FICHA TÉCNICA



Título obra Octubre terminó hace mucho tiempo

Autoría Pilar Campesino

Dirección Ignacio Retes

Elenco Gabriel Retes, Ester Guilmain

Escenografía Félida Medina

Espacios teatrales Teatro Ofelia

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Octubre terminó hace mucho tiempo de Pilar Campesino, dirige Ignacio Retes]”, en Siempre!, 10 febrero 1972.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   10 de febrero de 1972

Columna Teatro

Octubre terminó hace mucho tiempo de Pilar Campesino, dirige Ignacio Retes

Rafael Solana

Dos funciones previas a un estreno del que no se siente muy segura ha organizado la familia Retes de la obra Octubre terminó hace mucho tiempo (originalmente se llamaba Octubre quedó atrás, lo que nos parece un nombre más corto y más acertado), que está dirigida por el papá (Ignacio), actuada por el hijo (Gabriel) y escrita por la nuera (Pilar); la pieza, que tiene únicamente dos intérpretes, ha sido montada en el teatro Ofelia, con una escenografía tubular de Félida Medina; no diremos cuando se levanta el telón, porque no lo hay, sino cuando entra uno en la sala y ve el decorado, piensa no en Pirandello, que inventó las obras sin escenografía, sino en Harold Pinter, por el ambiente que la inteligente Félida ha creado, y que es el de un desván, o sótano, o cuartucho miserable, como los que a Pinter le gustan tanto.

No están muy seguros los Retes de poder estrenar normalmente (las dos funciones a que aquí se hace referencia han sido únicamente para amigos y críticos)(1) porque el asunto y el vocabulario de la obra son bastante bruscos. En fin, leperadas, ya dirigió muchas Ignacio, en otra escenografía de muchos tubos, de Félida, cuando se estrenó la pieza Los albañiles; pero ahora hay más. Resulta divertido imaginarse al papá, al dirigir a su hijo, diciéndole: “Gabrielito, esa mentada de madre no te salió muy enérgica; tienes que poner más énfasis en la che; a ver, otra vez, hijito”.

Pilar Retes, joven y talentosa becaria del Centro Mexicano de Escritores, ha tenido la idea (como todo el mundo) de inmortalizar por medio del arte los sucesos de octubre de 1968 en Tlatelolco, temerosa, tal vez, de que, sin ese auxilio de las musas, lleguen a olvidarse pronto. Ya hay dos o tres novelistas que han insertado esos hechos en sus obras (o cuatro o cinco) y los dramaturgos no habrán de quedarse atrás; Basurto habla ya de una próxima obra suya que se llamará Tlatelolco, tal vez Vicente Leñero ya esté empezando a recortar periódicos para cuando él haga una, y a Wilberto Cantón, autor de Nota roja(2) y de Nosotros somos Dios, no le va mal el género; no sería raro que tuviéramos alguna vez Corona de balas (del autor de la de sombras y la de luz, no de la autora de la de lágrimas) y con el tiempo, bastante tiempo, ya tal vez también Alejandro Galindo se anime a resucitar esta página de la historia (cuando sea suficientemente vieja); también Federico S. Inclán y Wildebaldo López podrían interesarse.

Adobada con ese éxito que en otro tiempo se llamó tabernario o prostibulario, y que hoy usan hasta las jóvenes señoras que no frecuentan ni las tabernas ni los cuarteles (también se llamó cuartelario) ni ningún otro lugar, la obra puede ser calificada de violenta; tal vez por eso se resistió a premiarla la Secretaría de Educación (habría hecho muy buena pareja con el Centro Mexicano de Escritores premiándola) cuando se la recomendaron los jueces de un concurso al que valerosa y esperanzadamente la envió su autora.

Ester Guilmain está muy natural, muy bien. Gabrielito, mucho mejor que otras veces lo que, a juicio de algunos exigentes, todavía no es bastante.

Si se estrena esta obra, de seguro irá mucha gente a verla.


Notas

1. En su crónica del 25 de diciembre de 1974 el cronista da cuenta de la celebración de la centésima representación de la obra.
2. Cuya crónica del 30 de octubre de 1963 se incluye en este volumen.