FICHA TÉCNICA



Título obra El escándalo

Notas de autoría Pedro A. de Alarcón / autor de la novela homónima; Paulino Masip / adaptación teatral

Elenco Armando Calvo, Rafael Banquells, Angelines Fernández, Miguel Ligero, Juan Calvo, Emperatriz Carvajal, Carmen Molina, Jorge Mondragón, Isabel Blanch, Miguel Manzano

Grupos y compañías Compañía de Armando Calvo

Espacios teatrales Teatro Ideal

Referencia Armando de Maria y Campos, “Éxito de El escándalo de Pedro Antonio de Alarcón y Paulino Masip y triunfo de Armando Calvo en el protagonista Fabián Conde”, en Novedades, 13 diciembre 1947.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Éxito de El escándalo de Pedro Antonio Alarcón y Paulino Masip y triunfo de Armando Calvo en el protagonista Fabián Conde

Armando de Maria y Campos

Le doy la razón a Jean Giraudoux cuando compara una obra dramática con una pieza de loza pintada con falsos colores, y cuyo verdadero diseño y colorido completo no aparecen sino después de la cocción, es decir, la representación escénica. El arte dramático no existe sólo como obra teatral o pieza literaria, por importante que ésta sea. Arte dramático es, indivisiblemente, libreto primero, interpretación y representación del drama, después. Cuando se dan unidos, cuajan, se crean simultáneamente. Hasta entonces debe aparecer, puntual, ponderado, limpio de polvo y paja, el cronista.

Por eso, siempre que puedo hacerlo, no escribo sobre el teatro –obra, interpretación y representación– hasta que el "verdadero diseño y colorido no aparecen sino después de la cocción", una, dos o muchas representaciones después de la primera. Yo sé que esto no es periodístico, pero si la emoción y la sinceridad mueven la mano que escribe, el comentario del cronista puede ser menos efímero que cuando aparece prendido a las alas de la actualidad.

Varias veces tengo visto El escándalo, adaptación teatral de la novela de Pedro Antonio Alarcón por Paulino Masip, interpretada de manera tan sobria como apasionada por Armando Calvo –Fabián Conde–, Rafael Banquells –Diego–, Angelines Fernández –Gregoria–, Miguel Ligero –Lázaro–, Juan Calvo –Gutiérrez–, en los personajes principales y mejor encarnados, a quienes acompañan Emperatriz Carvajal, Carmen Molina, Jorge Mondragón, Isabelita Blanch, Miguel Manzano, y cada noche aparece mejor trazado el diseño de esta pieza de teatro magnífica y más limpio el colorido de la acción dramática de la novela de Alarcón, logrados gracias al dominio de la construcción escénica y práctica de argumentista de cine de que es dueño Masip, que ha hecho de la popular novela un apasionado drama de arrollador aliento posromántico, dándole a la acción dramática propiamente dicha una continuidad –es de él, de Masip, el término y la idea– tan viva y lógica, que le permite narrar y crear la acción al mismo tiempo, y apoderarse de la atención del espectador, y no soltarla hasta que novela y drama, o al revés, han concluido. Cuando no encuentra en los capítulos de la novela determinados recursos o aquellos personajes que la acción dramática exige, inventa unos y crea otros, y así nacen la peinadora y la criada Isabel y surgen escenas muy reales, como la primera del tercer acto en la que con unas cuantas frases queda revelado el más humano de todos los personajes de la novela y, naturalmente, de la comedia: Gregoria. Las situaciones novelescas de la obra original y las dramáticas de la comedia –¡qué original, también!– que aparecen más difíciles, están resueltas de manera expertísima, que acusa un conocimiento concienzudo del verdadero arte de construir comedias. El diálogo original, que es mucho a pesar del que Masip aprovechó de la novela, no desciende jamás del decoroso nivel literario a que deliberadamente lo ha llevado su autor, y que, por desgracia, no es frecuente encontrar en el teatro español contemporáneo, donde no es raro olvidar que una de las principales cualidades que han de poseer los autores es... la de saber escribir. La obra discurre en todo momento lejos de concesiones y recursos vulgares, lo que no obsta para que su finura de matices llegue al público.

Apartándose del pensamiento de Zolá que afirmó que "los decorados son en la obra teatral lo que las descripciones en la novela", Masip no necesitó de decorado alguno para presentar sus personajes, o, mejor, a los de la novela, en el primer acto, narrando todos ellos su vida infame o novelesca. Pensó que la obra de arte ejerce influencia sólo gracias a la fantasía, que debe mantenerse constantemente despierta. Mostrarlo todo, precisarlo todo, es impedir que la fantasía se despliegue. En el acto segundo, cuando los personajes adquieren calidad humana porque actúan –Matilde, adúltera despechada; Gabriela, inocencia sorprendida; Fabián, gallardo y calavera arrepentido ante el deslumbramiento de un amor puro, como ocurrió con Tenorio–, las tres paredes se vuelven más reales, y en el tercer acto, en el que la acción arrolladora, relampagueante, mantiene humanos a los personajes clave del escándalo, ya se les ve, a través de la invisible cuarta pared, vivir, es decir, amar, odiar, perdonar y morir... El acierto más puro de Masip al crear una gran pieza de teatro de una novela con acción dramática, es haber sorprendido el secreto de Alarcón, que es el de que todo cuanto ocurre en ella tiene su clave en un juego de fuerzas espirituales, cuya manifestación exterior como personajes posrománticos que se mueven en un clima de sorpresa y aventura, no necesitó de recursos escénicos de dudoso gusto, pues que la criaturas que combaten en ese cuadro vital que presentan "los" autores, justifican con sólo el realismo de sus caracteres las reacciones hondas de sus almas.

Tengo para mí que el Fabián Conde de Armando Calvo es su primera definitiva creación de gran galán dramático, por lo menos en México. Lo anterior, fueron... tanteos, buscarse a sí mismo, hasta hallarse, actor, dentro de un personaje teatral. Ninguno mejor que el Fabián alarconiano. Todo lo tiene Calvo para crearlo, figura, temperamento, voz de prodigio, que están alcanzando un punto de madurez en el horno oscuro del estudio. Nada accidental, inesperado o improvisado hay en el juego escénico de Calvo: todo ha sido bien estudiado y previamente calculado y decidido. Cada detalle de su juego escénico está firmemente teminado, cada sonido de la voz, regulado y determinado al momento, para producir el efecto deseado. Ademán, gesto, voz sobre todo, le dan al Fabián Conde de Armando Calvo cuanto le es necesario a un personaje de teatro para convencer y conmover al público.

Rafael Banquells dio con su Diego magnífica réplica al Fabián de Calvo. Es Banquells un excelente actor de gran temperamento, buena figura y voz rica en matices, talentoso y entusiasta, y su Diego vale lo que habla. Ligero, en el Lázaro, tiene al final del primer acto escenas de gran emotividad, y Juan Calvo en su episódica intervención se muestra como auténtico lobo de escenarios. Del más humano de los personajes femeninos se encargó la joven actriz Angelines Fernández, cuyo talento supo hallar en el amargado y pasional personaje fuente de recursos y emociones, tan justos aquéllos, tan sobrias y hondas éstas, que su Gregoria le significa un verdadero acierto de gran comendiante e intérprete.

No sobra personaje en la pieza teatral de Masip, y como se halló para cada uno el intérprete justo, todos los elementos disciplinados a la dirección de Armando Calvo sacan una interpretación excelente.

En El escándalo Armando Calvo y sus actores hallaron obra, y la obra que es la adaptación teatral de El escándalo halló actores en Calvo y sus compañeros. La palabra pudo convertirse en acción, y la acción en carne, porque el teatro es la propia carne del arte, esa altísima esfera donde la palabra misma se hace carne...