FICHA TÉCNICA



Título obra La vida es sueño

Autoría Pedro Calderón de la Barca

Notas de autoría Luis María Martínez / aprobación eclesiástica

Dirección Cipriano Rivas Cherif

Elenco Miguel Maciá, Dalia Íñiguez, Eduardo Casado, Nicolás Rodríguez, Carmen Salas, Jorge Martínez del Hoyos, Francisco de Valera, Pilar Crespo (Pin) Jorge Martínez de Hoyos

Escenografía Juan Soriano / escenografía

Notas de escenografía Salvador Bartolozzi / decorados

Grupos y compañías Teatro Español de América

Notas de grupos y compañías Cipriano Rivas Cherif / director

Espacios teatrales Teatro Virginia Fábregas

Referencia Armando de Maria y Campos, “La vida es sueño, de Calderón de la Barca, en el Fábregas, en una excelente interpretación”, en Novedades, 30 diciembre 1947.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

La vida es sueño de Calderón de la Barca, en el Fábregas, en una excelente interpretación

Armando de Maria y Campos

Ante escasa concurrencia –inexplicablemente– continúa presentándose en el Fábregas, por la compañía de Cipriano Rivas Cherif, el drama filosófico de Pedro Calderón de la Barca La vida es sueño escrito, como se sabe, el año 1635, mismo al que pertenecen su drama El médico de su honra, su comedia El mayor encanto, amar, y durante el cual murió Lope de Vega y se publicaron Deleitar aprovechando, miscelánea de Tirso de Molina y cuarta parte de sus comedias, con doce, entre ellos Don Gil de las calzas verdes, y la primera parte de las comedias de Pérez Montalván y en el que Ribera pintó su maravilloso cuadro la Inmaculada Concepción.

La vida es sueño –obra maestra del teatro clásico español, que se compara en valores con el Fausto de Goethe, el Hamlet de Shakespeare– fue, aunque ahora se crea imposible, "obra de repertorio" en los teatros de México durante la Colonia, en muchas temporadas; en el siglo XIX se representó con frecuencia, por Leopoldo Burón, particularmente, y por Miguel Muñóz y Ricardo Calvo en el XX. Ahora interpreta el Segismundo protagonista un mozo español, novel actor aún. Si a Maciá le falta un punto de madurez para lograr un Segismundo perfecto, su afición, su juventud, su voz y su talento le ponen a flote y le permiten navegar con desahogo por las procelosas aguas oceánicas del –ahora– tan difícil teatro clásico español. "Pues que la vida es tan corta, soñemos, alma, soñemos...", dirá, con razón, Maciá; y nosotros también.

La vida es sueño es un drama simbólico, con una intriga secundaria –que es lo que va buscando al teatro el público de ahora, envenenado de "romance" cinematográfico–; un exaltado canto a la libertad, en el que el protagonista comprueba que el ave, el pez, el arroyo, el bruto, gozan de ese bien que a él se ha negado, teniendo más almas y mejor instinto, más albedrío que ellos. Un rey, simbólico también, arrepentido de tener a su hijo en aquellas condiciones, pensando que los vaticinios de los astros pueden estar equivocados, pone a prueba las virtudes de su hijo, y, después de administrarle un narcótico, le traslada al palacio, y ya en su condición de príncipe le deja gobernar, es decir hacer. El resultado es el lógico: arrepentido el rey de la prueba, manda que duerman otra vez a Segismundo, y lo vuelven a la torre de su cautiverio, donde al despertar, ni sabe si está soñando, o soñó su estancia en el poder. Despierta la razón y aparece la duda, Segismundo duda como Hamlet:

¿Qué es la vida? Un frenesí,
¿Qué es la vida? Una ilusión,
una sombra, una ficción,
y el mayor bien es pequeño,
que toda la vida es sueño,
y los sueños, sueños son.

Maravilla en La vida es sueño que Calderón haya sido capaz de convertir en materia escénica las ideas más abstractas, y el que se haya llevado al teatro –para el vulgo de su tiempo; para todos en cualquier tiempo–, lo más sublime del sentimiento poético y del pensamiento filosófico. ¿Encontró Calderón la idea fundamental de su drama en la leyenda de Buda, o en un cuento de las Mil y una noches, como algunos suponen? ¿O en los sermones que escuchó en los templos de Madrid, como cree el P. Olmedo? ¿O en la tragedia de Sófocles, Edipo, en la que aparece el concepto de que "el delito mayor del hombre es haber nacido"?... Lo cierto es que la obra gana en valores universales cada día, y es una de las pocas del teatro clásico español que sigue representándose.

La inmarcesible pieza calderoniana abunda, como es natural en un teatro simbólico en monólogos que adquieren un realce extraordinario por su perenne actualidad:

¡Ay, mísero de mí! ¡Ay, infelice!
Apurar, cielos, pretendo,
ya que me tratáis así,
qué delitos cometí
contra vosotros, naciendo;
aunque si nací, ya entiendo
qué delito he cometido;
bastante causa ha tenido
vuestra justicia y rigor,
pues el delito mayor
del hombre, es haber nacido...

Con emocionado arrebato viril –como de quien sabe bien lo que es haber perdido la libertad– el joven de cinco lustros, Miguel Maciá, dice este monólogo, y toda su parte del Segismundo, en una interpretación de La vida es sueño excelente de verdad, durante la que también brillan el talento de representar y el dominio de la dicción de dos recitadores –cubanos– consagrados en estos menesteres de decir bien y con emoción el verso: Dalia Íñiguez (Rosaura) y Eduardo Casado (rey Basilio). Un actor veterano y muy dueño de su oficio, Nicolás Rodríguez, se encarga de animar con sus bromas, para el vulgo que paga por divertirse, la sombría tragedia de Segismundo, haciéndola de gracioso (Clarín), y un escogido equipo de actores jóvenes y con su poquita de experiencia escénica –Carmen Salas, Jorge Martínez de Hoyos, Francisco de Valera–, completa la interpretación de esta obra excepcional que se mueve en un clima arbitrario y convencional, que Rivas Cherif con la colaboración de Soriano y Bartolozzi, materializó con fantasía del mejor gusto, lo que, para desgracia de los tres, no satisfizo a la mayoría de quienes hacen la crónica y la gacetilla ¡y las columnas! de nuestra fugitiva actualidad teatral; lo que ha repercutido, como es natural en el interés del público, tan atento a justificar su falta de interés.

Digamos, como Segismundo:

Mas sea verdad o sueño,
obrar bien es lo que importa
si fuera verdad, por serlo,
si no, por ganar amigos
para cuando despertemos...