FICHA TÉCNICA



Título obra Te juro Juana que tengo ganas

Autoría Emilio Carballido

Dirección Xavier Rojas

Elenco Emma Arvizu, Ricardo Fuentes, Mariela Flores, Dolores (Lola) Tinoco, , Enrique Muñoz, Braulio Zertuche, Guadalupe (Lupita) Quiroz

Espacios teatrales Teatro El Granero

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Te juro Juana que tengo ganas de Emilio Carballido, dirige Xavier Rojas]”, en Siempre!, 11 octubre 1967.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   11 de octubre de 1967

Columna Teatro

Te juro Juana que tengo ganas de Emilio Carballido, dirige Xavier Rojas

Rafael Solana

Una bella noche para el teatro mexicano ha sido el estreno en el Granero de Te juro Juana que tengo ganas(1),de Emilio Carballido, bajo la dirección de Xavier Rojas.

Carballido tiene una personalidad doble; por momentos parece acercarse a la mafia, y coquetear con el grupo de snobs que le aplauden y le exaltan, y otras veces, sin que se note que para ello se fuerce, acierta a crear obras de resonancia no solamente en un grupito pedante, sino de impacto en el público amplísimo, que rebasa nuestras fronteras, este ha sido el caso de la más ruidosamente triunfal de todas sus obras hasta ahora, Rosalba y los llaveros, a la que personalmente hemos visto triunfar en Buenos Aires, ante un público miles de kilómetros alejado de camarillas de mutuos elogios mexicanos, y fue también el de La danza que sueña la tortuga, obra premiada aquí en un concurso, y muy gustada del público; igualmente el de Felicidad, que hasta a los productores de cine interesó, y ahora es el de Te juro Juana, obra a la que auguramos un éxito de público que habrá de llevarla por lo menos hasta la Semana Santa del año próximo, a juzgar por el aplauso y la demanda de boletos de las tres primeras noches, en que se ha agotado el papel.

No hay evolución en Carballido, porque ya desde su primera obra tenía sabido el oficio de escribir comedias; posteriormente, en forma deliberada, ha hecho experimentos, ha intentado novedades que lo son sólo para México, y ha tratado de escapar a la rutina; pero no ha aumentado con todas estas plausibles inquietudes un solo codo a su estatura de escritor de comedias, desde el primer día seguro de su arte; en Te juro Juana, obra con la que no intenta descubrir ningún hilo negro, vuelve Carballido a la maestría que siempre tuvo, se muestra habilísimo relator, mantiene sobre el escenario viva siempre una gracia que le es propia, da al movimiento escénico un ritmo admirable, que hace que se sienta breve la comedia, sin serlo, y retrata, con mano segurísima, personajes sobre los que ya antes trabajó, y que son ya parte de su estilo, porque nos parecen parientes de otros de otras comedias del mismo autor; su Estánfor no deja de tener alguna relación con Lázaro de Rosalba, su criada facultosa e igualada nos suena también a conocida (es hija de las mejores de García Lorca, y nieta de algunos escuderos y de algunas dueñas del Siglo de Oro) y su Juana Feria tiene ribetes que la asemejan al personaje central de Las palabras cruzadas; pero este profesor, este Diógenes Feria que ahora ha creado Carballido, y a cuya corporeización en medida tan notable colabora el actor que lo vive, ése es un personaje que ya queda de una pieza, vigoroso y perdurable, en la galería de los mayores aciertos de Carballido como creador de tipos; éste sí es un personaje cómico dibujado por la mano del maestro, que hace pensar en el propio Molière, y deja pálidos a Moratín y a Bretón, y a muchos otros famosos comediógrafos.

Hasta algo que parece que el único defecto de la comedia, lo único que la abarata y la acorrienta un poco, el modo de hablar tergiversado de Estánfor, tiene su razón de ser, y está usado con premeditación y conciencia: Carballido sabe (como sabe todo lo que al teatro se refiere) que conviene, para una comedia de este tipo, poner, muy al principio, algún tipo o algún rasgo muy exagerados, que ayuden al público a soltar el trapo, a situarse en comedia cómica, pues con Carballido hay veces que no sabe la gente a qué va, si a algo patético, a algo social, hasta a algo político, o nada más, como en este caso, a una obra cómica; Estánfor nos enseña que de esto se trata, nos invita a descuidarnos, a ponernos intelectualmente en mangas de camisa, para gozar desenfadada y familiarmente de un espectáculo que es para todos, y no nada más para “los cultos”.

Ningún metal, ningún mármol mejor pudo hallar Carballido para esculpir su obra que el que le proporciona la estupenda compañía que le reunió el director Xavier Rojas, para dar realidad y grandeza a sus personajes, Xavier, a quien la crítica había tratado algo lánguidamente en su último trabajo, que se dijo que había hecho sin mucho cariño (y tal vez algo haya habido de eso) se ha sacado la espina, si aquello fue espina, y ha vuelto a brillar a una altura enorme, como si el regresar a su casa le hubiese devuelto la alegría del trabajo. Ha dado a la obra el ritmo pedido, que es agilísimo, la ha sostenido en un tono de buen humor que, aunque llega a lindar con la farsa, es siempre de comedia (no de alta comedia, que es otra cosa); y ha logrado, como suele hacer, que los artistas le rindan hasta lo que uno no creía que fueran capaces de rendir. Llévese Xavier, desde ahora, la parte que le corresponde, que es muy grande, en todos los elogios que en seguida vamos a volcar sobre el grupo de intérpretes.

Tenemos a Emma Arvizu por una actriz muy limitada; tuvo, allá en sus comienzos, un gran triunfo personal en el papel de Margot Barón, de Gigolo, que le vino mucho, y en que también estuvo muy bien dirigida; años después volvió a centrarse, también bajo una dirección excelente, en Señoritas a disgusto, de González Caballero pero en otras ocasiones no brilló, o lo hizo incompletamente: ahora, con un gran papel, que le queda como un guante, y con una dirección segurísima, no solamente iguala sus mejores triunfos antiguos, sino creemos que los supera; es Juana en persona; está salada, ágil, graciosa, intencionada, matizada; su creación del papel es verdaderamente deliciosa.

A Ricardo Fuentes lo conocemos desde hace 20 años, y por muchas causas le apreciamos, fue un eficaz portero de Macbeth, y ha hecho muchas otras cosas, que le han traído a veces aplausos, censuras a veces; pero lo que hace ahora con el papel de Diógenes, que estudió con profundidad y con visible afecto, eso lo remonta no nada más a lo que es por muchísimo margen la mejor creación de toda su carrera, sino a una interpretación que nadie habría podido hacer como él; se había hablado para, el papel de otros artistas; alguno de ellos maestro famosísimo y apellidadísimo; pero no podemos imaginar que nadie hubiera podido crear este personaje con la perfección con que Fuentes lo ha creado; es más: nos disponemos a ver en los próximos 20 años (que esperamos disfrutar de vida), muchas reposiciones de Juana, con muchas compañías, y no tememos que ningún actor en lo futuro vaya a igualar a Fuentes, que será para siempre paradigma de este personaje, y medida que no igualarán quienes en lo futuro lo encarnen.

Otra delicia, y otra sorpresa, fue Mariela Flores. Ya la hemos visto, digamos, cumplir, por ejemplo en Y quisieron ser toreros, ahora está encantadora en su personaje, que no es muy grande, pero que tiene una escena (como aquellas arias que los compositores agregaron a una ópera, La arlesiana, por ejemplo, o Tosca) para el lucimiento de la soprano, que no lo tenía en el resto de la obra; también a Mariela (o quizás a otra actriz que viniese al papel) le escribió Carballido un visi d’arte, en el monólogo, que requiere de mucho ángel para ser dicho, y con el que Mariela arranca una espontánea ovación, todo esto además de que luce muy linda, lo que no es novedad [sic].

Novedad tampoco es el triunfo, en su papel, de Lola Tinoco; nos hizo recordar, y estamos diciendo mucho, a doña Amalia Sánchez Ariño, la creadora de las mejores criadas de García Lorca, o a doña Prudencia Griffel, que, cuando tenía 20 años menos que ahora, hizo esos mismos personajes, que también Micaela de Castejón ha interpretado con mucha gracia. Lola está fresca, amable, graciosa, en la criada, que tiene poco, pero bueno, y sin la cual no saldría la comedia tan redonda y perfecta como sale.

También triunfa, en la medida de su personaje, Enrique Muñoz, que está de tipo y de actuación, exacto para su galancito, un poco de tarjeta postal, blanco de las ironías del autor, que lo ha ridiculizado en una medida amistosa, y, si no se ven con la soltura, la seguridad, la autoridad escénica o la experiencia de todo este estupendo cuadro, mucho hacen también los jóvenes Braulio Zertuche, en un papel difícil, y Lupita Quiroz, que completan una compañía que va a eternizarse en el Granero haciendo una obra que muchos serán quienes quieran ver dos o tres veces, y que nadie debe dejar de ver, pues es para todos los públicos.


Notas

1. El 21 de septiembre. Xavier Rojas medio siglo en escena. p. 156.