FICHA TÉCNICA



Título obra La gran investigación del inspector Félix Kulpa

Autoría Xavier Pommeret

Dirección Rafael López Miarnau

Elenco Emma Teresa Armendáriz,Héctor Andremar, Miguel Suárez, Héctor Bonilla, Fernando Mendoza, Abraham Stavans, Mario Oropeza

Espacios teatrales Teatro Orientación

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [El teatro Club presenta La gran investigación de Félix Kulpa de Xavier Pommeret]”, en Siempre!, 12 mayo 1971.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   12 de mayo de 1971

Columna Teatro

El teatro Club presenta La gran investigación del inspector Félix Kulpa de Xavier Pommeret

Rafael Solana

Entre los hombres que tienen verdadero prestigio en el ambiente teatral mexicano, así como Dolores del Río, o como Ignacio López Tarso, de quienes ya no puede esperarse que hagan algo malo o siquiera regular, figuran desde hace tiempo los del director Rafael López Miarnau y la actriz Emma Teresa Armendáriz, su esposa. A veces no tienen ningún éxito de taquilla, pero el decoro artístico se salva. Han venido montando, por años, las mejores obras, y siempre con un alto sentido estético. A sus estrenos se puede acudir con toda confianza.

El último que han anunciado, en el teatro Orientación, que ha sido de toda su carrera, ha sido el de La gran investigación del inspector Félix Kulpa, del autor francés, por ahora avecinado en México, Xavier Pommeret. Acudió la gente en gran torrente, llenó la sala; y se dispuso a esperar algo bueno.

Desde la primeras escenas vimos a Emma Teresa, excelente actriz dramática, que ha hecho Ibsen, Miller, Brecht, Albee, como sumamente preocupada por hacernos notar a todos que esta vez estaba trabajando en una comedia; si ya lo hubiéramos sabido desde antes, como cuando han hecho Beaumarchais o Carballido, no hubiera tenido esta preocupación; pero como no sabíamos qué esperar de la pieza de Pommeret, ella subrayó con tan notorio ahínco, con énfasis tan grande y con tan esforzado empeño el carácter cómico de sus parlamentos, que llegamos por un momento a temer habernos ido a meter nuevamente en La gatomaquia o en Pulgarcito, cuando Sergio Jiménez o Rosa María Moreno se desvivían por competir con “Pompín” Iglesias y con “Las Kúkaras”.

Por fortuna, aquello no duró mucho; acabó por darse cuenta Emma Teresa de que habíamos comprendido, de que ya “estábamos en onda”, y se bajó del caballo de la farsa para seguir el paseo en el de la comedia, más elegante, de corvetas menos exageradas y de relinchos menos burdos. Entonces la pieza comenzó a recordarnos una comedia de Dürrenmatt que tiene un primer acto muy bello, El matrimonio del señor Mississippi; una pieza de humor negro, en que el ingenio no necesita ser acentuado por la payasada; bastante gracia tiene de por sí el texto sin requerir de la sal gruesa de la chocarrería interpretativa; nos atrevemos a pensar, contra el dictamen del excelente director o a quienes tanto admiramos, que en nada enriquece la señora Armendáriz su actuación, sino, por el contrario, la acorrienta, ribeteándola con los detalles de jocosidad gruesa en los que se permitió incurrir durante los primeros compases de la representación.

La acompañó en esos desbordamientos en esas exageraciones, su interlocutor de esas escenas, Héctor Andremar, a quien además del defecto que significa esta sobreactuación notamos otro que ya en él va resultando frecuente; el del poco dominio del texto, la enunciación confusa, y la tergiversación de las palabras, al grado de decir alguna vez todo lo contrario de lo que debiera. Estos dos artistas, con ser los más ilustres de la compañía, los que encabezan el reparto, nos parecieron en esta noche los más objetables. Damos por supuesto que han de corregir rápidamente sus defectos, y que los espectadores de las funciones subsecuentes ya no han de advertirlos; no serían las estrellas que son (sobre todo ella) si no fuesen capaces de reconocer sus tropiezos, y de subsanarlos.

Encontramos perfectos desde el primer día, en cambio, a otros artistas; por ejemplo, a Miguel Suárez, de quien somos incondicionales admiradores; su tono cómico es exactísimo; él no nos hace ningunas señas ni nos ruega que advirtamos que está haciéndole al chistoso; dice sus textos con la gracia justa, medida, y acierta de lleno; estupendo hemos encontrado también, y también le admiramos desde hace mucho en casi todo lo que hace, a Héctor Bonilla, que al llegar su gran escena, su monólogo de varias páginas, su discurso, se muestra apasionado y convincente. Todos tienen algún discurso (Andremar, es en el suyo el que mejor está en esta pieza, y Fernando Mendoza hace de su sermón el momento culminante de su actuación correcta y cumplida) y tal vez sea una de las causas de que la pieza resulte un tanto larga (tiene la longitud del teatro europeo, que es diferente de la del mexicano; por eso las obras europeas casi siempre tienen que ser un poco recortadas al representarse aquí); pero... son tan importantes esos discursos, están tan bien escritos (y tan bien dichos) y contienen en tal medida el meollo de la obra, que no nos atreveríamos a sugerir que se abreviasen; tal vez otras escenas podrían ser podadas, para aligerar la pieza, que, especialmente en su primer acto, a pesar de ser en todo momento interesante llega a hacerse algo fatigosa.

También hemos hallado perfectos, en sus diferentes papeles, a Abraham Stavans y a Mario Oropeza, que hacen muchos personajes secundarios, pero de gran responsabilidad para el buen desenvolvimiento de la comedia. Son ambos actores excelentes; pero ni ellos ni los otros que ya han sido mencionados estarían tan bien como están sin la dirección admirable de López Miarnau, que resuelve, entre muchos otros problemas difíciles, los de la personificación inmediata, sin cambios de maquillaje ni de ropa (o apenas) de personajes muy diferentes, por los actores de todo el reparto; algunos de ellos además son narradores, o acotadores, y van llevando el hilo conductor, sin desconcertar nunca al público. Creemos firmemente que el que hace en Félix Kulpa es uno de los trabajos de director más arduos, más limpios y más admirables que hemos de agradecer a López Miarnau.