FICHA TÉCNICA



Título obra Gólem

Autoría Gabriel Weisz

Dirección Gabriel Weisz

Elenco Alex Camacho, Gina Morett, Susana Kamini, Manuel Gurría, Jorge Humberto Robles, Gabriel Weisz

Música Beto Méndez, Fernando Arau, Gilberto Bacelis

Espacios teatrales Teatro Orientación

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Gólem de Gabriel Weisz]”, en Siempre!, 26 julio 1972.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   26 de julio 1972

Columna Teatro

Gólem de Gabriel Weisz

Rafael Solana

No siempre es el teatro –ni la música, ni la pintura, ni la literatura– para divertirse; también va uno a veces al teatro –ya lo hacían los griegos– a sufrir un shock, una revelación cruda, un cruel enfrentamiento. Hay teatro para gozar, único aceptado por los hedonistas, y hay teatro para padecer, preferido por los estoicos, para no decir por los masoquistas.

Una pieza que recientemente hemos conocido, Gólem, nos ha hecho recordar un fragmento de uno de los nueve discursos que don Jaime Torres Bodet, cuando fue secretario de Educación Pública, dijo en el día del Maestro; o tal vez lo habrá pronunciado ante alguna junta de técnicos convocada para hacer la reforma educativa que a él le tocó intentar; usó la siguiente imagen poética, que me hizo muy viva impresión; un campesino del Lacio, en el siglo XVI, al sentir que con algo tropezaba su arado, no podía saber si habría sido con una piedra vulgar, o con la cabeza de una diosa. Esa misma estupefacción con que se queda uno un momento desconcertado al tropezar con algo, que todavía no sabe qué será, si una joya del arte o un estorbo y una basura, nos ha sobrecogido alguna vez a todos los actuales espectadores del teatro, del cine, de los conciertos, de las exposiciones de pintura. Nos encontramos repentinamente con algo que nos parece oscuro, incomprensible, extraño. ¿Qué será? A veces lo sabemos de inmediato, como fue el caso cuando brotó el dramaturgo Federico García Lorca, o cuando surgió la pintora Remedios Varo; pero otras veces vacilamos, no atinamos; ¿falso, o verdadero? Tenemos que esperar, en muchas ocasiones, a que el tiempo nos lo diga.

Gólem, que es de lo que vamos a hablar, es un espectáculo que desconcierta. Habrá muchos espectadores que dictaminen: “basura”, y que abandonen la sala, porque nada comprendieron; pero habrá otros que se rasquen reflexivamente el coco y se pregunten: “¿no hay algo valioso detrás de todo este ruido ensordecedor, de este movimiento incesante, de estos gritos destemplados?”.

Y algo habrá, tal vez; algunas luces deslumbrantes se filtran entre las tinieblas; algunas frases profundas, algunas intenciones trascendentes. No todo es escándalo, mal de san Vito y vociferación en ese espectáculo. Tan pronto nos sentimos tentados a acusar al autor y los actores de estar hablando superficialmente de algo grave y noble que no conocen, y de estar faltando al respeto a lo más respetable –la Muerte, por ejemplo– como percibimos el calosfrío de un dardo que dio en el blanco, de una expresión lograda, de un sentimiento profundo hábilmente invocado. Sin duda hay mucha palabrería, muchos gritos destemplados y molestos; pero también hay perlas, expresiones felices, atisbos penetrantes.

Vuelta a ver, y a oír, tal vez la obra provoque una segunda impresión más lúcida; la primera es confusa, de desconcierto, de desconfianza. Trivialidades, y hasta vulgaridades, en no pocos momentos; poesía muy fina, de alcance muy hondo, en otros.

Esta pieza, Gólem, de Gabriel Weisz (es también uno de los actores), que no hay que tomar a broma, que no hay que mirar superficialmente. Mucho de bueno hay en ella, al lado de mucho de difícilmente soportable; en el grupo que la hace, con Alex Camacho, Gina Morett –innecesariamente desnuda–, Susana Kamini, Manuel Gurría, Jorge Humberto Robles, Weisz mismo, actúan todos con convicción, con fe en lo que están haciendo, con una gran confianza en su mensaje, cualquiera que él sea (lo que no queda muy claro), y los músicos, Beto Méndez, Fernando Arau y Gilberto Bacelis, atruenan el espacio con la potencia de su sonido, y no dejan que nadie se duerma.

Gólem empezó muy mal en taquilla, en el teatro Milán; pero ahora, en el Orientación, parece ir interesando cada vez más; desde luego no es un espectáculo popular; pero es inquietante, es valiente, y eso interesará a muchos, especialmente a quienes por su cultura sean capaces de seguir las evocaciones de Edipo, de la Orestíada, de Nietzsche, de La visita de vieja dama, y otras muchas que el espectáculo contiene, y que representan alguna significación. Muchos aplausos premian el final de la obra, aunque también es cierto que a lo largo de ella se producen no pocos bostezos.