FICHA TÉCNICA



Título obra Troilo y Cresida

Autoría William Shakespeare

Dirección Dagoberto Guillaumin

Notas de dirección Dagoberto Guillaumin / adaptación, Luis Cernuda / traducción

Elenco Héctor Bonilla, Mario del Razo, Liza Willert, Blas García, Laura Oceguera, Luis Heredia, y Patricio Castillo

Espacios teatrales Teatro Comonfort

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Inauguración del teatro Comonfort con Troilo y Cresida de W. Shakespeare, dirigida por Dagoberto Guillaumin]”, en Siempre!, 17 noviembre 1965.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   17 de noviembre de 1965

Columna Teatro

Inauguración del teatro Comonfort con Troilo y Cresida de W. Shakespeare, dirigida por Dagoberto Guillaumin

Rafael Solana

Por fin se inauguró el teatro de las calles de Comonfort que estaba listo para su estreno desde fines del año pasado(1). Ni siquiera se ocuparon de ponerle nombre (uno que lo relacionara con el Paseo de la Reforma, le habría hecho mucho bien, arrancándolo, en la mente del espectador, de la barriada en que está enclavado, para situarlo en los aledaños de nuestra avenida más elegante). Las autoridades no le dieron mucha importancia. No aparecieron por allí, no digamos el Presidente de la República, o siquiera el Secretario de Educación Pública, o de perdida el subsecretario de Asuntos Culturales, pero ni siquiera el director del Instituto Nacional de Bellas Artes, o por lo menos el Jefe del Departamento de Teatro. La personalidad más elevada y de más importante rango que alcanzamos a percibir fue Catita Sierra; con una docena de gladiolos blancos en una botella se adornó el amplio vestíbulo. No hubo boletos numerados, ni ninguna otra solemnidad. Tampoco ningún discurso inaugural, ni un listón que cortar sobre el telón, ni telón siquiera. Todo muy democrático, muy nonchalante.

No se inauguró el teatro con una obra mexicana (esa pequeña solicitud se ventiló hace años en el Consejo Consultivo de la Oficina de Espectáculos del Departamento del Distrito Federal, cuando ese consejo existía) sino con una de Shakespeare(2), que si el cisne del Avon situó en el Asia Menor, 10 siglos antes de Cristo, Dagoberto Guillaumin, director, tradujo (sólo por lo que hace a escenografía y vestuario) al Marne o al Somme, hacia 1916 . La guerra de Troya fue convertida por Dagoberto en un episodio de la Primera Guerra Mundial. Uniformes de tiempos del Conde de Luxemburgo fueron impuestos a Triolo, a Eneas, a Héctor, a Paris; el viejo Príamo era una especie de profílico Francisco José Néstor algo así, como don Venustiano, y Ulises un graduado de Saint Cyr. Áyax nos pareció, lo que resultaba un anacronismo, algo así como una réplica del general Mariles, que todavía no había nacido en aquellos tiempos (los de la Primera Guerra Mundial, no los de la guerra de Troya).

A Casandra, a Helena y a Crésida las vistió Dagoberto al estilo de Nina Petrovna, con trajes como los que, cuando se vestía, que no era siempre, llevaba Mata Hari. A Aquiles lo hizo un oficial británico, y a Patroclo un Beatle, lo que tampoco es de esa misma época. Grandes redobles, y un encarnizado cañoneo nos impidieron escuchar la mitad del texto de Shakespeare, poéticamente traducido por Luis Cernuda.

Hace 18 años, Rodolfo Usigli se quejó amargamente de que los monaguillos oficiaran la misa mayor (quiso decir: de que los jóvenes estudiantes de teatro interpretaran a Shakespeare, y no tanto por lo que se refiere al Sueño de una noche de verano, sino por lo que hace a Romeo y Julieta, en el Palacio de Bellas Artes), hoy no podría el bilioso autor levantar la misma queja, con justicia, pues los monaguillos han ido a oficiar a una capillita; quizá se quejara (nos aventuramos a suponer, pero imaginar quejas de ese quejumbroso dramaturgo casi nunca será imaginar en vano) de que pusieran la mano sobre Shakespeare, lo que parecerá a algunos sacrilegio, jóvenes tan incipientes; pero el lugar, ahora, es el adecuado, pues el nuevo teatro de Comonfort (no es lujoso, ni cómodo, ni tiene buena acústica) parece destinado a la experimentación; le llaman “Centro de experimentación teatral”, y será puesto en manos de jóvenes (si bien tal vez no pueda ya decirse que sean Dagoberto Guillaumin y sus auxiliares unas criaturas).

El experimento que en esta ocasión nos tocó presenciar no era en realidad muy nuevo. Ya vimos a Héctor Ortega de traje sastre en el teatro Hidalgo en Romeo y Julieta, y a toda una caterva de aguerridos estudiantes hacer Hamlet de smoking, en la Ciudad Universitaria, y a Richard Burton y a Sir John Gielgud, y su gente, hacer la misma obra en suéter y con pantalones entallados, en Nueva York, de manera que la idea de disfrazar a los actores con ropa de una época que no les corresponda no es completamente original, y no era un experimento atrevido, ni novedoso, ni, agregamos, simpático, inteligente, gracioso, afortunado o sugerente. Alguna gente se mostró desconcertada, y otra simplemente aburrida. Los uniformes de opereta sólo servían para distraer al público, para hacerlo olvidarse de lo que ya sabía de Agamemnón o de Menelao, de Tersites o de Diomedes; y si ya conocía la pieza shakespearina, para confundirlo y emborucarlo.

Si lo que se proponía Dagoberto Guillaumin con esta distracción era impedir que el público notara que su cuadro de actores era muy desigual, tal vez lo logró. Sería injusto, sin embargo, olvidar a algunos de los actores de ese grupo, muy superiores a sus compañeros por algunas cualidades. Por ejemplo, a Héctor Bonilla, que si bien con esta especie de “Príncipe estudiante” que ha hecho ahora no agrega nada a su carrera, fue ya estrella, y muy resplandeciente de Puños de oro, de Un tranvía llamado deseo o de El tejedor de milagros; también nos eran muy conocidos Mario del Razo, Liza Willert, Blas García, o la encantadora Laura Oceguera, a quien encontramos excelente. Luis Heredia nos pareció tener una arrogante presencia, y Patricio Castillo, un buen porvenir. Podríamos tal vez citar a algunos jóvenes más, del extenso reparto; sin embargo, el conjunto no pudo perder un aire estudiantil, poco profesional, experimental, en todos los sentidos de la palabra, a pesar de los seis meses de ensayos.

Es propio de los experimentos el salir unas veces bien y otras mal. Ojalá otros de los que se hagan en lo futuro en este nuevo centro salgan mejor que el inicial, que ciertamente no nos pareció un gran acierto.


Notas

1. El teatro se inauguró el 29 de octubre. Giovanna Recchia. Por un museo de las artes escénicas. Proyecto de investigación en proceso. CITRU, INBA, 1997.
2. Troilo y Cresida. Idem.