FICHA TÉCNICA



Título obra ¡Ah, qué mujeres!

Autoría Claire Booth Luce

Dirección Carmen Montejo

Notas de dirección en compañía de Nancy Cárdenas

Elenco Lorena Velázquez, Sonia Furió, Norma Shearer, Gina Romand, Liz Wallace de Foronda, Raquel Olmedo, Yolanda Ciani, Isabel Blanch, Eva Calvo, María Montejo, Lulú Parga

Escenografía David Antón

Música Tino Contreras y su grupo de jazz

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [¡Ah, qué mujeres! de Claire Booth Luce, dirige Carmen Montejo]”, en Siempre!, 3 septiembre 1969.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   3 de septiembre 1969

Columna Teatro

¡Ah, qué mujeres! de Claire Booth Luce, dirige Carmen Montejo

Rafael Solana

¿Qué es lo que ha hecho María Julia Casanova para convertir en comedia musical la pieza teatral Mujeres, de Claire Booth Luce? ¿Ha vuelto a estructurarla, a escribirla, como da Ponte, Piave, Cammaraho, Boito, solían hacer con célebres dramas, para convertirlos en óperas? ¿Hizo siquiera lo que Joaquín Lanz para trocar Un bello domingo de septiembre, de Ugo Betti, en una especie de amable opereta? No; María Julia Casanova, nos permitimos comentar que por fortuna, no ha hecho nada; pone un prólogo de música viva, de jazz, con Tino Contreras, a la representación, como en otros teatros se toca un disco, antes de abrir el telón, y luego ha incrustado algunos números de play back, que nadie le agradece, con los que nadie se luce, y que no llegan a desvirtuar la obra ni a tacharla; se soportan esos intermedios como si fuesen comerciales en la televisión, y pronto se reanuda la obra sin que la interrupción nos haya afectado mucho.

Así, fundamentalmente ¡Ah, qué mujeres! es la vieja obra Mujeres que en Bellas Artes estrenó Pepita Meliá hace un cuarto de siglo, que luego le vimos en la sala 5 de Diciembre a Blanca de Castejón, y que en el cine hicieron, entre otras luminarias de la pantalla, Norma Shearer, Joan Crawford y Paulette Goddard. y qué bueno que sea la misma, pues es una comedia excelente, con todas las virtudes que puedan exigirse a una obra de ese género: gracia en los diálogos, ingenio en las situaciones, humanidad en los caracteres, fina observación de costumbres, y además de todo eso y como una especie de mensajes ciertos muy sanos consejos a cerca de la inconveniencia de los divorcios precipitados, por dignidad mal entendida, por chismes, por hacer caso a amigas malévolas o por lo menos frívolas.

Mujeres fue una comedia de corte muy moderno, en la época de su estreno con pluralidad de escenarios y muchos personajes centrales; ahora los cantos intercalados y los desfiles como de music hall, al principio y al final, la modernizaron todavía más, de tal manera que en ningún momento nos ofrece la impresión de estar viendo una obra envejecida, sino perecedera, para quienes no la conocieran, un estreno de gran actualidad. Como toque de época la nueva autoridad le ha puesto donde la anterior dijo “rojo sangre”, “rojo a go go”, como color de uñas; también le puso Estrella a la que se llamaba Crystal e hizo otros cambios igualmente superficiales.

Carmen Montejo, al presentarse como directora (en compañía de Nancy Cárdenas) no se muestra muy segura; hay alguna disparejura en las actuaciones, que son de diferentes estilos, sin unidad. Casi podría decirse que cada actriz ha tirado por su lado, de acuerdo con su temperamento o con su educación teatral. La que más se deja ver a lo largo de la obra, en la que está espantosamente vestida, es Lorena Velázquez, quien nos dio en todo momento la impresión de tomar como su ideal y como su modelo a Emma Arvizu, una actriz cómica sin duda muy eficaz, pero no siempre muy fina. De la señora Arvizu son casi todas las entonaciones de Lorena, que, siendo como es una mujer muy joven y muy linda, escogió hacer una caricatura de rasgos un tanto gruesos, si bien eso hace que su talento sea comprendido de un público más amplio. Por completo diferente, es decir, ella sí fina y relativamente sutil, está Sonia Furió, mucho mejor vestida, y bastante convincente en la parte tierna, romántica, de su papel, que es el que en el cine hizo la distinguidísima, delicada Norma Shearer; Gina Romand, que se anuncia con letras tan grandes como las otras actrices ya citadas, tiene menos papel, y también ella ha tirado por un camino fácil, subrayando mucho la vulgaridad de su personaje, a nuestro juicio innecesariamente. Se manifiesta mucho más brusca y hosca que encantadora e irresistible, y su personaje debió tener los dos aspectos.

Una sorpresa muy grata nos ha dado en su debut la chica Liz Wallace de Foronda, notablemente parecida a su mamá, Pituka, y con una voz y un desplante excelente, y muy capaz de emotividad en los momentos en que su papel eso requiere; esta chica arranca una de las más sinceras ovaciones de la obra. También nos gustó mucho la cubana Raquel Olmedo, a quien no conocíamos; esta actriz, mucho más linda vestida que desnuda, tiene ángel, y gracia, y un bello rostro, y buena voz magnífica. Yolanda Ciani nos pareció también una mujer muy guapa y una cumplida actriz.

En su papel cómico hallamos excelente a Isabelita Blanch, que da ejemplo de ponderación, de mesura y de buen gusto en su comicidad. Eva Calvo hace, muy bien los dos papeles por completo distintos; está tan digna y elegante en uno de ellos como divertida y vivaz en el otro. María Montejo tiene un papel algo descolorido y Lulú Parga saca mucho partido del suyo, que es cómico.

No podemos elogiar con sinceridad al pequeño, heterogéneo, pálido e innecesario cuerpecito de baile, ni muchísimo menos al coreógrafo; pero la escenografía de David Antón nos pareció buena, útil, práctica.

Recomendamos muy vivamente ¡Ah, qué mujeres!, no como comedia musical, aunque Tino Contreras y su grupo de jazz arrancan aplausos en sus intervenciones muy breves, sino como la estupenda comedia que siempre ha sido Mujeres, con una interpretación esta vez muy dispareja, pero en la que hay algunas actrices sobresalientes. Agradará, en lo general, a quienes la vean, aunque le encuentren algunas de las imperfecciones que aquí dejamos anotadas, o tal vez otras.