FICHA TÉCNICA



Título obra El periquillo sarniento

Autoría Joaquín Fernández de Lizardi

Notas de autoría Héctor Azar / adaptación

Dirección Óscar Ledesma

Elenco Rodolfo Roca, David Espinosa y Miguel Flores, Joaquín Lanz, María Luisa Alcalá, Martha Ofelia Galindo, Carlitos Vázquez

Escenografía Antonio López Mancera

Espacios teatrales Palacio de Bellas Artes

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [El periquillo sarniento de Joaquín Fernández de Lizardi en adaptación de Héctor Azar]”, en Siempre!, 27 julio 1966.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   27 de julio de 1966

Columna Teatro

El periquillo sarniento de Joaquín Fernández de Lizardi en adaptación de Héctor Azar

Rafael Solana

Después del gran triunfo que para Héctor Azar y Óscar Ledesma fue, en nuestro criterio, la postura en escena, para niños de las escuelas primarias, de una adaptación de Emilio Carballido de Los hijos del capitán Grant, ha venido al Palacio de Bellas Artes, para los muchachos de las secundarias, la adaptación que el propio Azar hizo, y el mismo Ledesma dirige, de El periquillo sarniento, obra que ya fue hace años vista en el difunto teatro del Caballito, y que en aquella ocasión (1961) fue premiada por los críticos como lo mejor del teatro no profesional hecho en México.

Cinco años después ya es teatro profesional, y ya no despierta la misma ternura, o la misma benevolencia, sino debe ser considerada con ecuanimidad, tenida cuenta de que no se hace con solamente devoción, sino con una gran amplitud de recursos, y de que quienes en ella participan son ya personas, en muchos casos, de larga experiencia.

Azar, no podría decirse si por modestia o por pereza, prefiere, hacer muchas obras, hacer muchas reposiciones de las pocas que ha hecho; tal vez sea timidez, el no atreverse, sino de tarde en tarde, a intentar algo nuevo; pero quizá sea orgullo el estar resucitando a cada momento lo viejo, como si fuese imperecedero: Divinas palabras, ya muy machacada, es uno de sus caballitos de batalla; otro es El periquillo; pronto veremos El amor médico y Olímpica, y con eso se habrá pasado el sexenio.

Nos dicen que en las funciones para estudiantes ha interesado El periquillo; la tarde en que nosotros estuvimos, en que había algunos adultos, pero también muchos jóvenes, tuvimos la impresión de que no interesaba. Nuestro ardor patriótico, que nos hace pensar que como México no hay dos, nos induce a considerar la de don José Joaquín Fernández de Lizardi como la novela más aburrida del mundo, más que Los Buddenbrook o que Hetzel Andergast, que La montaña mágica o que Amalia; apenas las Memorias de ultratumba, podrán ser más soporíferas; ahora bien: se trata de una pieza básica de nuestra literatura nacional, que debe ser de todos conocida; en este sentido, Azar ha hecho una obra de beneficencia, al permitir a muchos escolares formarse una idea de ella sin tener que someterse al suplicio de leerla. Hizo prodigios de ingenio para dar algún interés escénico a esa narración letargizante; pero no logró del todo, a pesar de sus plausibles esfuerzos, desterrar el aburrimiento mortal que como una emanación mefítica se desprende del original. Otra cosa pasaba con Astucia, por ejemplo, si ustedes la recuerdan.

Obra tan plúmbea, Ledesma la ha dirigido con animación, tratando de inyectarle alguna vitalidad. Ponen los artistas el alma en desatascar ese carro; y consiguen... en fin, que la representación transcurra sin muchas bajas, sin que se queden dormidos, o se vayan, muchos del público.

Antonio López Mancera ha logrado, con pocos elementos, una escenografía múltiple que agrada y convence; la ropa es adecuada, las luces son justas, y entre las actuaciones, todas ellas entusiastas, tal vez merezcan particular elogio las de Rodolfo Roca, David Espinosa y Miguel Flores, que hacen el papel titular, la de Joaquín Lanz, muy sobrio en su parte de Pensador, las diversas de la joven y linda María Luisa Alcalá, las siempre eficaces de Martha Ofelia Galindo, que tanto ha llegado ya a distinguirse en lo cómico, y las varias que tienen en papeles de niño, Carlitos Vázquez, cuya verdadera edad es uno de los misterios de Eleusis.

Gran producción, grandes enseñanzas, de historia y de literatura... pero no tan buena diversión, no tan feliz espectáculo como el anterior. En fin, no siempre las lecciones son entretenidas; algunas veces hay que aburrirse un poquito en las clases, para aprender algo.