FICHA TÉCNICA



Título obra Proceso Oppenheimer

Autoría Heinar Kipphardt

Notas de autoría María Dolores de la Peña / traducción

Dirección Xavier Rojas

Elenco Carlos Monden, Jorge Rado, Ángel Merino, Daniel Villarán, José Luis Caro y Víctor Eberg, : Eduardo Borja, Salvador Machado, Eduardo McGregor, Jorge Ponce de León

Espacios teatrales Teatro El Granero

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Proceso Oppenheimer de Heinar Kipphardt, dirige Xavier Rojas]”, en Siempre!, 24 mayo 1967.




Título obra Los lunes salchichas

Autoría Rafael Solana

Dirección José Antonio Brilla

Elenco Guadalupe Rivas Cacho, Ada Croner, Aurorita del Moral, José Antonio Brillas, Gonzalo Correa, Gonzalo Correa

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro Milán

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Proceso Oppenheimer de Heinar Kipphardt, dirige Xavier Rojas]”, en Siempre!, 24 mayo 1967.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   24 de mayo de 1967

Columna Teatro

Proceso Oppenheimer de Heinar Kipphardt, dirige Xavier Rojas

Rafael Solana

Hace muy bien Xavier Rojas en esforzare por presentar novedades; debemos agradecérselo; a esa inquietud se pueden atribuir muchos éxitos, y el que en cierta medida nos mantengamos en México al día en materia de espectáculos teatrales; él trajo: ¿Quién teme a Virginia Wolf?, por ejemplo, pieza que hoy está tan de moda en el mundo; y que aquí llegó ya a 200 representaciones; él presentó Una gota de miel y muchísimas otras obras modernas, algunas de las cuales le han significado ruidosos triunfos, francos aciertos.

No siempre ha de ser el caso. Habrá ocasiones en que la novedad de Xavier importe o encuentre en el público mexicano escaso eco. Mucho nos tememos que eso vaya a ocurrir ahora, con Proceso Oppenheimer, de Heinar Kipphardt (traducción de María Dolores de la Peña), obra que actualmente se representa en el Granero(1).

La técnica teatral de esta pieza fue nueva en los alegres veinte; muy joven estaba Anita Blanch cuando hizo, al mismo tiempo que las Erbeya en otro teatro, El proceso de Mary Dugan, o La araña, u otras piezas de jurados, y ya esa moda volvió hace años cuando Manolo Fábregas puso Testigo de cargo y otras comedias del género. En fin, lo interesante de aquellos jurados estaba en que se hacían esfuerzos por desentrañar un crimen, y el espectador se quebraba un poco la cabeza al imaginar quién podrá ser el asesino. En este Proceso, que mucho se parece a un jurado, no existe esa complicación, sino se trata de hacer reflexiones de orden moral, que si para muchos resultarán interesantes, es de esperarse que a muchísimos más les parezcan aburridas.

El reparto es completamente masculino, que hace a la obra recomendable para su interpretación en conventos, colegios militares, cárceles, como El duelo, de Inclán o En la tierra como en el cielo; pero para una gran parte del público la total ausencia de actrices dista mucho de ser un atractivo.

El espectador entendido, el verdadero aficionado al teatro, gozará la representación por su estupenda dirección de actores, y las actuaciones sobresalientes que varios de ellos alcanzan; pero el público ingenuo, sencillo, que no sepa catar esas delicadezas ni saborear el virtuosismo interpretativo, lo más probable es que bostece a lo largo de la representación, y no sería remoto que muchos clientes se durmieran.

Mencionaremos algunas de esas interpretaciones admirables de naturalidad, de vigor, de espontaneidad, que el director, Xavier Rojas, ha logrado. Desde luego, la de Carlos Monden, que hace el personaje titular de la obra, con verdadero arte, dentro de la escuela naturalista. Monden es ya un primer actor en toda la extensión de la palabra. Los cinco artistas que interpretan a los testigos, sin duda los papeles más pintorescos, de mayor colorido, logran ovaciones estupendas en sus viñetas; ellos son, por orden de aparición, Jorge Rado, Ángel Merino, Daniel Villarán, José Luis Caro y Víctor Eberg, algunos ya conocidos nuestros, otros nuevos ante nuestros ojos, todos brillantísimos; menos ocasión de lucimiento brindan los papeles de abogado, y jueces, pero en ellos también están excelentes aquellos de sus intérpretes que tienen el papel: Eduardo Borja, Salvador Machado, Eduardo McGregor, Jorge Ponce de León.

Así Proceso Oppenheimer viene a ser, más que una buena pieza teatral, más que un buen espectáculo divertido o grato, un severo concierto de buenos actores, que se lucen con primor, para convencer a los dilettanti. Tememos que ellos no sean tantos como para hacer que se quede largos meses en la cartelera este programa.

Los lunes salchichas de Rafael Solana, dirige José Antonio Brillas

El viernes de la semana pasada, un teatro de comedia de México estrenó una pieza mexicana(2), y otro repuso, con el acostumbrado cambio de título, una extranjera. La nueva pieza nacional, en la sala Milán, se llama Los lunes salchichas, y la reposición, que antaño llevaba el nombre de Mi mujercita, ahora se llama Ya, ya... deja dormir. Los datos acerca de que se trata de una vieja comedia nos los ha proporcionado el crítico don François Baguer; la empresa sólo anuncia la obra como de A. Paso, ¿Será del prolífico y joven Alfonso Paso, el autor de La corbata y de Desde Isabel con amor, o será de su hermano Antonio Paso Jr., o de su papá don Antonio Paso? Eso es por el momento un misterio.

Ya veremos y diremos. Al estreno, en caso de que lo fuera, no pudimos asistir, comprometidos por la amable invitación de la compañía del Milán. La comedieta allí no es cosa del otro mundo. Mal equilibrada, con un acto cortito y dos largos, se representa como si fuese en dos actos, el primero en dos cuadros o mejor dicho en un prólogo y dos actos; tiene seis personajes de igual importancia, lo que la hará chocantísima para las estrellas que quieren quedarse solas en el reparto, y que los demás sólo se coman las migajas. Obras de este tipo son siempre rechazadas con horror por las artistas más famosas y por los divos más celebrados.

Bajo la dirección, no muy experta ni segura de José Antonio Brillas, que anda debutando en estos menesteres, y con una escenografía de David Antón, no indigna de su fama, pero que no le dará nuevos premios, la comedieta se presta para que hagan reír al público los buenos artistas que la interpretan, y que logran, por parejo, obtener lucimiento y arrancar risas. Comenzaremos por mencionar a doña Lupe Rivas Cacho, que en uno de los papeles (repetimos que los seis tienen el mismo tamaño) encuentra sobradas ocasiones de hacer lucir su experiencia escénica, su vis cómica, sus tablas; es la que tiene más horas de vuelo, y se le conoce en la forma en que consigue dar colorido y gracia a sus parlamentos, que no siempre la tienen propia. La pieza, que pertenece a una trilogía de “escenas de la vida de familia” del mismo autor de Ensalada de Nochebuena y de Vestida y alborada, es de ésas en que no pasa nada, en que sin trama, o casi, por dos horas hablan y hablan los personajes reproduciendo situaciones que más o menos todo el mundo ha visto en su propia casa y en su propia familia. La misma acogida (favorable) que tuvieron las otras dos mencionadas comedias de este escritor habrá de tener, muy probablemente, ésta, que no es ni mejor ni peor que sus compañeras. Estas piezas requieren de mucha simpatía y mucha gracia en los artistas que las interpreten, y sólo deben atreverse con ellas quienes se sientan muy seguros de tener esas cualidades; como Marilú Elizaga, por ejemplo, o Gloria Silva y Carmelita Molina, que han estado en los repartos de las dos anteriores.

Esa gracia, esa simpatía, la tienen a raudales Lupe Rivas Cacho, a quien ya no es necesario recomendar, pues los adultos la conocen desde hace medio siglo, y los jóvenes ahora la están conociendo en la televisión, y Ada Croner, la notable actriz cómica que en la temporada que viene haciéndose en el Milán se ha revelado, primero con Mamá con niño, en que estaba admirable, y luego con Un marido perfecto, en que también se anotó un buen éxito. Algo menos madura que estas dos soberbias actrices y maestras, verde todavía, pero muy prometedora, al lado de ellas aparece la linda Aurorita del Moral, a quien conocimos el año pasado en Camerino de segundas y luego volvimos a ver en el Arlequín, en un papel pequeño. Aurorita también triunfa, en su medida, al lado de esas dos profesoras.

El cuadro masculino no está menos acertado. José Antonio Brillas se desenvuelve en un papel largo con la misma atingencia con que muchas veces lo hizo en otros menores, Gonzalo Correa, tan apuesto Don Juan Tenorio, adquirió experiencia al lado de Manolo Fábregas, y enriquece su personaje con gran cantidad de recursos cómicos, algunos de ellos de buena ley, ya que no todos; y da una grata sorpresa el joven esgrimista Jorge Mateos, a quien recordamos en alguna obra de Shakespeare, y que demuestra que puede convertirse en un eficaz y jocoso caricato, en un característico lleno de mañas y de trucos. Para todos ellos, unimos nuestro aplauso al que ya les tributó el público.


Notas

1. La obra se estrenó el 28 de abril. Xavier Rojas medio siglo en escena. p. 156.
2. El 12 de marzo en el teatro Milán. P. de m. Biblioteca de las Artes.