FICHA TÉCNICA



Título obra La galería del silencio

Autoría Hugo Argüelles

Dirección Gilbert Amand

Elenco Luis Bayardo, María Teresa Rivas, Alma Martínez, Roberto Resendiz

Espacios teatrales Teatro El Granero

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [La galería del silencio de Hugo Argüelles]”, en Siempre!, 23 agosto 1967.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   23 de agosto de 1967

Columna Teatro

La galería del silencio de Hugo Argüelles

Rafael Solana

No todas las cosas salen como uno quisiera que saliesen. Un dramaturgo, como un matador de toros, puede tener toda clase de actuaciones. Unas tardes hay suerte y otras no tanta. A medida que se va adquiriendo experiencia se va uno acostumbrando a “salir por todas las puertas”, como dijo “El gallo”, cuando le preguntaron si él había salido alguna vez, en Madrid, “por la puerta grande”.

Los toreros restan importancia a sus fracasos porque saben que no siempre les son por completo atribuibles; tal vez fue el aire, o tal vez el toro, que no se prestó a ningún lucimiento; también los dramaturgos que fracasan tienen a veces paliativos: una mala dirección, o la ausencia total de ella, una compañía medianeja o destemplada... y si no acude el público, pues... la temporada de lluvias, la falta de taxis, un apagón, o cualquier otro pretexto.

No creemos que Hugo Argüelles tenga que afligirse, ni muchísimo menos que enojarse porque su nueva obra, La galería del silencio(1), no haya tenido el éxito que han tenido las tres anteriores. En primer lugar, él mismo, que es profesor, y sabe de eso, tendrá que reconocer que, como pieza, dista muchísimo de parecerse a las otras tres; tiene menos originalidad, carece de sentido del humor, que era en las otras tres obras lo más sobresaliente, y por momentos se aproxima a la vulgaridad; al prescindir del humorismo negro, en el que es un genio, Argüelles se ató de manos; fue como un violinista que prescindiera del arco; se limitó muchísimo; tal vez quiso ensayar un camino diferente... pues bien, ya lo ensayó, y ya oyó decir, en todos los tonos, que por el otro camino iba mejor; Los cuervos están de luto, Los prodigiosos y El tejedor de milagros son comedias admirables, penetrantes, demoledoras, ingeniosas, atrevidas, valientes; La galería del silencio es un melodrama más, que no iguala ni a los de su papá Wilberto ni a los de su abuelo Basurto, ni a los de su bisabuelo Usigli, ni a los de su tatarabuelo Echegaray.

Si más arriba se han deslizado palabras como “fracaso”, que a nuestro juicio no vienen a cuento a propósito de La galería del silencio, ello se debe a la actitud de resentimiento que el propio autor ha adoptado, y que ha dejado trascender en sus transmisiones por televisión, con las que más se ha concitado enemigos que amigos, de seguro; es Argüelles mismo quien se considera fracasado, y vapuleado; a nosotros ni se nos habría ocurrido hablar de fracaso sino solamente de que el triunfo de Arguëlles esta vez, como autor, nos pareció inferior a los a nuestro entender muy grandes y muy brillantes que con sus otras piezas obtuvo anteriormente.

Y pensábamos decir que si la representación nos había decepcionado, probablemente no todo era por culpa del autor; desde luego juzgamos que la dirección(2), de un para nosotros desconocido, fue muy flaca y deficiente; y no encontramos tampoco de nuestro gusto alguna de las actuaciones; desde luego, la del personaje central, tampoco desconocido para nosotros, y que estuvo amargoso, tieso, soso, sin matices y sin proyección, nos pareció una buena figura para anunciar camisa, pero no un actor; a Luis Bayardo, que sí es actor, ya comienzan a despegársele los papeles de jovencito, y pronto va a tener que comenzar a hacer los de hombre chaparro; María Teresa Rivas hace dos papeles, como en Testigo de cargo, pero son esta vez dos personajes desvaídos y sin asidero; Alma Martínez tampoco está bien dibujada como esa intelectual izquierdista y muy hermosa que el autor concibió y que el director no pudo armar; Reséndiz, aunque ya tampoco da un chamaco, fue el que estuvo mejor, como actor; otro jovencito, cuyo nombre se nos ha escapado, realizó lo que parecía increíble: estar mal en un papel de afeminadillo.

En fin, poca obra, no mucho reparto, y ningún director... No podía esperar Hugo que le fuera igual que cuando le han hecho sus obras buenas Rambal, o Héctor Bonilla, o Carmen Montejo y Alicia Montoya... No nos explicamos por qué se enoja, ni de qué se queja, ni qué gana con hablar mal de críticos que, como hizo don Antonio Magaña Esquivel, se apresuren a ponerse el saco y a contestarles poniéndolo como camote.


Notas

1. Que se presentó en el teatro del Granero. P. de m. A: Biblioteca de las Artes.
2. Gilbert Amand. Idem.