FICHA TÉCNICA



Título obra La vida difícil de una mujer fácil

Autoría Luis G. Basurto

Dirección Luis G. Basurto

Notas de dirección David Antón

Elenco Nelly Meden, Andrea Palma, Mario García González, Elvira Lodi, Ruben Rojo

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro Fábregas

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [La vida difícil de una mujer fácil de Luis G. Basurto]”, en Siempre!, 16 septiembre 1970.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   16 de septiembre de 1970

Columna Teatro

La vida difícil de una mujer fácil de Luis G. Basurto

Rafael Solana

De entre las grandes enseñanzas que acerca de lo que es teatro obtuvo en su juventud este anónimo cronista, recuerda, además de las muchas que de don Julio Jiménez Rueda, de don Francisco Monterde y de otros catedráticos notables oyó en la facultad de Filosofía y Letras que por entonces frecuentaba, y de las que extrajo de muchas conversaciones con Rodolfo Usigli, con Celestino Gorostiza o con Julio Bracho, las que escuchó a Xavier Villaurrutia, a Cipriano Rivas Cheriff y a Manolo Fontanals; Villaurrutia, flor y nata de intelectualidad, poeta ilustre, crítico exigente y exquisito, proclamaba que no hay teatro sin público, y que lo primero que tiene que hacer quien quiera ser considerado actor teatral es obtener una audiencia, interesarla, conquistarla, hablarle en su idioma y de cosas que ella sienta y entendida; con ser Xavier autor, como poeta, de plaquetas que no pasaban de cien ejemplares, como dramaturgo quiso siempre llegar a las masas, y no a las camarillas, a las capillitas de compinches y de conmilitones.

Rivas Cheriff y Fontanals nos enseñaron que el teatro no tiene obligación de ser otra cosa sino teatro; no universidad, ni tribuna, ni periódico, ni juzgado, ni parlamento, ni púlpito. Teatro y basta. La obra más teatral de la literatura española, nos decía don Cipriano, es Don Juan Tenorio; y Manolo Fontanals comentaba: “¿para qué les han dado hachas de verdad a esos leñadores, si los árboles que van a derribar están pintados en un telón de papel?”

Hoy a todas las artes se les permite ser “no figurativas”... menos a cierto teatro; a un retrato; a un retrato ya no se le exige que se parezca, sino sólo que sea buena pintura; a una novela no se le pide que sea verídica, sino que sea buena novela, aunque cuente mentiras y magia; pero al teatro, como no sea de Arrabal o de Ionesco, sí se pretende exigirle que resulte muy apegado a la verdad; como si solamente de eso se tratase.

Que sea teatral, que cause efecto, que interese a las masas (no a los cultos caballeros, y sus cultas esposas), que divierta, que sacuda, que emocione, es lo único que en rigor debe exigirse al teatro. Y teatral lo es en grado sumo la nueva obra de Basurto, que ha molestado a algunos críticos, quienes encuentran falsos un ambiente y unos personajes que dicen conocer mejor que este autor (eso cada quien su vida); los encuentran falsos... quiero decir que los encuentran teatrales.

No se le ha dado a Luis Basurto un documento sobre la vida de las prostitutas; si se hubiese ido a visitarlas con una grabadora, como Lewis hizo con la familia Sánchez, probablemente habría encontrado cosas muy distintas que las que nos ofrece; pero como de lo que se trataba era de hacer una obra teatral, pues inventó lo que le pareció, con su larga experiencia, más dotado de posibilidades de interesar y de gustar a ese público, no el más fino ni el más cultivado, que es el suyo; nos ha hilvanado así una decena de secuencias, todas falsas, pero todas teatrales; las prostitutas seguramente no son así... pero los personajes teatrales así son, así los ha aceptado el público, que ha dado unos llenazos espectaculares en los primeros días de la representación de La vida difícil de una mujer fácil.

Que las rameras no son tan inteligentes, ni tan cultas, ni tan delicadas, ni tan hábiles, ni tan diplomáticas, ni tan curalotodo, ni tan leguleyas, ni tan siquiatras, eso... vaya usted a saber... necesitaría uno conocerlas a todas; tampoco serán como nos las ha pintado en el teatro los cementerios de automóviles, ni las cantantes calvas, ni los príncipes de Dinamarca, ni las damas de las camelias, ni los mercaderes de Venecia, ni nadie, pues el teatro es una cosa, una creación artística, y la vida es otra; pero la Violeta que hace en el escenario del Fábregas la bella y atractiva actriz argentina Nelly Meden, si no es trasunto de la vida real, es una creación artística, muy bien lograda en su falsedad, que ha gustado muchísimo al público, y que arranca cada noche ruidosas ovaciones.

Hemos de confesar que no nos gustó mucho la obra de Basurto cuando la leímos; la encontramos demasiado deliberada, artera, capciosa, prefabricada y hueca; pero eso fue en el papel; ya en la escena, con las luces, bajo los fanales del engaño teatral, y con los personajes no imaginados por la pobre y pálida mente del lector, sino vividos, enriquecidos, llenados de carne y de sangre con la figura, la voz y el talento de los actores y las actrices, la cosa cobró no solamente viabilidad artística, sino nos pareció levantarse hasta las cumbres del éxito, y justificar los aplausos que frecuentemente hicieron sonar los acertados artistas, que tuvieron una adecuada dirección del propio Basurto y de David Antón, que hasta donde nosotros sabíamos, nunca se había metido en estas cosas.

Tomemos como ejemplo el personaje de Andrea Palma; falso, desde luego, como todos; pero lo hace la actriz con tal humana simpatía, con tanto ángel, con tanta gracia y con picardía tan amable, que se convierte en una delicia, nadie saldrá del teatro diciendo: “ya sé cómo son las madres en Irapuato (o en Parral, o en Puruándiro, o en Paso del Macho)”, sino solamente: “he visto una graciosa escena hecha admirablemente por una gran actriz”.

Igual pasa con Mario García González; hace de su escena un triunfo personal, por sus cualidades de actor que aprovecha sus líneas para crear un personaje que tal vez no sea el retrato de uno real, pero que tiene vigencia artística, que está bien hecho, que gusta.

Muy bien está, a lo largo de toda la obra, la chilena Elvira Lodi. Otros actores excelentes, el más famoso de los cuales es Rubén Rojo, hacen también muy bien sus personajes (aunque también existe quien haga el suyo mal, o medianamente apenas); pero quien lleva el peso de la obra, quien está todo el tiempo en escena, y luce mucha ropa, y pelucas, y dice los más falsos de los diálogos y representa al más inventado y apócrifo de los personajes, pero lo hace tan bien que arranca ovaciones convencidas y entusiastas, es Nelly Meden, a quien así hace Basurto entrar con el pie derecho y con ruido en nuestra vida teatral, en la que ya con esto se ha hecho un porvenir (ya vendrán telenovelas y películas, y más teatro); puede decirse, sin exagerar, que encantó; de las actrices argentinas que Basurto no ha traído (tal vez media docena) sin duda ha sido la Meden quien ha tenido una entrada en mayor grado triunfal.

La escenografía de David Antón, tan falsa, y tan teatral, como la obra misma y como las actuaciones. Y el éxito de taquilla, desde la primera noche, formidable.