FICHA TÉCNICA



Título obra Libertad, libertad

Autoría Millor Fernández y Flavio Rangel

Notas de autoría citas acerca de la libertad, los Diálogos de Platón y otros libros / extractos

Dirección Rafael López Miarnau

Notas de dirección Malena Doria / asistencia de dirección

Elenco Nan Redi, Chela Nájera,Augusto Benedico, Milton Redi

Música Amado Díaz Muñoz, Fernando Sánchez Madrid, Javier Sánchez Cárdenas, Emma Teresa Armendáriz

Notas de Música Nan Redi, Chela Nájera / cantantes

Grupos y compañías Teatro Club

Espacios teatrales Teatro Orientación

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Libertad, libertad de Millor Fernández y Flavio Rangel, dirige Rafael López Miarnau]”, en Siempre!, 18 mayo 1966.




Título obra Vestida y alborotada

Autoría Rafael Solana

Elenco Gloria Silva, Carmelita Molina, Mario Delmar, Guillermo Zarur, Libertad Ongay, Alfonso Torres, Silvia Rey, Andrés Cisneros

Espacios teatrales Teatro Virginia Fábregas

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Libertad, libertad de Millor Fernández y Flavio Rangel, dirige Rafael López Miarnau]”, en Siempre!, 18 mayo 1966.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   18 de mayo de 1966

Columna Teatro

Libertad, libertad de Millor Fernández y Flavio Rangel, dirige Rafael López Miarnau

Rafael Solana

Los que sí vimos fueron el de Vestida y alborotada, en el Virginia Fábregas, comedia que ha estado haciendo muy buenas entradas, y el de Libertad, libertad, en el Orientación, donde don Rafael López Miarnau, y Malena Doria, y Emma Teresa Armendáriz, y hasta la taquillera, Rosita Soto, tienen siempre para nosotros, tan finas atenciones.

Hablaremos pues de esta obra brasileña, que no reúne en su reparto a la señora Lamarque y a la señora Ongay, como algunos supusieron, sino trata de una estatua muy famosa.

Posiblemente encontró esta pieza, en su reciente viaje al Brasil, la inteligente Margarita Mendoza López, y la habrá recomendado al Teatro Club; ella misma la ha traducido, y en cierta medida adaptado. Obra de teatro, literariamente hablando, no es; pero sí espectáculo teatral, con música, con recitados, con bailes, con epígrafes, y hasta con algunas escenas de obras de teatro muy conocidas, todo ello barajado en forma de mantener al espectador sentado por un par de horas en su butaca, escuchando.

Compusieron este collage, o esta mélange, los autores brasileños Millor Fernández y Flavio Rangel, quienes acumularon citas acerca de la libertad, en favor y en contra, y también partículas de libros, como los Diálogos de Platón y otros; aderezaron esta miscelánea con algo de música, para darle mayor amenidad y lograron un entretenimiento que tiene movimiento, novedad, interés, y, por supuesto (esto en dosis industriales) mensaje.

No llega a saberse bien a qué público va dirigida esta composición; se podría pensar que a uno algo culto, que hablase inglés y francés, además de su propio idioma (portugués en Brasil, español aquí), puesto que en esas lenguas se cantan números en los que es también importante la letra, y no nada más la música, de modo que quien ignore esos lenguajes se perderá una parte del sentido de la obra; pero, por otro lado, son tan obvias las citas ("El respeto al derecho ajeno es la paz", Juárez; el discurso de Gettysburg, Lincoln; el discurso ante el cadáver de César, Shakespeare; etcétera;) que parece que más bien se tratara de dirigirse a un pueblo sencillo y poco docto; las ironías son un tanto gruesas, como para que pueda captarlas y reírlas todo el mundo. Y existe un cierto contrasentido en la representación de la pieza: en los lugares en que haría falta que se la representase, es seguro que no se permitirá montarla; y en los países en que se permita ofrecerla al público... allí es seguro que no hará tanta falta, ni tendrá nada muy nuevo que decir.

Ataca a Estados Unidos, lo que ya se volvió un lugar común del mundo entero; denuncia la coca cola, lo que siempre hace reír un poco, y la discriminación racial. En favor de los negros, lo mejor no es lo que dice en la obra, con solemnes citas de Luther King, y de Lincoln, sino la actuación de una negra, que, a nuestro juicio, se roba la función, a pesar de que está en el escenario la mejor actriz del teatro mexicano en 1965; esa artista de color, Nan Redi, se apodera de la atención del público con su profunda y bella interpretación, a la que logra dar un notable sentido dramático, además del musical, de algunos aspirantes y de otras composiciones, en las que hace lucir su bella voz de contralto.

Hay otra solista que tiene importantes partes de canto y baile, que es Chela Nájera; está muy bien, sin duda, pero de ninguna manera tan bien como Nan Redi, que es, volveremos a decirlo, la estrella del espectáculo.

La actriz más distinguida del año pasado escogió esta vez un papel en el que las oportunidades de lucimiento para ella son más bien escasas; ella lo saca muy airoso, con mucha categoría; pero no tiene gran cosa que hacer; algunas escenas sueltas, de Bruckner o de Beaumarchais, frases aisladas, todo dicho con aplomo, con bella voz, pero sin llegar a componer un personaje; igual puede decirse de otros actores tan notables como Augusto Benedico, que interpreta papeles de Dantón, de Lincoln, de Sócrates, etcétera; pero solamente en brevísimos episodios; y como Jorge del Campo, que, muy fogoso, tal vez exagera y sobreactúa algunos de los entrefiletes que le fueron encomendados.

Hay también un coro, unos como madrigalistas, que recitan, cantan, bailan un poco, toman posiciones y componen cuadros, manejados por el director López Miarnau, con la asistencia, creemos que se trata de un debut, de Malena Doria; las ocho personas que componen este coro, cuatro de cada sexo, cumplen su cometido perfectamente; se tuvo el cuidado de dar más papel a quienes podrían desempeñarlo, Milton Redi, por ejemplo, y menos a los más quietos o desabridos, que se quedan más lejos y se dejan ver menos.

Además, tres músicos; Amado Díaz Muñoz, guitarrista, que hasta tiene algún solo, Fernando Sánchez Madrid, contrabajo, y Javier Sánchez Cárdenas, timbalero de la Orquesta Sinfónica Nacional, que ahora futuro Ringo, debuta como baterista, y de quien no podemos hacer mayor elogio que decir que toca la batería tan bien como toca los timbales, en el Emperador, o La Quinta, de Beethoven, o en la novena, o en la sinfonía de El timbal, de Hayden, o en La consagración de la primavera, que son algunos de sus números fuertes.

Como novedoso y original, como atrevido y valiente, como perfectamente bien realizado por su gran director y todos sus intérpretes, recomendamos este espectáculo, que, paradójicamente, aunque concebido como para grandes masas, solamente va a llegar, por su calidad, a un público reducido y selecto, el que sigue al abnegado Teatro Club en todas sus manifestaciones.

Vestida y alborotada de Rafael Solana

El anónimo cronista de esta página ha recibido y reproduce aquí a continuación, la siguiente muy amable carta:

Querido Rafael:

Permíteme que te ratifique, con motivo del estreno en México de tu Vestida y alborotada, la felicitación que te envié cuando en México la presentó por primera vez –World premiere– una compañía que casi era esta misma pero que, por razones de gira, llevaba mi nombre, como titular.

Sería exagerado decir que esta comedia es la mejor de las tuyas; para afirmarlo habrá que esperar que obtenga la consagración nacional e internacional que ya han tenido, por ejemplo, Debiera haber obispas, A su imagen y semejanza o Ensalada de Nochebuena.

Pero sí es evidente que ella continúa con brillo tu acervo teatral, que comparado con los de nuestros compañeros, se singulariza por dar un toque de luz en medio de muchas obscuridades, de sonrisa entre distintas angustias, de simpatía entre tantas ambigüedades o repugnancias.

Tú has dado el "sí" a la comedia, con todo lo que su matrimonio implica de riesgos y seguridades; y vas adelante por un camino sembrado de triunfos, de elogios y de aplausos, porque en tus obras se encuentran muchas de las cualidades que a tus amigos nos hacen tan preciosa tu amistad: tu buen humor, tu rectitud, tu honestidad, tu hombría de bien y esa aceptación modesta, profesional y sonriente de la sabiduría y la cultura como una vocación y una fe.

Todas esas cualidades se traslucen en Vestida y alborotada, que el público acepta, en México y en la provincia, con mucho entusiasmo, ya que ella le explica la primera razón que el teatro tiene para justificarse: divertir, esto es, etimológicamente, desviar... desviar al espectador de un mundo que muchas veces no es tan feliz, tan geométrico ni tan exacto como el de la escena.

Te abraza tu amigo:
Wilberto Cantón

Ya que de la obra Vestida y alborotada no se puede hablar aquí, por lo menos de su interpretación, que eso sí que no puede ser mal visto. Tuvimos ya la oportunidad de ver la obra varias veces (en el ensayo general, en el estreno, y luego escenas aisladas, al asomarnos a la sala) y podemos decir (no la vimos en El medio pelo, en que nos aseguran que estaba muy bien) que el de Betty es el papel en que más ha brillado Gloria Silva en su corta carrera de damita joven. Se nota que lo ha tomado con cariño, con simpatía, y con muchas horas de estudio, hasta que ha acabado por bordarlo; hemos podido observar, entre el público, cómo la gente se embebe en su racconto del segundo acto, y también cómo toma su escena larga del tercero; está intencionada, picante, ingenua, en fin, encantadora, y cada noche escucha muchos aplausos.

Carmelita Molina, por su parte, da cátedra de elegancia, de ponderación y de buen gusto en la composición de su personaje, al que ilustra con su categoría; Enrique Aguilar se desenvuelve en el suyo, que es cómico, notablemente más a gusto que en los dramáticos; a las muchachas les encanta; tiene el papel muy bien sabido (ya lo ha hecho bastante) y lo dice sin tropiezo, lo que ayuda mucho; la ropa le queda muy bien.

De Mario Delmar habríamos podido pensar, en el primer momento (como algunos colegas críticos hicieron) que había exagerado un tanto en los andares y en los sentares del padre Ramón; pero hemos observado que al público esa manera de interpretar el personaje le hace gracia; y hasta hemos encontrado personas a quienes lo que más les ha impresionado, y lo primero que recuerdan con agrado, al evocar la comedia, es la manera de caminar y de sentarse de Delmar, que les parece muy cómica. También la interpretación de Guillermo Zarur ha sido controvertida; la encuentran recargada algunos; pero otros la celebran y la ríen mucho; sobre todo en la sala, entre el público. Y algo parecido pasa con doña Libertad Ongay. Más discretos han parecido, y quizá por ello los elogios han sido para ellos más unánimes, don Alfonso Torres, Silvia Rey y Andrés Cisneros.

Las entradas que Vestida y alborotada ha estado haciendo en el teatro Virginia Fábregas han sido, en los primeros días, por lo menos, magníficas.