convicción, con verdad interna, unas libras o unos años de más no tienen la menor importancia.

Tuvimos la impresión de que al público de México le está gustando Mariana Pineda, y de que los aplausos que premiaron la representación a la que asistimos fueron sinceros y cariñosos.