FICHA TÉCNICA



Título obra Don Quijote de la Mancha

Autoría Miguel de Cervantes Saavedra

Notas de autoría Salvador Novo / adaptación

Dirección Manolo Fábregas

Elenco Claudio Brook, Nati Mistral, Oscar Pulido, Raúl Lavie, Graciela Saavedra, Marco Antonio Saldaña y Olga Enríquez, Belén Amparán, , Gustavo Castellanos, Ángel Casarín, Enrique Fuentes

Escenografía Julio Prieto

Coreografía Fernando de Azevedo

Música Mario Ruiz / director

Productores Lew Riley

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra en adaptación de Salvador Novo]”, en Siempre!, 5 marzo 1969.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   5 de marzo de 1969

Columna Teatro

Don Quijote de la Mancha de Miguel de Cervantes Saavedra en adaptación de Salvador Novo

Rafael Solana

La novela El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, de Miguel de Cervantes Saavedra, cumbre de un género y pináculo de una lengua, se ha prestado (como Romeo y Julieta, como Fausto, y otras obras célebres) a muchas adaptaciones; Gustavo Doré convirtió en una serie de grabados, y Andrés Salgó en una de óleos; Wilhelm Kienzl en una ópera, y Richard Strauss en una fantasía, tema y variaciones, para gran orquesta; alguien más en un bailete, del que sólo se conserva en los programas el pas de deux; los rusos y los españoles en sendas películas con Fiodor Chaliapin una y con don Francisco de la Rieguera y Pérez la otra; don Salvador Novo en una bella obra de teatro para niños, y Dale Wasserman y Mitch Leigh en una comedia musical, a la manera de Mi bella dama o de Oliver; como también ya la habrán hecho de seguro historietas, no le falta ya ser sino telenovela para haber recorrido todos los géneros.

Para los públicos sajones, ante los que ya tuvo enorme éxito, tiene esta obra la novedad del ambiente exótico, y, sobre todo, de la extraña música; a nosotros no nos parecen raros ni uno ni otra; pero ante nuestros auditorios tiene el encanto adicional de que va despertando ecos de cultura; oíamos a nuestros vecinos decir, con satisfacción, haciendo gala de su educación literaria: “Ese es el barbero”, o “Ahora llega el caballero de los Espejos”.

Reducir a dos horas un libro que en alguna de sus ediciones más famosas (la de clásicos castellanos) ha dado para ocho tomos es tarea ardua; Novo lo hizo mejor; si descontamos el tiempo que requieren las canciones, queda muy poco para contar la historia, una pequeña, pequeñísima parte de la historia, no más de media docena de los más conocidos episodios. Los adaptadores habrán tomado la obra como quien toma una alcachofa, arrancándole hojas, y hojas, y hojas, para no dejar sino el corazón. Quedan solamente las situaciones básicas, y el mensaje. Por ejemplo, Sancho Panza, “costal de proverbios”, no tiene tiempo de decir ni uno.

Parte de las dos horas que dura la representación, que es continuada y sin intermedio, se emplea en escenas que no son del Quijote, sino invención de los adaptadores, y en las que se hace aparecer a Cervantes en la cárcel, para introducir, por un procedimiento ingenioso, la narración, hecha por él mismo, de los momentos principales de su novela.

Manolo Fábregas, que se pinta sólo para este género, en el que se anotó ya antes aciertos notables, ha dirigido con gran habilidad, con el ritmo apropiado, poniendo los toques de baile y de canto necesarios para que no quede en la representación nada descuidado; para el baile se valió de Fernando de Azevedo; para la música, de una orquesta, rica en metales, que dirige Mario Ruiz Armengol, y para el canto echó mano de estrellas de nuestra ópera. Tuvo la fortuna, o el acierto, de encontrar para el papel principal a un actor excelente que no sólo da el tipo perfectamente, sino atina con una actuación notable, y que además resulta, para nuestra sorpresa, un cantante suficiente, que no nada más cumple con la parte (como Manolo cumplía con la suya al cantar el maestro Higgins) si no llega a brillar y a arrancar ovaciones; ese actor es Claudio Brook, el héroe de El hombre de la Mancha y su principal triunfador.

Como hizo con Hello, Dolly, Manolo nos obligará a volver, y a ver la obra por lo menos dos veces, para conocer a sus dos intérpretes femeninas. Nos tocó a nosotros ver, en la noche de su presentación, a la señora Nati Mistral, importada de España; mujer todavía guapa, desenvueltísima, con gran experiencia, una bella voz de mezzo, bien manejada; como actriz nos pareció que se pasaba un poco del término justo; hubo de interpretar a una mujer vulgar, y pareció preocupada por hecérnoslo notar repetidamente, no fuera a pasársenos; con la mitad de la mitad ya habría estado bien; abusa de gestos y de movimientos toscos, y aun sucios; casi nos está diciendo y gritando: “observad que sólo actuó, que yo no soy así”. Al final cambia, y se pone sentimental; logra muy bien esa mutación de carácter; nos parece una actriz y cantante excelente, y la aplaudimos con mucho entusiasmo.

Oscar Pulido, en el papel tercero en importancia, todavía no está como pez en el agua; se le siente maniatado, incómodo al tener que sujetarse al papel; ya irá soltándose, tememos, y ajustando el personaje a su propia personalidad; por ahora, le cuesta algún trabajo obtener las mismas risas que generalmente obtiene; pero alcanza buenos momentos, y también fue muy aplaudido.

Quien nos pareció muy mal, estirado, tieso, monocorde y antipático fue Raúl Lavie, tal vez descuidado por el director, y sin ángel; habría que volver a ponerle la parte (otros días hará el papel de don Quijote; ya iremos a verlo) porque como está, es un manchón de la obra.

Graciela Saavedra, Marco Antonio Saldaña y Olga Enríquez, excelentes cantantes de ópera (como Belén Amparán, a quien todavía no vemos en el papel de Aldonza, pero de quien se nos ha dicho que está notable) cumplen más que bien con la parte cantada; Saldaña está además muy correcto como actor; la señora Enríquez exagera de lo lindo, y Graciela está discreta, pues su parte no permite más. Canta y actúa bien, aunque su maquillaje nos pareció grotesco, Gustavo Castellanos; en una parte pequeña vimos a Ángel Casarín, que otras noches hará otra mayor; Enrique Fuentes, en su papel de barbero, se sirve con la cuchara grande y da aires de zarzuela de género chico a lo que, con la actuación fina de otros actores, los tenía de ópera.

Julio Prieto ha hecho un escenario único brillante y no muy costoso, y ha puesto una buena iluminación.

Creemos que con El hombre de la Mancha, obra interesante, de bellos pasajes musicales, ágil y graciosa, el productor Lew Riley va a apuntarse un gran éxito. Es desde luego espectáculo de lujo, de categoría (como Hello, Dolly) y el público no dudará en asistir, ni se sentirá defraudado; los precios autorizados (que son los de Hello, Dolly) harán posible la recuperación, y hasta tal vez alguna ganancia, pues no parece esta obra tan cara como la otra, que tenía más escenografía, más ropa, más cuerpo de baile. Principalmente la recomendamos como un gran triunfo personal de Claudio Brook y como una lograda representación musical, con voces que cuentan entre las más distinguidas que tiene actualmente el bel canto en México. Y como una producción tan cuidada y tan honorable como las mejores que dentro de ese aquí poco conocido género hemos visto en México.