FICHA TÉCNICA



Título obra Medea

Autoría Eurípides

Dirección José Solé

Elenco Ofelia Guilmain, Socorro Avelar, Daniel Villagrán, Rafael Llamas, Antonio Medellín, Wolf Ruvinskis, Lola Bravo, Meche Pascual, Irma D´Elías, Graciela Doring, María Eugenia Ríos, Teresita Grobois

Escenografía Julio Prieto

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Medea de Eurípides, dirige José Solé]”, en Siempre!, 9 septiembre 1964.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   9 de septiembre de 1964

Columna Teatro

Medea de Eurípides, dirige José Solé

Rafael Solana

De la misma manera que Rambal y Manolo Fábregas tienen a su comediógrafo de cabecera, que es Alfonso Paso, y al él se atienen para asegurarse buenas entradas, así el Seguro Social ha encontrado también a su autor taquillero, y a él recurre como garantía de éxito económico. Se trata de Eurípides, que ya tuvo un triunfo con Las troyanas, el más sonado de cuantos esa empresa ha podido conquistar, y en vista del cual ahora se repone Medea, pieza que ya otras compañías probaron. Si vuelve a haber excelentes recaudaciones, el porvenir es risueño, pues tiene ese dramaturgo 17 piezas más, unas ya estrenadas, y otras todavía nuevas en esta plaza.

Ofelia Guilmain se acomoda muy bien con este autor, como Nadia de Haro Oliva con Achard, o Celia D´Alarcón con Feydeau, o Lucha Núñez con Basurto; parecen nacidos el uno para el otro; se habría podido decir que el dramaturgo cortaba sus personajes a la medida de la actriz, como si la hubiera conocido, o presentido. Una persona poco ducha en fechas, hasta podría llegar a sospechar (es tan mal pensada la gente) que Eurípides le escribía los papeles a Ofelia, porque tuviera algunas aspiraciones, o ya algunas realizaciones, acerca de ella.

Sabemos que no es así, en realidad, pues el dramaturgo falleció antes de ver sus obras representadas por quien es de seguro hoy una de sus más brillantes intérpretes.

Después del gran lucimiento que tuvo con Las troyanas, en el papel de Hécuba (que antes habíamos visto a Carmen Madrigal) la Guilmain vuelve a alcanzar la eminencia como Medea, en la obra de ese nombre (papel en que no hace mucho vinos a María Teresa Rivas, y probablemente, si no nos falla la memoria, oímos a María Douglas, por más que estos personajes griegos acaban por confundirse un poco unos con otros, como una gran familia). Le han hecho una túnica morada, de obispa, que nos hizo acordarnos de los trajes que Juan Soriano diseñó para Electra, se maquilló con un rimmel corredizo, muy adecuado para hacer resaltar la sinceridad de las lágrimas. Su entrada está preparada por gritos aterradores; cuando Margarita Xirgu hizo ese papel en Bellas Artes, de salida, desmelenada, daba tres rugidos, lo que hizo a Miguel Montemayor, un actor de la época, comentar "esta película es de la Metro"; menos leonina, Ofelia no está menos convincente; si los rugidos catalanes de Margarita ponían el pelo de punta, no asustan menos los de su paisana; al final, en vez de montarla en carro de fuego, como a "Lohengrin" en cisne o a la mulata de Córdoba en barco dibujado, José Solé la puso en una puerta, en una composición que se parece mucho a un conocido retrato de fray Bartolomé de las Casas; desde allí la nieta del Sol nos aterró con la consumación del más conocido de sus crímenes, el doble filicidio, que hace de tal tragedia una de las más horripilantes de su cruento autor, que por cierto no escatima las matanzas de inocentes, otra de las cuales, la de Astianacte, horrorizaba al público de Las troyanas, hace poco en el mismo teatro.

El propósito de poner Medea(1) puede ser cualquier otro, además de repetir el taquillazo de la otra pieza euripidiana; puede ser dar nueva ocasión de excepcional ostentación a Ofelia; pero ella es tan buena actriz, que se luce con todo lo que le echen, como los toreros muy poderosos; puede ser dar oportunidad de sobresaliente brillo a Pepe Solé, que también ha dado ya pruebas de su capacidad de triunfar con piezas de diversos estilos; puede ser también alfabetizar al público, empezando desde el principio (desde Edipo rey, otro éxito de la casa, o desde La Orestíada, que no lo fue tanto); o quizá aunque esto no va con el acaudalado Seguro Social, aprovechar las columnas que sirvieron para la tragedia de Sófocles en que triunfaba Nacho López Tarso. Cualquiera de estas razones, o todas juntas, bastan para justificar que se escogiera esta vieja obra, ya conocida del público, hasta porque ya anda hecha de ella una película (Jasón y los argonautas, actualmente por el rumbo del cine Viga) y hasta ya escribió Carballido una adaptación, en la que, hemos sido informados, la filicida abandona el escenario... ¡en helicóptero!

De Ofelia Guilmain no es necesario decir que está bien en una obra. Con decir que está, basta, pues no puede estar de otro modo. A Socorro Avelar le dieron esta vez un papel grande, importante, y a fuerza de bella y clara voz, grave y emotiva, ella triunfa, como nodriza. En papeles breves, de poca permanencia en la escena, pero solemnes, se desenvuelven excelentemente Daniel Villagrán, Rafael Llamas y Antonio Medellín. Reaparece, con tan estatuaria figura como siempre pero un poco envejecido en la dicción, Wolf Ruvinskis, que ahora pronuncia un poco a la manera de Sara García, sobre todo las letras sibilantes. En el coro, donde en vano buscamos a Lola Bravo, anunciada, se lleva las mejores tajadas Meche Pascual (¿a quién habrá dejado en su papel, en el Hidalgo?), pero también tienen ocasión de dejarse ver y aplaudir la embarnecida Irma D´Elías, Graciela Doring, María Eugenia Ríos, y, en la otra mitad, Teresita Grobois, así como otras damiselas que nos son menos conocidas; con todas ellas formó Pepe Solé un friso de matronas que parece un frontón de los de Lord Elgin en el Museo Británico; tanto en lo plástico como en lo vocal acertó plenamente el director en la administración de este coro; este elemento suele ser precisamente el escollo más dificultoso de la dirección de piezas griegas; partiendo y repartiendo los bocadillos, dando movimiento, hasta casi llegar a la danza (o al delirio de los derviches giratorios) y utilizando máscaras muy expresivas, y cambios de luz, atinó Solé a dar vida a ese mármol, a hacerlo no solamente llevadero, sino interesante y grato. Por la aridez y el estatismo de esta arcaica pieza, el triunfo de Pepe Solé como director resulta más meritorio. Para él, al final, ruidosos y merecidísimos aplausos.

Los de Julio Prieto, escenógrafo, en esta ocasión, por fuertes que sean, deben ceder ante los que se ha ganado Julio Prieto pater familias. Se supo que, en colaboración con la inteligente y muy eficaz actriz Carmen Sagredo (de Prieto) ha creado una pareja de gemelos, niña y niño, que se llamarán "Xola" e "Hidalgo" (si es chiste, de la madre, es oportuno). A los dos venturosos padres como votos y muchos augurios por un advenimiento tan feliz y extraordinario.


Notas

1. Que se estrenó el 21 de agosto. P. de m. A: Biblioteca de las Artes.