FICHA TÉCNICA



Título obra Los albañiles

Autoría Vicente Leñero

Dirección Ignacio Retes

Elenco Luis Aragón, Mario García González, José Carlos Ruiz,, Octavio Galindo, Aurora Rivas, Alberto Gavira, Salvador Sánchez, Raúl Bóxer, Gabriel Retes, José Ramón Enríquez, Guillermo Gil, Eugenio Cobo

Escenografía Félida Medina

Espacios teatrales Teatro Antonio Caso

Productores Ignacio López Tarso

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Los albañiles de Vicente Leñero (continuación)]”, en Siempre!, 16 julio 1969.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   16 de julio de 1969

Columna Teatro

Los albañiles de Vicente Leñero (continuación)

Rafael Solana

Dos cosas se nos ocurre agregar a nuestro comentario de la semana anterior acerca del estreno de la obra de Vicente Leñero Los albañiles, en el teatro Antonio Caso y bajo la dirección de Ignacio Retes.

La primera, la rara unanimidad de la crítica para elogiar la obra y cuanto con ella se relaciona. Podría decirse que se ha volcado esa crítica, con entusiasmo desbordante, para aclamar la aparición de esta gran obra, y la perfecta realización de su montaje escénico. En vez de buscar los prietitos en el arroz o de aplicar la lupa para tratar de encontrar alguna imperfección en tan rara perla, los críticos por esta vez han dedicado su espacio para señalar los méritos que saltan a la vista, de la obra estrenada, y de todos cuantos en su interpretación han intervenido, desde el productor hasta el último de los actores.

En segundo término, se nos ocurre señalar el gran acierto del productor, Ignacio López Tarso, al salirse del camino trillado por todos los demás productores de México, y seguir el camino justo, el camino lógico, que es incomprensible que todos los demás no vean. Los demás productores, a comenzar por personas a quienes admiramos tan ilimitadamente como doña Dolores del Río, muy señora nuestra, o por Manolo Fábregas, gran director, gran empresario, gran actor, gran cantante, pero gran malinchista y gran apátrida, para terminar con Rafael Banquells, que después de todo no está en su patria, o con Chucho Salinas, que en el pecado lleva la penitencia, en cuanto tienen 10 mil pesos para invertir en una operación teatral, lo primero que hacen es tomar el avión, o el autobús, o aquello para lo que les alcance, y volar a correr en Nueva York, o a Londres, o de perdida a San Antonio, para ver qué es lo que les ha gustado a los ingleses, a los neoyorkinos o los texanos, y volver a México con la boca abierta por su deslumbrante descubrimiento para alfabetizarnos y apantallarnos con cualquier cosa, de cualquier tamaño o de cualquier clase, con tal de que haya gustado en Broadway, o aunque sea en Brownsville. López Tarso, inteligentemente, lo que hizo fue buscar un autor mexicano de talento, encargarle una obra, y eso poner; crear, no imitar. Ahora, que vengan de Broadway a copiarle su producción a él. Eso será para él una satisfacción y un orgullo mucho mayores que ir a sacar una calca de lo que se hace en el extranjero para eso dar al público de México.

Desgraciadamente, sospechamos que otro López Tarso sea tan difícil de encontrar en el terreno de la producción como en el de la interpretación; si en este último caso es non (aunque no le falten imitadores) mucho nos tememos que en otro nadie vaya a intentar imitarlo y también se vaya a quedar solo (con la excepción de Héctor Azar, que ha montado Medusa y Yo también hablo de la rosa, de Carballido, y también sus propias elucubraciones, y, tal vez, con la de la Unión Nacional de Autores, si está este año en la posibilidad de dar temporada.

Ojalá que el enorme triunfo de Leñero sirviera de lección a los empresarios y las empresarias que creen que sólo de Broadway puede venirnos la salud, y que nada puede triunfar aquí que no traiga la bendición del New York Times o del Daily Mirror.