FICHA TÉCNICA



Título obra Del brazo y por la calle

Autoría Alejandro Mock

Dirección Carlos Ancira

Elenco María Eugenia Ríos, Oscar Morelli, Álvaro Carcaño

Espacios teatrales Teatro 5 de Diciembre

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Del brazo y por la callede Alejandro Mock, dirige Carlos Ancira]”, en Siempre!, 26 de febrero 1969.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   26 de febrero de 1969

Columna Teatro

Del brazo y por la calle de Alejandro Mock, dirige Carlos Ancira

Rafael Solana

Una interesante prueba está haciendo Jorge Landeta que todavía a veces se acuerda de que fue experimental, y que no nada más se trata de tirar golpes seguros (y a veces bajos) a la taquilla; en su teatro 5 de Diciembre ha dado la oportunidad a dos jóvenes actores y a un nuevo director de lucirse y de probarse, y al público de ver algo distinto de lo que el propio Landeta suele ofrecerle en su cadena de salas.

Ha desempolvado Landeta una vieja obra, de unos 40 años de edad, que aquí conocimos hace posiblemente 30, y si no, muy pocos menos: la de Alejandro Mock Del brazo y por la calle con la que ese autor chileno trasplantó a nuestro continente y adaptó a nuestro idioma un género teatral que a su vez 40 años antes había estado de moda en París, el género llamado de ménage, o sea el que consiste en llevar a escena situaciones de alcoba, conflictos y alegatos entre matrimonios; pero no se ha limitado Landeta a resucitar este cadáver, sino ha pretendido galvanizarlo; para ello encomendó la dirección a un hombre joven e inquieto, que introdujo en la representación muchas novedades, muchas variantes, con respecto a las veces anteriores en que hemos visto esta obra, a artistas máximos, tales como doña María Tereza Montoya y don Fernando Soler, o Marga López y Manolo Fábregas, o posiblemente también Clementina Otero y don Alfredo Gómez de la Vega.

El primer efecto afortunado de la nueva dirección es que no tenemos constantemente en la memoria a los antiguos intérpretes de la pieza, contra cuyo recuerdo a los nuevos les habría sido penoso luchar; resulta otra cosa, otra obra, aunque tenga el mismo texto; y de esta manera los actuales artistas descartan el peso de aquella desventaja tremenda que era permanecer siempre al lado de los otros para ser medidos. Ancira ha vivificado la pieza, le ha dado nuevo sentido, una movilidad que ese largo diálogo no conocía; introdujo un personaje nuevo, mudo ( a la manera de la mujer de Con la frente en el polvo) que anima algunas escenas; puso a contribución el cine, lo que no es nuevo, pero viene al caso, aporta un sentido, da variedad al espectáculo; hay, sin embargo, algo en que evidentemente la versión moderna pierde con respecto a las antiguas: los bailes; los de antaño tenían más nobleza, más plasticidad y mejor ritmo; los saltos actuales, un tanto simiescos, rayan no pocas veces en lo grotesco, en lo espasmódico; no son amables deslizamientos, como convenía a la evocación que de ellos se hace, sino brincos eléctricos y zoológicos. Leoncio Nápoles, que está ahora poniéndose de moda (véase el canal 8), supo resolver con habilidad el problema escenográfico y ambientó con atingencia la obra.

La sorpresa principal consiste no en descubrir que la vieja obra de Mock, uno de los clásicos de nuestro teatro continental, sigue viva, e interesa de principio a fin, ni en averiguar que Carlos Ancira tiene como director talento, cosa que ya podía sospecharse por el muy grande que ha demostrado como intérprete, sino en hallar que dos artistas de tan modesto renombre como María Eugenia Ríos (la recordamos en Las alas del pez) y Oscar Morelli (últimamente lo vimos en Mamá con niña) pueden no nada más sacar adelante una pesada obra de dos personajes, que fue considerada digna de ellos por nuestra actriz máxima y nuestro actor mayúsculo de otro tiempo, sino sacarla bien; ambos están excelentes, sinceros, sentidos, emotivos, variados; en ningún instante resultan insuficientes, ni aun en las escenas más intensas. Triunfo personal que debe calificárseles de insigne, dada la magnitud de la tarea que acometieron, también merece aplausos, en su parte mímica, que es pequeña, el buen actor Álvaro Carcaño, a quien ya aplaudimos en Ese extraño animal, en que ya hacía varios papeles en forma brillante. Ojalá que el público responda a Del brazo y por la calle, que es obra que, con su nueva dirección y sus nuevos intérpretes, vale la pena volver a ver.