FICHA TÉCNICA



Título obra El escándalo

Notas de autoría Pedro A. de Alarcón / autor de la novela homónima; Paulino Masip / adaptación teatral

Elenco Armando Calvo

Grupos y compañías Compañía de Armando Calvo

Espacios teatrales Teatro Ideal

Notas Comentarios del autor sobre las adaptaciones teatrales de las novelas de Pedro A. Alarcón

Referencia Armando de Maria y Campos, “A propósito del estreno de El escándalo de Alarcón y Masip en el Ideal. Obras de Alarcón para el teatro y el cine. Cómo fue escrito El escándalo”, en Novedades, 9 diciembre 1947.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

A propósito del estreno de El escándalo de Alarcón y Masip en el Ideal. Obras de Alarcón para el teatro y el cine. Cómo fue escrito El escándalo

II

Armando de Maria y Campos

Se cuenta que una tarde del año 1889, hallándose bien grave el escritor granadino Pedro Antonio de Alarcón –autor de El sombrero de tres picos, De Madrid a Nápoles, El final de Norma, El hijo pródigo, La Alpujara, El niño de la bola, El Capitán Veneno, El escándalo, etcétera–, le pidió a su hijo que le leyera El escándalo. Quiere, más cerca ya del otro lado que de éste, los quilates estéticos de su trabajo o sus errores y defectos. Escucha ensimismado la lectura de El escándalo y cuando su hijo termina, Alarcón dice, como hablando consigo mismo:

A esta obra sólo le falta que yo me muera. A esa, y a casi todas las que salieron de su ágil, viva y gráfica pluma guadijeña.

Don Pedro Antonio de Alarcón es, sin duda, uno de los novelistas más interesantes entre los que España dio al mundo el siglo pasado. Periodista audaz y certero, cronista de estilo travieso y veraz, autor de teatro mediocre, cuentista siempre lleno de emoción y novedad, no necesitó morir primero para que su obra viviera después. En vida, pudo disfrutar de los agridulces sabores del triunfo; muerto, su obra se ha afirmado y es fuente de inspiración renovada e inagotable. Su fino y digno estilo folletinesco, su gracia para narrar, la convencional pero muy certera psisología de sus personajes, permiten a autores de teatro y argumentistas de cine abrevar en su obra, y a la fecha son ya incontables las adaptaciones al teatro y al cine de obras de Alarcón.

A los pocos años de muerto Alarcón sus novelas empezaron a ser adaptadas para el teatro. Si no me equivoco, la primera adaptación teatral alarconiana fue aprovechando El niño de la bola, de la que Dicenta y Paso hicieron la zarzuela Curro Vargas, a la que puso música Chapí, y fue estrenada en España en 1898. La misma obra sirvió al argumentista mexicano Julio Bracho para hacer una película titulada Historia de un gran amor, filmada en México, como también las adaptaciones de El escándalo, El Capitán Veneno y El final de Norma. En España se filmó hace dos años una nueva versión de El escándalo, revelando al mundo hispano las calidades de actor dramático del comediante Armando Calvo. Otra narración alarconiana llevada a la cinta de celuloide es El clavo, delicioso, impresionante, folletinesco cuento, rico en acción. El sombrero de tres picos también ha sido trasladado a la pantalla en México y en España. Faltaba que alguna de sus más famosas novelas fueran adaptadas teatralmente. Casi simultáneamente ha ocurrido esto en Buenos Aires y en México. Alejandro Casona ha hecho una adaptación de la novela El sombrero de tres picos, con el título de La molinera de Alarcos, que representa por estos días en la capital del Plata la compañía Díaz-Collado, y en México Paulino Masip ha escrito una comedia con los mejores materiales de folletín último tercio del siglo XIX, de acción dramática perdurable, de teatro propiamente que tiene la magnífica narración novelada El escándalo, a la medida del actor Armando Calvo, y su estreno en el Ideal, de la capital mexicana, ha constituido un éxito serio y firme para autor tan cuajado como Masip, y un triunfo de actor que empieza a encontrar su punto de madurez para su principal intérprete, Armando Calvo.

Antes de dedicar a la pieza teatral de Masip y a la excelente interpretación que han sabido darle los actores del Ideal algunos comentarios sin rigidez de crítica, me agrada evocar el clima –muy siglo XIX español– en que Alarcón escribió El escándalo.

Alarcón comenzó a escribir El escándalo en la ciudad del Darro y del Genil. "A principios de septiembre de 1886 –dice–, hallándome en Granada, con prohibición oficial de resididr en la Corte, comencé a escribir El escándalo, cuyo argumento me estorbaba en el cerebro y en el corazón desde los primeros meses de 1863. Llevaba compuestos dos capítulos cuando estalló la Revolución, y acudí a Sevilla, como tenía convenido con el inmortal Ayala; de allí pasé a Córdoba con el Duque de la Torre... Vivió infinitas peripecias políticas y electorales, "y el resultado de todo ello –continúa– fue que transcurrieron seis años y dos meses antes de que se me ocurriera coger la pluma para continuar la interrumpida novela. Libre, al fin, de penas y fatigas, en noviembre de 1874 puse otra vez manos a la obra, recomenzándola como si nada llevase hecho. Pero no había borroneado la mitad cuando se dio en Sagunto el grito de restauración de la monarquía en la persona de Alfonso XIIII". Alarcón volvió a las andadas políticas; llegó a senador, regresó al periodismo. "Me vi privado –relata– durante otros cinco meses, de continuar aquella historia, que parecía hallarse en pugna con mi predestinación".

"¡Ay! No era todo esto; era que El escándalo había sido concebido en horas de infinito pesar, y que otro infinito pesar había de dominarme cuando lo escribiera. A fines del inmediato mayo enfermaron de tosferina todos mis hijos... Luchaba ya con la muerte el más pequeño cuando el primero de junio lo llevamos a El Escorial, a ver si lo salvaban aquellos puros y salutíferos aires. Allí lo enterré, si no con mis propias manos, presenciando yo su inhumación. Decidimos entonces a no separarnos de su tumba, sino lo más tarde posible, nos quedamos toda la tarde en una casa frontera al cementerio, y desde la noche siguiente a la fúnebre ceremonia emprendí la tarea de acabar el malhadado libro. No se interrumpió ya mi faena. Acostábame todos los días al oscurecer y me levantaba a la una de la noche. Desde esa hora hasta las ocho de la noche escribía incesantemente; a las nueve echaba al correo las cuartillas y luego me iba al monasterio, al casino, a visitas, a los paseos, de tal modo que los inolvidable amigos que allí me acompañaban de sol a sol no pudieron entender nunca que un hombre tan desocupado, al parecer, hubiera escrito y hecho imprimir en cuatro semanas casi, un volumen. En efecto: la víspera del día de san Pedro, El escándalo estaba concluido, y el primero de julio de 1875 se ponía a la venta en todas las librerías de Madrid":

El escándalo tuvo un éxito de... ¡escándalo! Alcanzó elogios y censuras. Clarín fue despiadado con la subyugante novela que leían ávidamente España y su América. Alarcón, dolido al castigo de la crítica cerril, escribió defendiéndose. Después, se serenaron todos, y Alarcón pudo decir de la novela que inspiró a Masip su magnífica pieza de teatro: –¡A esta obra sólo le falta que yo muera!...