FICHA TÉCNICA



Título obra Cruce de vías

Autoría Carlos Solórzano

Notas de autoría Alejandro Jodorowsky / versión

Dirección Alejandro Jodorowsky

Elenco Javier Rúan, Patricia Morán, Héctor Ortega

Espacios teatrales Teatro Casa de la Paz

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Alexandro Jodorowsky dirige Cruce de vías de Carlos Solórzano y Escuela de bufones de Michel de Ghelderode]”, en Siempre!, 2 noviembre 1966.




Título obra Escuela de bufones

Autoría Michel de Ghelderode

Dirección Alejandro Jodorowsky

Elenco Zetina, Guillermo, Sergio Ramos, Javier Rúan, Farnesio de Bernal, Héctor Ortega, Ramón Menéndez, Pablo Leder, Gabriel Pingarrón, Juan Carlos Corzo, Valerie Trumblay, Carmen Cardona, Luis Robles, Adrián Ramos, Patricia Morán

Escenografía Alejandro Jodorowsky

Vestuario Alejandro Jodorowsky

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Alexandro Jodorowsky dirige Cruce de vías de Carlos Solórzano y Escuela de bufones de Michel de Ghelderode]”, en Siempre!, 2 noviembre 1966.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   2 de noviembre de 1966

Columna Teatro

Alexandro Jodorowsky dirige Cruce de vías de Carlos Solórzano y Escuela de bufones de Michel de Ghelderode

Rafael Solana

En la Casa de la Paz hemos visto una pequeña obra de Carlos Solórzano, que, deseoso de mantenerse siempre a la moda, mucho cambia, como es de sabios hacer, entre una y otra de sus creaciones dramáticas. De Doña Beatriz la sin ventura a Cruce de vías hay la misma grande diferencia que existe sin duda entre los peinados del sexenio de don Manuel Ávila Camacho y los del régimen actual.

A Cruce de vías, que es una obra más bien escueta, que difícilmente daría para un cuarto de hora de representación, el hábil director chileno Alejandro Jodorowsky la ha adobado con hallazgos personales suyos, la ha enriquecido hasta convertirla en un interesante espectáculo de 20 minutos. Dice Alejandro, en el prólogo hablado que ya se está acostumbrando a hacer a sus funciones, que a él le encanta modificar las obras, pues no tiene ningún respeto para los autores (una de 60 personajes, hace que la representen tres, y una de cuatro, 17); pero que esta vez no pudo corregir ni una sola línea del texto, pues el autor estuvo presente en todos los ensayos y no se dejó: "únicamente puse blanco donde decía negro, pero eso no tiene importancia porque es exactamente lo mismo”, dijo Jodorowsky, que colocó la acción del pequeño drama en una clínica, cuando el escritor pedía un andén de ferrocarril, y volvió psiquiatra al guardavías, agregando además un piano de dos pisos, en que una pianista tocaba suavemente las teclas mientras Alejandro con una cuchara raspaba con aspereza las tripas.

El público de la Casa de la Paz, muy selecto, disfrutó de las pequeñas y enjundiosas obras de Solórzano, cargada de implicaciones y de significados, trascendente, política y casi filosófica, con grandes cantidades de mensajes y de poesía y de interpretación de los sueños en su breves escenas; y se lucieron en ella los actores Javier Ruán, un joven galán que mucho promete, y Patricia Morán, que sacrificó (parcialmente) su belleza para hacer un personaje horripilante; Héctor Ortega sólo tuvo unas cuantas frases que decir, y las dijo.

Como plato fuerte, después de este entremés, se serviría en esa casa, dentro de ese programa, la versión alejandrina de la bella Escuela de bufones, de Michel de Ghelderode, obra violenta, cruel, muy modificada así en su textura como en su sentido por el director chileno, que multiplicó sus personajes parlantes y cambió la tesis, para decirnos sus propias ideas, que son sádicas. La verdad es que, si bien la pieza es por sí misma hermosa, y fuerte, el remozamiento, la sacudida que Alejandro le ha dado, la han convertido en algo tremendo y terrible, impresionante y demoledor, como cuando tocan Bach en jazz, se sabe que la obra original está allí detrás, pero todo tiene un nuevo sentido, un nuevo ritmo; Alejandro hizo composiciones admirables, que nos recordaron algunas tentaciones de San Antonio, y mucho Brueghel (Alexandro pronuncia Brueghel), lo que no va descaminado; el decorado (no obtuvimos programa y no sabemos a quién atribuirlo) era soberbio, con medios botes, de color cobrizo, y los actores (pudimos reconocer algunos) admirables; el papel central, el de Folial, fue dado a Guillermo Zetina, gran actor ya probado, que dio una nueva lección de arte escénico en este difícil y aterrador personaje; desconocimos al deuteragonista(1), que también estuvo muy bien, y en el tercer papel aclamamos a Farnesio de Bernal a quien ya tanto hemos admirado en Biedermann y los incendiarios o en Baile de graduados, y a Héctor Ortega en el rol siguiente, que, sin ser el papel de Hamlet, le dio alguna oportunidad de lucirse; Patricia Morán en esta obra tuvo poco, y tampoco mucho Ruán, a todos los demás no los conocimos, pero formaron un conjunto soberbio, manejado con genio por Alexandro que tal vez empleó para lograr sus fines un látigo tan aterrador y tan obsceno como el que aparece en la escena. Agreguemos, como otro notable acierto de este director, cuyo talento no es posible ya que desconozca nadie, el acompañamiento de piano y una voz, que conduce a efectos asombrosos, sin distraer nunca de la situación escénica.

Muchas, muchas veces hemos ya aplaudido a Alexandro en obras antiguas o modernas, cómicas o trágicas; pero entre lo mejor que le recordemos, entre las obras en que más alto ha rayado con su originalidad y con su personalidad vigorosísima, pondremos esta Escuela de bufones, en que, a juicio nuestro, sobre todo puso su impronta de inteligencia y de valor, así en el texto mismo, que corrigió a su antojo, como en la entonación atrevidísima, como en la composición escénica, en la que juegan importantísimo papel no solamente los colores, sino hasta la textura de las telas de los vestidos, lo que es llevar el arte a un exceso de primor no alcanzado antes, que nosotros supiésemos, por nadie.


Notas

1. Se refiere a Javier Ruán. Angélica García. Alexandro Jodorowski y el teatro pánico en México, México, CITRU, INBA.