FICHA TÉCNICA



Título obra Amor en cuatro piezas

Autoría Pierre Barrilet y Jean- Pierre Grédy

Notas de autoría José Solé, Antonio Haro Oliva / traducción

Dirección José Solé

Elenco Nadia de Haro Oliva, Carlos Riquelme, Miguel Manzano, Guillermo Herrera, Bettina Haro Oliva, Hilda Limón, Juan Verduzco

Escenografía Antonio López Mancera

Espacios teatrales Teatro Xola

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Amor en cuatro piezas de Barrillet y Grédy, dirige José Solé]”, en Siempre!, 19 julio 1972.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   19 de julio de 1972

Columna Teatro

Amor en cuatro piezas de Barrillet y Grédy, dirige José Solé

Rafael Solana

Aunque hace muchos años tuvimos en el teatro Ródano a Kitty de Hoyos en tres papeles, en la obra Cuarto 262, y hace poco, en el Insurgentes a Silvia Pinal en otros tres, en Plaza Suite (Hotel de lujo o algo así en la traducción), mucha gente cree que Carmen Montejo ha inventado eso de hacer varios personajes en una misma función teatral, por los cuatro que actualmente interpreta en Retoños; entonces ahora, al ver a Nadia hacer otros cuatro, casi cinco, en Amor en cuatro piezas, se imaginan que imita a Carmen, o que sigue sus pasos, cuando no se trata en realidad sino de una coincidencia.

Desde antes de que la Montejo pensara en hacer Retoños ya Dolores del Río y Marilú Elízaga se habían mostrado interesadas en la obra de los autores franceses Barrillet y Grédy que en realidad se llama Cuatro piezas al jardín, jugando con la palabra pieza, que lo mismo quiere decir habitación que obra de teatro; por fin se quedó con los derechos Nadia de Haro Oliva, a la que van mejor los papeles que en esta obra se contienen, que a sus dos ilustres colegas; de la traducción ( y adaptación, que, sobre todo en el segundo cuadro, resulta muy importante) se han ocupado don Salvador Novo y el teniente coronel Antonio Haro Oliva, que sabe mucho francés, y también mucho de teatro; puede decirse que ambas, traducción y adaptación, son muy afortunadas. Lo más flojito de la obra es la escenografía, de Toño López Mancera, quien de un escenario de por sí muy pequeño, renunció a la tercera parte, para suponer un jardín que en realidad no juega.

Esta no es una pieza en cuatro cocinas (o en cuatro pelucas, como dice la gente que es Retoños) sino en realidad cuatro obritas en un acto, ligadas, sólo por ocurrir en la misma habitación (como sucedía con las que hicieron Kitty y Silvia), sin que sus personajes tengan entre sí parentesco o contacto alguno. Si hemos de hacer una comparación, y a veces la crítica no consiste en otra cosa, diremos que la gente se divierte muchísimo más con Cuatro piezas que con Retoños, pues, aunque Carmen Montejo alcanza como intérprete suprema eminencia, y bien dirigidos, están excelentes todos sus ilustres colaboradores, en la obra del Arlequín no solamente está magnífica Nadia, es muy buena la dirección y triunfan a toda orquesta los demás artistas, sino, lo que no pasa en el Xola, hay obra. Y Carmen Montejo pasa por la difícil prueba de mantenerse dos horas sobre la escena diciendo tonterías, vaciedades o ridiculeces, en una sucesión de cuatro sketchs insulsos, mientras que Nadia tiene papeles que son interesantes, y coloridos, variados, y no nada más variantes sobre un mismo tipo, sus personajes; y los cuatro episodios tienen sabor, gracia, buen humor, ingenio, que es algo que no puede decirse de la obra norteamericana que quién sabe por qué le ha gustado a Carmen.

De Nadia se ha dicho que durante quince años no ha hecho sino repetirse; que hace la misma dama guapa y elegante, medio vieja y medio acocotada, en todas las obras que interpreta, o en casi todas; ahora se sacude de esa su acusación, pues no solamente está diferentísima en sus cuatro personajes, sino hasta se da el lujo de a uno de ellos, el último, darle dos caracteres completamente diferentes el de una muñecota otoñal, atrayente y graciosa, y el de una cruel bruja, todo sin más cambios (ni de trajes ni de pelucas) que uno de voz y otro de brillo en los ojos. La hemos encontrado soberbia, como nunca, aunque tenga, eso no lo perderá nunca, algunos tropiezos de dicción, que son como erratas insignificantes que afean la tipografía, pero no el contenido de un libro. Brilla especialmente en la dinámica “Betty la Peluche”, del segundo cuadro, que está lleno de vigor y de animación, y en el contraste que se establece entre la vulgaridad y la vivacidad de ese personaje y la finura, la gracia y a delicadeza del que sigue, el de la rica Irene, en el que la señora de Haro Oliva está encantadora.

El público ríe sin parar, disfruta de los cuatro cuadros con delicia, no bosteza en ninguno, y, además de aplaudir con entusiasmo a Nadia, admira a sus colaboradores, que, bajo la dirección inteligente de José Solé, que sabe matizar y sostener el ritmo, dan un rendimiento notable; Carlos Riquelme, en papeles por completo diferentes de los que suelen vérsele, está estupendo, y en cuanto a Miguel Manzano, hace verdaderas creaciones de los dos personajes que le fueron encargados, y a los que saca un partido insuperable; y no para allí la cosa, sino también están muy bien, en papeles más pequeños, Guillermo Herrera, Bettina Haro Oliva, y dos nuevas felices adquisiciones de la casa, la graciosa Hilda Limón y el galán, a quien recordamos en El relojito de Dios, Juan Verduzco, que ojalá se quede en esta compañía por mucho tiempo. Hace también papeles contrastantes, uno odioso, otro amable, y uno más, neutro.

Va a gustar muchísimo al público del Arlequín esta comedia.