FICHA TÉCNICA



Título obra Drama pop

Autoría Alejandro Jodorowsky

Dirección Alejandro Jodorowsky

Elenco Sonia Amelio, Farnesio de Bernal

Espacios teatrales Teatro Xola

Productores Sonia Amelio y Alexandro Jodorowsky

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Drama pop, dirige Jodorowski]”, en Siempre!, 30 julio 1969.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   30 de julio de 1969

Columna Teatro

Drama pop, dirige Jodorowski

Rafael Solana

Una reposición que vale por un estreno ha sido la de Drama pop (tenemos la idea de que originalmente se llamó Un drama pop) que ahora puede verse en el teatro Xola, y que hace algún tiempo poca gente conoció en la Casa de la Paz. Se trata de un espectáculo excelente, que nada ha perdido de su frescura, y que volvió a hacernos la misma gracia, mucha gracia, que el día en que lo conocimos.

En Drama pop dos artistas de talento, Sonia Amelio y Alexandro Jodorowsky, sumaron su ingenio para producir una mescolanza que tiene novedad y buen humor a raudales. Parecería difícil lograr hilvanar en un todo elementos tan disímiles como los que se utilizan en esta extraña ensalada, en que ha de haber una bailarina española, una pianista chopiniana, una tañedora de crótalos con un número de concierto de origen rumano, una actriz cómica excepcionalmente dotada, una eficaz caricata, que ha de ridiculizar el melodrama cinematográfico de los años 20... y todas estas personas no son sino una sola: Sonia Amelio, que se hace acompañar solamente de sus dos hermanas, y discípulas, Beatriz y Xóchitl, de otra alumna suya, la señorita Margarita, y de un actor bailarín invitado, en el caso actual, Farnesio de Bernal, y en la temporada de estreno Guillermo Keys, que, es justo rendirle este homenaje en el recuerdo, también acertaba notablemente en su interpretación, como ahora lo hace Farnesio.

Es verdad que la mano de Alexandro se hace notar en muchos momentos, sobre todo en algunas escenas de mímica, herencia legítima de Marcel Marceau, que Jodorowsky disfruta y hace disfrutar a quienes le siguen; también en la decoración, que consiste en telones con imágenes de arte popular, que juegan muy bien en las situaciones en que se les invoca, pero sobre todo brilla Sonia Amelio, que es no solamente el centro, sino en realidad todo el espectáculo; apenas hay un solo número, de dos minutos, en que ella no está en escena, sino descansando en un bailable y cambiándose de ropa.

Si el propósito de la obra fuese solamente darnos muestras de diversas habilidades (“un quemón”) de la señorita Amelio, alguna de las cuales entra con calzador (como la ópera que cantaba la señorita Rivas en La soñadora) ya podríamos decir que estaba esa meta ampliamente alcanzada; pero no se trata de tal exhibicionismo, un tanto presuntuoso, sino de, aprovechando todas esas habilidades, ensamblar un espectáculo divertido, cómico, que no deja de hacer sonreír, y a veces francamente reír, al espectador, desde la primera escena hasta la última. Hay en la sucesión de pequeños cuadros algunos que verdaderamente alcanzan la maestría y hacen la delicia del público; señalaremos, por ejemplo, como uno de los más cuajados, aquél en que la solterona toca el piano acompañada por su perico; o el de las dos taquígrafas que se saludan y se cuentan los chistes del día antes de comenzar su trabajo; o el del suicidio del loro, que pone su nota de ternura entre las risas de la comedia; o el típicamente alexandrino del paso del tiempo, entre los actos primero y segundo. Todos esos instantes felices hacen del drama entero una de las piezas de comicidad más legítima, más fresca y más sana que podamos recordar, y que, como casi no tiene palabras, podría ser venturosamente llevada a cualquier país, de cualquier idioma.

Nos felicitamos de que Sonia Amelio haya tenido la idea de resucitar, por pocas semanas, esta obra que es para ella un triunfo, y también para los artistas que la acompañan, entre los cuales Farnesio de Bernal merece una especial mención. Ojalá que tenga esta breve temporada el gran éxito de público que se merece.