FICHA TÉCNICA



Título obra Los enemigos no mandan flores

Autoría Pedro Bloch

Dirección Julian Duprez

Elenco Magda Guzmán, Jorge Mistral

Escenografía Héctor Carrera

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Gran actuación de Magda Guzmán en Los enemigos no mandan flores, de Pedro Bloch, dirige Julian Duprez]”, en Siempre!, 29 marzo 1972.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   29 de marzo de 1972

Columna Teatro

Gran actuación de Magda Guzmán en Los enemigos no mandan flores, de Pedro Bloch, dirige Julian Duprez

Rafael Solana

Qué escalofriantes experiencias matrimoniales debe de haber pasado el dramaturgo brasileño Pedro Bloch, antes de reunir en su mente el material que le sirvió para escribir su pieza que en la excelente traducción de Efraín Huerta se llama Los enemigos no mandan flores. Al público se le pone carne de gallina delante de esa bruja que Bloch ha retratado y que propone como ejemplo de lo que es una esposa. Los que ya pasaron por eso suspiran y mueven la cabeza de arriba hacia abajo, como reconociendo algunos de los rasgos del cruel retrato que les ha sido presentado; los que todavía no se casan, suponemos que sentirán correr una gota fría por la espina dorsal, y el impulso de salir corriendo, ante perspectivas tan ominosas.

La obra... tal vez ustedes la recuerden; Lucy Gallardo y Carlos Navarro la pusieron hace un cierto número de años en el teatro Trianón; pero... cambian mucho las obras, según las interpretaciones; en manos de Lucy esto era una comedia un tanto divertida, alegre, algo caricaturesca, y en términos generales simpática; Lucy es principalmente una actriz cómica (aunque la conocimos en un papel serio) y hace ligero lo que toca. En manos de Magda Guzmán, que es actriz fuertemente dramática, este personaje cambia; en vez de amable es terrible; la obra parece otra; ahora la sentimos aterradora, estremecedora, pánica.

Todos los críticos a quienes hemos leído están de acuerdo en considerar el trabajo de Magda Guzmán en Los enemigos no mandan flores como eminente; no le quitamos ni una sola letra a tan mayúscula palabra; Magda es, en efecto, desde hace muchos años, una gran actriz, una actriz enorme, una de las que pueden aspirar al trono que dejó vacante la señora Montoya (la otra mexicana es Virginia Manzano; hay una cubana y una española entre las aspirantes a ese trono)(1);ya la hemos visto triunfar en muchos papeles; pero ahora está impresionante y pavorosa en el papel de la esposa modelo; se le enchina a uno el cuerpo de pensar en que puede ser cierto lo que ella desde el escenario plantea, o de comprobar que así es, lo que tal vez les ocurra a muchos de los espectadores.

Magda hace el papel por lo serio, casi por lo trágico; y es el mismo, con las misma líneas, que Lucy hacía por el lado humorístico. Lo matiza excelentemente; está a ratos fría, a ratos cruel, por momentos histérica, o astuta, o maquiavélica, y de todos sus estados de ánimo nos convence. Sin duda se trata de una hoja más en la bien ganada corona de laureles con que ya Magda ciñe su frente.

Menos elogiado ha sido, pero a nuestro juicio merece serlo en la forma más amplia, Jorge Mistral, a quien nunca habíamos visto rendir, en el teatro, una actuación tan digna de elogios; él no está trágico, ni sombrío, en su lamentable personaje, sino finamente humorístico; se hace grato en todo momento, y tiene un hábil crescendo. Nos gustó su actuación de principio a fin, y por ello lo felicitamos con calor.

También a Julián Duprez, director, y a Héctor Carrera, escenógrafo; todos contribuyen al gran triunfo de Los enemigos no mandan flores.


Notas

1. Por sus referencias en otras crónicas, nos hace suponer que se refiere a Carmen Montejo y Ofelia Guilmain respectivamente.