FICHA TÉCNICA



Título obra Ese animal extraño

Autoría Gabriel Arout

Dirección Maruxa Vilalta

Elenco Carlos Ancira, Patricia Morán, Álvaro Carcaño, Alberto Gavira

Espacios teatrales Teatro Orientación

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Ese animal extraño de Gabriel Arout, dirige Maruxa Vilalta]”, en Siempre!, 21 febrero 1968.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   21 de febrero de 1968

Columna Teatro

Ese animal extraño de Gabriel Arout, dirige Maruxa Vilalta

Rafael Solana

Dijo Rodolfo Gaona, en alguna de las varias largas entrevistas que concedió a la prensa con motivo del cumplimiento de sus ochenta años de edad, que a la de treinta y siete, cuando decidió retirarse, ya podía con todos los toros. Tal vez por una edad así anden ya don Ignacio López Tarso y don Carlos Ancira, dos actores teatrales de los que pueden afirmarse que ya pueden con todos los papeles, al grado de que no deba ya esperarse, imaginarse siquiera, ir a verlos mal alguna vez, que tropiecen, que desacierten, que fallen en alguna interpretación.

Son estos dos artistas, y perdón por seguir hablando de los dos, cuando no viene al caso sino uno solo de ellos, de una misma cuerda; ni son galanes, ni lo fueron nunca, y así ni tuvieron la tentación de aprender a tocar la guitarra y de montarse en un caballo blanco, para convertirse en héroes de baratas series cinematográficas, ni se atuvieron a su físico para impresionar desde el escenario, sino escogieron dedicarse con tesón al estudio de su arte hasta dominarlo y llegar a ser en él verdaderos maestros. Es una lección ir a ver a cualquiera de ellos, no digamos ya en el estreno de una nueva obra, sino hasta en alguno de sus ensayos, y observar el respeto con que han aprendido el papel hasta tenerlo perfectamente dominado, y sobre todo, el trabajo que se tomaron de penetrarlo, de entenderlo, de interiorizarse en él hasta la identificación. No es para ellos el hacer un papel simplemente recitarlo, como hacen algunos de sus colegas (sobre todo, como hacían en la época en que se estrenaba cada semana); lo más admirable de ellos no es su buena pronunciación, magnífica en ambos, sino que ningunas palabras son para ellos mera música, sino tienen un sentido, que ellos han penetrado y que se proponen transmitir al público.

Todo esto viene al caso no por López Tarso, de cuya interpretación del papel del rey Berengo I ya aquí hablamos, a su tiempo, sino por Carlos Ancira, que ha agregado un nuevo eslabón a su carrera de triunfos al estrenar, en el teatro Orientación la obra de Gabriel Arout Ese animal extraño, que es para él una nueva victoria.

La pieza requiere de cada uno de sus actores la interpretación de varios personajes, que participan en narraciones breves, como cuentos escénicos; pero tiene también un héroe central, una especie de narrador, que lleva el hilo, que pone las apostillas el comentario moral como el que los novelistas de los tiempos de Fernández de Lizardi solían deslizar entre los incidentes de sus narraciones; Ancira sabe personalizar a cada uno de esos seres diferentes, que el autor nos propone como ejemplos de ese extraño bicho que es el hombre; no es el menor de sus méritos el alcanzar, sin la utilización de payasada alguna toda la ironía aguda y por momentos dolorosa, que hay en esos personajes, y que es uno de los atractivos de la comedia. ¡Qué importante es que el actor sepa hacer llegar hasta el espectador el pensamiento de quien ha escrito la obra! Encontramos a Ancira, una vez más como siempre, digno de aplauso, en Ese animal extraño.

De la dirección de la pieza se ha encargado Maruxa Vilalta, la excelente autora que como directora, adelanta cada día más y que ya el año pasado estuvo en la terna de las mejores direcciones del año muy justificadamente. Ha sabido Maruxa dar a sus actores los movimientos justos, sin caer ni el quietismo, de algunos algo anticuados, ni en el mal de San Vito de algunos muy modernos, sino encontrando una naturalidad de buen gusto, que es un reposo para los espectadores.

Con ayuda de David Antón, no solamente el más laborioso y solicitado, sino sin duda uno de los de mayor talento entre nuestros escenógrafos, escogió la señora Vilalta de Yáñez una bella colección de litografías para ser proyectadas como fondo, y establecer el ambiente propio de cada cuadro, pues la obra requiere pasar con rapidez de las calles o los parques a interiores de casa, de despachos, y hasta de un barco o de un ferrocarril; los efectos deseados se lograron excelentemente.

Patricia Morán, ignoramos absolutamente si se va acercando ya, o si se propone acercarse alguna vez a la edad que mencionaba Gaona; pero es evidente que también va haciéndose dominadora, cada día, de mayor número de papeles; tal vez en esta ocasión se ha exigido de ella alguno, el de anciana, para el que aún no está lo suficientemente aventajada (no dije avejentada); pero en todos los demás de la obra está muy bien; no nos llama la atención que haya tenido votos como la mejor actriz del año pasado, en una obra, por cierto en la que no llevaba ella el principal personaje femenino. En cuanto deje de ser damita joven, será una primera actriz de talento; está ya a punto de dar ese paso; qué bueno, pues va a encontrarse en condiciones de desempeñar los mejores papeles del teatro, que casi nunca son de jovencita.

La obra de Arout, aunque tenga muchos personajes puede hacerse con poca gente, pues cada actor toma varios papeles; además de los dos artistas estelares ya mencionados, actúan en Ese animal extraño Brígida Alexander, que está un tanto excesiva, descomedida y explosiva, en el más importante de los papeles que le dieron, Álvaro Carcaño algo ruidoso, pero bien en los varios suyos, y Alberto Gavira a quien no conocíamos, y, salvo que le oímos alguna escena baja de tono (lo que sin duda habrá remediado inmediatamente) que cubre perfectamente los papeles restantes, que se ve que estudió con cariño; estos artistas completan una actuación pareja y, en conjunto, excelente de la que sin duda debe de estar muy satisfecha Maruxa.

La obra es menos modernista de lo que esperábamos del nombre de su autor; su filosofía sí es moderna, desencantada, amarga, depresiva; pero sus personajes no son absurdos; de los diferentes cuadros que la forman, estampas o viñetas, diríamos, para no decir sketchs, porque eso induciría a confusión, algunos son más felices que otros; alguno tiene una franca comicidad a la Gogol o a la Averchenko; otro tiene crueldad a la Arrabal; algunos harán solamente sonreír; otros dejarán alguna amargura, porque denuncian con severidad algunos aspectos, muy ciertos, de la conducta de este extraño animal que es el hombre y desarman a la vista del público algunos de los resortes de su alma.