FICHA TÉCNICA



Título obra Con la frente en el polvo

Autoría Luis G. Basurto

Dirección Luis G. Basurto

Elenco Luis G. Basurto, José Baviera, Magda Montoya

Escenografía David Antón

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Con la frente en el polvo de Luis G. Basurto]”, en Siempre!, 15 noviembre 1967.




Título obra Nilo mi hijo

Autoría Antonio González Caballero

Dirección Luis Aragón

Elenco Virginia Manzano, Miguel Córcega, Celia Manzano, Sonia Santa Cruz, Roberto Sosa, Octavio Galindo, María Manzo, Bárbara Gil, Zoila Castellanos, Gustavo Castellanos

Escenografía Benjamín Villanueva

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Con la frente en el polvo de Luis G. Basurto]”, en Siempre!, 15 noviembre 1967.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   15 de noviembre de 1967

Columna Teatro

Con la frente en el polvo de Luis G. Basurto

Rafael Solana

Por fin pudimos ir a ver personalmente la obra de Basurto, de la que tanto habíamos oído hablar; nuestra primera noche libre, tras prolongado encierro, la dedicamos a ir a conocer esa pieza, de un autor por el que tenemos el mayor respeto y la más grande simpatía.

No estaba lleno el teatro, es verdad; pero tampoco estaba vacío. Una concurrencia honorablemente copiosa siguió con el más vivo interés la pieza, sin pestañear, y la aplaudió, al final de cada uno de los dos actos, con vehemencia, como algo que lo había interesado profundamente.

No sabemos si Basurto escribió esta obra para aprovechar el estupendo traje de obispo que se había mandado hacer para actuar en Debiera haber obispas, una de sus obras favoritas, como actor y como director, o si se mandó hacer aquel traje pensando ya en que lo utilizaría para Con la frente en el polvo, si ya lo tenía en el magín. También es posible que haya escrito esta pieza cuando lo fue dejando sólo la compañía que llevó a Estados Unidos, y que se le fue desintegrando como una alcachofa a la que se le arranca hoja por hoja; tal vez quiso demostrar que solo, como Rambal, o casi, todavía podía seguir con su gira, como Haydn demostró que podía sostener el interés de una sinfonía, la de "Los adioses", aunque se les fuesen despidiendo (porque el príncipe no les pagara a tiempo sus honorarios) todos sus músicos; cualesquiera que hayan sido los motivos exteriores que lo orillaron a escribir esta pieza, Basurto ha acertado plenamente con una obra que tenemos por la mejor escrita de todas las suyas; su lenguaje es rico y siempre certero y su exposición de ideas es atinada siempre; su talento de constructor dramático (melodramático) puede brillar aun en un diálogo; no faltan los golpes teatrales, los efectos que de lleno llegan al público. Sólo una experiencia como la suya larga y fecunda, pudo permitirle con admirable habilidad resolver el problema de una obra de dos horas con solamente dos personajes que hablan, sin que, por cierto, se sienta la menor necesidad de que entrara un tercero; a cualquiera que hubiese llegado a tocar a la puerta habría habido que rechazarlo, porque no habría cabido en esta pieza.

Curiosamente, con personajes que se antojan propios del teatro antiguo, Basurto ha hecho una pieza muy moderna; se perciben alusiones a personas y sucesos recientísimos, de México y del mundo; y se toca un problema que si ya atacaron Flaubert en su Tentación de San Antonio y Eça de Queiroz en su San Onofre, dista mucho de estar manido y gastado; por el contrario, asume tintes de originalidad y de vigor.

Además de probar una vez más su talento de escritor, Basurto nos asombra en esta pieza con la que ha llegado a desarrollarse como actor; ya muchas veces lo vimos estar bien en papeles de todas clases, y especialmente en los cómicos; pero ahora toca una cuerda de mucho mayor responsabilidad; ha creado un personaje que tentará a muy buenos actores, y él sabe vivirlo con teatralidad, con fuerza, con énfasis. Se le dirá que está montoyesco (de María Tereza Montoya, no de Magda) pero eso será un elogio; como que la Montoya ha sido una actriz enorme. Basurto está teatral, que es como se debe estar en el teatro, está enérgico, está enfático, está fuerte; así lo pide el personaje que él mismo ha creado; el Hamlet tal vez haya que hacerlo de otro modo; pero este Agustín Cervantes hay que hacerlo así, porque así es. La gente se asombra de encontrar a un notable actor que no esperaba, y aplaude con vivo entusiasmo.

Otro menos audaz, se habría puesto a un actor mediocre, para brillar a su lado; Basurto se ha atrevido dar el otro papel de la obra a un gran actor, a uno de los mejores que hay en México, a don José Baviera; y por cierto, como que el papel es bueno, Baviera brilla en él, da cátedra, está magistral, así cuando habla como cuando escucha; pondremos esta interpretación suya en la galería de las mejores que le hayamos visto.

Hay un tercer personaje, mucho: una sombra, una mujer que viene a la memoria de quien está hablando; ese papel, meramente mímico (en Chicago lo estrenó Carmen Areu) ha sido dado aquí a Magda Montoya, que no es una actriz, sino una bailarina; ella sabe tomar las actitudes, asumir las expresiones, animar los gestos que dan brillantez insospechada a este personaje sin palabras, y para ella también hay merecidos aplausos al final de la función. Este es de seguro otro acierto de Basurto, en esta ocasión como director de la obra.

La escenografía es muy sencilla, y en ella ha atinado David Antón a crear un ambiente austero, y que no distrae al público de las palabras, que son lo más importante de la obra.

Consideramos Con la frente en el polvo como un verdadero acierto, múltiple, de Basurto; una obra perfectamente capaz de interesar, inquietar y aun asombrar a un gran público; la baratura de su montaje la hace apta para, después de que terminen sus exhibiciones en México, una larga gira, que tal vez podría durar años, en México y fuera de nuestras fronteras.

Nilo mi hijo de Antonio González Caballero, dirige Luis Aragón

Hace ya algunos años Pepe Aceves lanzó a un nuevo autor mexicano que llamó la atención: a Antonio González Caballero, con Señoritas a disgusto, obra que conquistó la simpatía del público. Más adelante conoceríamos otras dos obras de este creador: Una pura y dos con sal, que pareció a todos buena, y El medio pelo, pieza por todos conceptos excelente, magnífica, fuerte, con la que su autor se puso absolutamente en la primera fila.

Su siguiente obra, Nilo mi hijo, que conocíamos por lectura, tardó en estrenarse; antes vino otra, Los jóvenes asoleados, que significó un tropiezo (¿y quién no los ha tenido?) y decepcionó a muchos.

Pero al fin Miguel Córcega y Bárbara Gil, que fueron quienes pusieron antes Una pura y dos con sal, y también Los jóvenes asoleados, se han decidido a estrenar Nilo(1),resolviendo algunas de las dificultades que planteaba, optaron por poner diferentes actores para las distintas edades de algunos personajes; y consiguieron para el papel central, que es el de una madre, a Virginia Manzano (quien había estrenado Señoritas a disgusto), probablemente, ahora que ya no actúa doña María Tereza Montoya, la actriz más capaz, entre cuantas tenemos en México, para ese papel vigoroso y formidable.

La gente adivinó lo que venía, y produjo un lleno trepidante, la noche del estreno. La obra entró desde la primera escena; fue escuchada casi con religiosidad, aunque no faltó alguna inoportuna risa nerviosa, como siempre ocurre con los dramas de mucha tensión; el triunfo fue, puede decirse, absoluto.

Los dos primeros actos, no habrá quien los discuta, son magistrales; el tercero tal vez sí despierte alguna diversidad de opiniones; nos apresuramos, si hay polémica, a inscribirnos en el pro; a algunos parecerá exagerado, desorbitado, desbocado; a nosotros nos pareció valiente; González Caballero, a sabiendas del riesgo que corría, se atrevió a llevar las cosas hasta sus últimas consecuencias; puesto ya en el camino del melodrama, no temió, no retrocedió; llevó las situaciones hasta donde las habrían llevado O' Neill, o Ibsen, o Shakespeare; hay hálito trágico en ese acto final que enfrío algo a la gente, con respecto a los otros dos, pero que nos parece la salida lógica, la consecuencia inevitable del camino que todo había tomado en los dos actos anteriores.

Nilo es un melodrama, por todo lo alto a tambor batiente; y tal vez venga a demostrar que en México el melodrama tiene su público, como ya sabíamos; aquí triunfa Malditos, y ha triunfado Cada quien su vida, y triunfará Nilo ¿Para qué preguntamos más? Está claro que gusta el melodrama; aunque la moda de Europa dicte otra cosa. En México, sin embargo, hay snobs tan ridículos que cuando la arquitectura europea aconsejó mansardas, techos inclinados, de pizarra, para que resbalase la nieve, mansardas se hicieron aquí en la colonia Juárez, aunque nieve caiga una vez cada cuarenta años. Así ahora, si la moda de París manda teatro del absurdo, eso ponen algunos cursis, aunque no le interesen a nadie; perfectamente visto está, en cambio, que el público mexicano acepta y aplaude el melodrama en el que tenemos verdaderos maestros, y las modas de París váyanse al cuerno.

Ávido, silencioso, inquieto, siguió el público de la primera noche, más selecto y fino que el de las que sigan, este melodramón; por momentos hasta quiso participar, aconsejar al indeciso Nilo tomar un partido, y se oyó ese rumor que indica que está la concurrencia completamente metida en situación. El autor ha pintado, en forma magistral, el carácter de una madre dominadora, y el de un hijo débil, sujeto a ella, incapaz de resistirla; no se contentó con trazar estos caracteres con el más notable acierto, sino construyó su obra de manera que haya habiendo golpes teatrales, de enorme efecto, a lo largo de toda ella. Ya desde el primer cuadro, que es una viñeta perfecta, estalló una ovación, y no hubo telón que no fuese premiado con aplausos. Y al final (aunque el tercer acto haya enfriado un poco algunos) la ovación para el autor fue atronadora.

Pero también lo fue la del director, Luis Aragón, que se ha demostrado efectivo, eficacísimo, valiente también él, para llegar a donde había que llegar sin timidez; y hubo aprobación para el escenógrafo, Benjamín Villanueva; y, para los actores principales, aclamaciones casi delirantes.

Virginia Manzano... ¡qué inmensa actriz, para los papeles de gran escuela! Seguramente muchas actrices más irán a hacer, a su tiempo, esta madre; pero tenemos la impresión de que González Caballero pensó el papel para Virginia; ya en Las alas del pez le vimos algo en cierta medida semejante; pero ahora toma mucho mayor vuelo, toca cuerdas más agudas; y está imponente. A su altura está Miguel Córcega, que renunció a participar en el primer acto, pero que tiene materia suficiente, en los otros dos, para rayar a una gran altura; tiene escenas de arte mayor y otras en que tiene que representar una mediocridad y un sometimiento absolutos; pero también tiene que dar alguna campanada en escenas de patetismo a la manera de los antiguos, y en todo se muestra eminente. Nada nos extrañaría que se le propusiese como el actor del año (como sin duda a Virginia se le votará para el premio a la mejor actriz).

Pero también merece un elogio encendido Celia Manzano; desde hace algún tiempo no la vemos sino en papeles chicos (en La corbata, por ejemplo); pero ahora aquí tiene uno que, sin ser protagonista, tiene mucha importancia, y está perfectamente escrito; un papel que es uno de los mayores aciertos del autor; y lo dice doña Celia con la maestría más admirable; sus dos escenas separadas por años tienen un tono diferente, y las dos están hechas con perfección. Para ella también un aplauso apasionado.

Nos dio una sorpresa Sonia Santa Cruz, excelente en su papel, que llega a cobrar mucha fuerza; Roberto Sosa convence plenamente en el suyo; acierta de lleno Octavio Galindo en el de él, y María Manzo lo hace también en el de ella, que es pequeño; Bárbara Gil tiene poca ocasión de emplearse a fondo en su parte, que es de las que presentan menores problemas; llena muy bien su papel romántico y amable; Zoila y Gustavo Castellanos a pesar de su experiencia visiblemente menor, encajan en sus respectivos personajes.

Nos atrevemos a suponer que Nilo mi hijo será un gran triunfo de taquilla; además de ser una gran obra, perfectamente dirigida, y que contiene actuaciones sobresalientes, se ve que ha interesado mucho al gran público.

Gran año para el teatro nacional, éste en que tenemos al mismo tiempo en cartelera Malditos, Te juro Juana, Con la frente en el polvo y Nilo, todas ellas, cada una en su género, obras de la calidad más excelente.


Notas

1. La obra se presentaba como segunda función del programa. La primera era La voz de la tórtola de John Van Druten. A: M. Córcega.