FICHA TÉCNICA



Título obra Mudarse por mejorarse

Autoría Juan Ruiz de Alarcón

Dirección José Luis Ibáñez

Elenco Carlitos Fernández, Raúl Dantés, Julissa, Rita Macedo, Felio Eliel

Escenografía Vicente Rojo

Notas de escenografía Julio Alejandro / mobiliario

Espacios teatrales Teatro Julio Jiménez Rueda

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Con Mudarse por mejorarse de Juan Ruiz de Alarcón, primer estreno formal en el teatro Julio Jiménez Rueda]”, en Siempre!, 15 diciembre 1965.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   15 de diciembre de 1965

Columna Teatro

Con Mudarse por mejorarse de Juan Ruiz de Alarcón, primer estreno formal en el teatro Julio Jiménez Rueda

Rafael Solana

Todo fue acierto en el estreno, al que por fin acabó por decidirse el INBA, del teatro Julio Jiménez Rueda(1), en la prolongación de la avenida Juárez, antes Ejido; es excelente y céntrica la ubicación de este nuevo teatro, en el que hasta se tendrá lugar para estacionamiento, los días que no haya frontón; es amplia, sin serlo demasiado, la sala, y son de buen tamaño los vestíbulos; los colores de las butacas son elegantes, la visibilidad y la audibilidad desde todos los lugares, excelentes; está muy bien equipado de luces el convenientemente vasto escenario. En fin, un teatro magnífico, y no como el de Comonfort, que resultó una cochera.

Hubo una semana entera de inauguraciones; pero tanto para la mera función inicial como para la de estreno verdaderamente teatral se utilizaron, lo que nos parece sumamente digno de elogios, obras mexicanas. Habría sido el colmo que también los teatros oficiales se inauguraran con obras extranjeras, por muy de Shakespeare que fuesen. No incurrió en ese malinchismo don José Luis Martínez ni tampoco la hizo don Héctor Azar, y así la primera obrita que allí se vio y se oyó fue un diálogo de Salvador Novo, uno de nuestros autores modernos de mayor prestigio (Adan y Eva, en que le dio la réplica al autor-director-actor la actriz Silvia Pinal) y la primera obra formal allí representada fue una del más ilustre de todos los autores de comedias que hayan nacido en nuestro suelo, don Juan Ruiz de Alarcón, el que se codeaba con Lope, con Tirso, y con Cervantes, y fue maestro de Molière y de Corneille.

Escoger la obra también fue un acierto (tal vez de Azar, o de Ibáñez) pues Mudarse por mejorarse es una comedia bellísima, que no merece ser tan poco conocida como lo es; por la gracia de su argumento, moralizador como el de otras obras alarconianas, y por las bellezas de su versificación es tan hermosa como las más bellas de Lope. Ojalá que vaya mucha gente a oírla, ya que, de seguro, es la que la ha leído tan poca.

La dirección nos pareció, en términos generales, feliz, aunque un tanto exagerada en la movilidad y la comicidad de algunos personajes; tiró un poco más hacia farsa, y aun hacia ballet, de lo que el género pide; esto, sobre todo, vino a perjudicar a uno de los personajes, a Carlitos Fernández, que es, a nuestro juicio, quien menos bien está, y de seguro no por culpa suya; el director le puso su papel apayasándolo un poco, sin necesidad; también lo dejó pronunciar mal; rengloneó de lo lindo, casi poniendo comas al final de cada verso, como otros no hicieron, o porque tengan personalmente mayor cultura y más experiencia, o porque el director les haya hecho más cuidadosas observaciones.

Para nuestro juicio, el mayor triunfo interpretativo correspondió a Raúl Dantés, actor a quien conocemos desde hace casi veinte años, y a quien hemos aplaudido, desde el mudo de Judith o el simpático héroe de Astucia hasta muchas otras cosas de todos los tipos. Así como hay un día en que una muchachita, que conoció de niña, la encuentra uno convertida en toda una mujer, así también el actor a quien ha ido viendo hacerse, desde su infancia, un día en una obra por primera vez lo encuentra uno convertido en un señor actor; con López Tarso eso nos sucedió en Moctezuma II; con Raúl Dantés, en Mudarse por mejorarse, ha tomado más cuerpo, ha llegado a una madurez física que en todos sentidos le hace bien; su voz, magnífica, nos suena ahora mejor que nunca, y su escuela nos parece perfeccionada. Es el mismo, sí, seguramente, que vimos el mes pasado y el año pasado, pero... parece otro; ha adquirido otra autoridad escénica, otra personalidad, más recia, más vigorosa. Dice estupendamente los versos, como un maestro; sus décimas del segundo acto le resultan perfectas; y se mueve en la escena con más seguridad y más aplomo; sí, de seguro que era ya un buen actor en los tiempos del Lázaro de Rosalba y los llaveros y del Pedro Rojo de Los signos; pero ahora... es otra cosa.

Después de Raúl Dantés, ante quien nos quitamos el sombrero, quien más nos ha gustado ha sido Julissa. Linda y preciosa, como ya la habíamos visto en Ay mamá, etc. Está además inteligente, vivaracha, graciosa, al grado de que nos parece que ha de convertirse, si no lo es ya, en una insustituible joya de nuestro teatro, capaz de dar actuaciones además de belleza y juventud; en nuestro teatro, y suponemos que en el de todo el mundo, suele llegarse al talento y a la inteligencia cuando se han perdido ya las gracias juveniles. Reunirlo todo es un don que consiguieron pocas; las jóvenes hermosas suelen ser tontas, o antipáticas, o impertinentes, o pesadas, pagadas de su belleza y de su corta edad. Julissa lo tiene todo (lo bueno); se movió con elegancia, y dijo un soneto del tercer acto con verdadero encanto.

A Rita Macedo, que es también bellísima, la encontramos algo sofisticada y falsa, sobre todo al caminar, lo que hace con afectación, esta vez la hija está mejor que la madre; pero no tendrá celos ni aflicción Rita de verse superada por su vástago.

Encontramos prometedor, pero todavía no cumplidor, a Felio Eliel, que aún no alcanza la experiencia, ni la voz, de Dantés, con quien tiene sus mejores escenas, un tanto ensombrecidas por el alternante. De menor renombre que estos ya citados son los actores y la actriz que hacen los demás papeles, en general bien, aunque sin la excelencia de los que hemos mencionado.

La escenografía, de Vicente Rojo, buena, pero poco sostenida (recurrió en un par de cuadros a la cortina); muy gracioso el mobiliario recomendado por Julio Alejandro, muy estilizado; imaginativa, colorida y simpática la ropa; sólo lamentamos que a Julissa no le dieron sino un traje, mientras su mamá tuvo tres.

Mudarse por mejorarse es de arriba abajo un gran triunfo del teatro mexicano, y quisiéramos que nadie de entre quienes nos hacen el favor de leernos dejara de verla, pues la recomendamos como algo magnífico y de la más fina clase.


Notas

1. Que tuvo lugar el 22 de noviembre. Idem.