FICHA TÉCNICA



Título obra Aquelarre

Autoría Friederich Ch. Zauner

Dirección Nancy Cárdenas

Elenco Susana Alexander, Blanca Sánchez, Miguel Maciá, Brígida Alexander

Escenografía Jaimes Schubich

Espacios teatrales Teatro el Granero

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Nancy Cárdenas dirige Aquelarre de Friederich Ch. Zauner]”, en Siempre!, 21 junio 1972.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   21 de junio de 1972

Columna Teatro

Nancy Cárdenas dirige Aquelarre de Friederich Ch. Zauner

Rafael Solana

Una grata sorpresa nos llevamos cuando, al llegar el viernes pasado al teatro del Granero, vimos que estaba lleno; si no se agotaron las localidades, habrán quedado en la taquilla muy pocas, menos de veinte, de seguro; esto ocurre en México muy pocas veces, como no sea en sábado o en domingo, y en obra en que trabajen Amparo Rivelles o Mauricio Garcés. Y es que todas las notas de crítica en la prensa, y probablemente la publicidad de boca, favorecían extraordinariamente a la obra Aquelarre, y, más que eso, a su mano a mano de actrices, las jóvenes Susana Alexander y Blanca Sánchez.

¿Jóvenes? No exageremos mucho. No son dos veteranas, pero tampoco dos desconocidas; nos parece recordar que son desde hace algunos años respetables madres de familia, y en su carrera teatral ya tienen ambas algunas horas de vuelo; sin embargo, hacen papeles de niñas quinceañeras con tal verismo y tal convicción, que acaba el espectador por creer que ninguna de ellas ha bailado el Danubio azul ni ha salido de la secundaria; primer triunfo de actrices, éste de dar tan convincentemente una edad que no tienen. Y no es el único.

La obra, en un solo largo acto, no significa ningún descubrimiento. Sin más apoyo que el de tres personajes incidentales y dos voces fuera de escena nos presenta una larga hora de la vida de dos adolescentes, con espíritu satírico y sainetesco; es decir, no desde el punto de vista de la presentación de un conflicto, sino con el ánimo de pintar costumbres. A esas chicas no les pasa prácticamente en esa hora, o las dos o tres de la vida real sintetizadas en una en el reloj de los espectadores, nada cómico, ni dramático; el autor se limita a presentárnoslas diciendo sus habituales tonterías, haciendo sus usuales movimientos, cayendo en sus normales niñerías; pero con esto tiene bastante para construir una obrita que resulta entretenida y amable, y que deja perfectamente satisfechos a los espectadores.

Sobre todo porque los dos papeles centrales dan ocasión de lucimiento a las actrices, y porque ellas, bajo la hábil e inteligente dirección de doña Nancy Cárdenas (parece increíble que sea la misma que en el teatro vecino ha dirigido el bodrio más inaceptable de la temporada) están, ambas eminentes. Es a verlas, a aplaudirlas, a lo que está yendo la gente.

Blanca Sánchez, para el teatro, estaba hasta ahora en el anonimato; algo ha hecho ya; pero ha estado tan descolorida como su nombre, difícil de no confundir con los de otras actrices; tampoco su personalidad física es muy acusada; se parece a muchas; la gente que ve televisión sí la distingue, y la recuerda, y la identifica, y la admira, porque ese ha sido el campo de sus triunfos; en cambio esa misma gente conserva un pésimo recuerdo de Susana Alexander, que en alguna Anatomía de Saldaña se portó como una mequetrefe, y faltó al respeto debido a las canas de uno de nuestros más respetables críticos, con lo que dejó muy mal sabor en algunos televidentes que la consideraron una niña (señora) bastante vacía, irreverente y necia.

Toda mala impresión que con aquella actuación infausta (una mala noche, cualquiera la tiene) haya dejado Susana en quienes la vieron meter la pata y hacer el ridículo, la borra ahora con una actuación teatral que no vacilamos en calificar de eminente, como la de su compañera, pues se hace difícil, y sería injusto, poner a una sobre la otra; excelentes son los dos papeles, y admirables están en ellos las dos actrices; les ha impuesto la señora Cárdenas un ritmo extraordinariamente vivo, agitado, y ellas no lo abandonan ni por un instante; se adueñan de sus papeles y los llenan de vida, de autenticidad, de verismo, y de una verdad artística inexpugnable. Dan los cambios, que son repentinos, de vuelta en U, y penetran hondamente en la crítica que el autor quiso que se contuviera en sus líneas. No bajamos ni una sílaba de estupenda a esta doble actuación, que muy insistentemente recomendamos a los amantes del buen teatro; pensamos que, dada la pequeña capacidad del Granero, para que todos los que deben verla vean esta gran actuación (y algunos querrán verla dos o tres veces) la obra Aquelarre(1) tendrá que permanecer allí por un año, o por lo menos seis meses.

De las actuaciones complementarias, destacamos una excelente, de Miguel Maciá, que está perfecto, sólido, en su fino humorismo, Brígida Alexander, en dura lucha contra su acento, acierta también a dar comicidad y realismo a su gobernante; el nombre del otro personaje, el galán(2), que es por cierto quien está menos bien de todos, no se nos quedó en la memoria, como tampoco el del escenógrafo(3), que ha hecho un trabajo muy afortunado.


Notas

1. Se había estrenado el 25 de mayo. Currículum de Nancy Cárdenas. CITRU-INBA.
2. Se refiere a Roberto Los. Idem.
3. Jaimes Schubich. Idem.