FICHA TÉCNICA



Título obra La cantante calva

Autoría Eugene Ionesco

Dirección Juan José Gurrola

Elenco Martha Aura, Virma González, María Balzares, Jesús González Dávila, Manuel Ojeda, Jaime Toledo, Cora Cardona, Martha Meneses

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [La cantante calva de Ionesco, dirige Juan José Gurrola]”, en Siempre!, 6 mayo 1970.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   6 de mayo de 1970

Columna Teatro

La cantante calva de Ionesco, dirige Juan José Gurrola

Rafael Solana

De los cuatro programas de que constó la temporada de teatro de vanguardia que en Santo Domingo presentó la compañía titular del Departamento de Acción Social el mejor fue sin duda el último, porque tuvo la mejor obra, y la mejor postura en escena. Fue La cantante calva, de Ionesco, pero fue modificada, que no la habría reconocido el propio don Eugenio.

Cuando conocimos esta pieza, hace ya muchos años, nos pareció completamente absurda; pues bien, pasado el tiempo, y vista ahora la interpretación que de ella hace el inquieto e inteligente Juan José Gurrola, ya nos parece clásica, comprensible y sencilla aquella primera versión. Inocente, diríamos. Gurrola ha extremado el absurdo, lo ha enriquecido, lo ha refrescado, para que no se marchite, pues sabe muy bien que lo absurdo en 1950, ya no lo es en 1970, sino tiene que servirse en nuevas y más audaces dosis, para que pique lo mismo.

Gurrola hace preceder la representación de La cantante calva de la de otra obra, suya propia, que llama Los buenos estragos, y que tiene una duración de veinte segundos; satisfecha la finalidad de romper un récord de brevedad, probablemente la única que perseguía, permite el director autor (y escenógrafo, y músico) que se abra el telón para que veamos la obra ionesquiana.

Al principio, como es natural, la gente se desconcierta, o se aburre, o se burla, o se indigna; pero, como en ninguna otra representación anterior que hayamos visto de Ionesco, aquí ni en ninguna otra parte, Gurrola consigue que acabe el público por entrar en la situación, y hasta por participar en ella; ya en el final de la obra, lejos de cansarse, el público está metido en la pieza, y de la mejor gana ríe sus absurdos, o entiende sus mensajes. El meollo de la pieza, si ustedes la recuerdan bien, consiste en demostrar que “cuando tocan a la puerta, a veces hay alguien y a veces no hay nadie”; es decir, que no siempre las cosas resultan en la práctica como resultan en la teoría, que no siempre se ajustan a la lógica; varias veces y con varios ejemplos sostiene Ionesco esta tesis, deslizando esos ejemplos entre bromas, algunas de ellas muy finas, y algo toscas otras. Gurrola se ha permitido modificar el texto, enriqueciéndolo; las líneas, en el papel del bombero, acerca del primer viaje a la Luna, de la nave Apolo XI, y sobre el futuro de la humanidad, disuelto en automatización y polución (“un día nuestros corazones trasplantados serán monitorizados desde el exterior, tal vez por máquinas IBM”) son inteligentes, y no solamente no desmerecen del texto de Ionesco, sino que lo mejoran. La dirección absolutamente barroca, hemos dicho ya que renueva y refresca las anteriores, dejándolas atrás como conservadoras o tímidas.

Excelente material humano encontrado Gurrola para la reposición de La cantante calva; únicamente echamos de menos la gracia y la personalidad de Carmen Salas, la triunfadora de las representaciones que hemos anteriormente visto; pero Martha Aura está formidable, anunciando una futura Virma González llena de dinamismo y de gracia, y María Balzares está excelente; triunfa Jesús González Dávila en el papel de bombero, y nada dejan que desear en los de los maridos Manuel Ojeda ni Jaime Toledo; Cora Cardona y Martha Meneses lucen, más que otra cosa, su palmito; tuvo Gurrola la idea de agregar al reparto un mago, Trébole (o Trebolé), que todo cabe en el absurdo de este teatro, inclusive el hacer números de magia en medio de las escenas de prosa.

Tuvimos la impresión de que el público ingenuo, no ionesquiano, acabó por entrar en situación, por entender este tipo de teatro modernísimo y de divertirse en grande con él, lo que significa un gran triunfo para el director Gurrola y para su simpática compañía.