FICHA TÉCNICA



Título obra Los físicos

Autoría Friedrich Dürrenmatt

Dirección Ignacio Retes

Elenco Consuelito Frank, Virginia Gutiérrez, Bertha Moss, Rafael Llamas, Héctor Ortega, Miguel Manzano

Espacios teatrales Teatro Xola

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Los físicos de Friedrich Dürrenmatt, dirige Ignacio Retes]”, en Siempre!, 1 julio 1964.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   1 de julio de 1964

Columna Teatro

Los físicos de Friedrich Dürrenmatt, dirige Ignacio Retes

Rafael Solana

Además de dos norteamericanos, un rumano, algún irlandés, algún británico y unos cuantos franceses, tienen hoy cartel en el mundo, entre los dramaturgos vivos, dos suizos, que escriben en alemán, aunque vivan en italiano. Como han hecho todas las grandes capitales teatrales del orbe, la nuestra ha comenzado a descubrirlos. Fernando Wagner nos dio ya a conocer un par de obras de Max Frisch, y Rosita Díaz Jimeno y los jóvenes de la Escuela de Arte Teatral nos han mostrado algunas de Friedrich Dürrenmatt. Ahora el Seguro Social tomó el riesgo de introducir ante la curiosidad del público mexicano otra obra de Dürrenmatt, el autor de la La visita y de las piezas cortas que en la sala Villaurrutia se han visto.

La obra que escogió no era completamente nueva para todo el público mexicano, pues un pequeña parte de él la vio ya en el Palacio de Bellas Artes, sólo que representada en su idioma original, por la compañía alemana que varias veces nos ha visitado. Antes de eso algunos la conocíamos de lectura. Se trata de Los físicos, un título perfectamente reconocible en su versión teutona, Die physiker.

Por la idea de presentar esta pieza debe ser felicitado el Seguro Social, como fue felicitado Celestino Gorostiza por haber proporcionado el Palacio de Bellas Artes a la señora Díaz Jimeno, para la postura en escena de Der besuch der alte dame. Ya habrá ocasión de que se vean en México, más tarde, Rómulo el grande, o El matrimonio del señor Mississippi, o Un ángel llega a Babilonia, que son otras famosas obras del mismo dramaturgo; la segunda, cuya versión francesa vista en París hace cuatro años ya quedó reseñada en estas páginas, recientemente fue presentada aquí en película con el nombre, algo cambiado, de Los amantes de la señora Mississippi.

Los físicos es una obra más reciente, y, en cierto sentido, más perfecta que las otras de Dürrenmatt; menos espectacular que las otras, con escenarios menos variados y costosos, con un reparto menos amplio, se ajusta más que las primeras a las viejas unidades aristotélicas, de lugar, de tiempo y de acción; estas unidades son deliberadamente burladas por Dürrenmatt en otras de sus obras; en El matrimonio, por ejemplo, por una ventana se ve un paisaje nórdico, de invierno, y por la otra uno estival, de Grecia. Max Frisch también se burla así, pongamos por caso, en su Muralla china (Die Chines ische mauer), en que aparecen, con personas de hace dos mil años, otras en trajes contemporáneos nuestros, y Bruto, y Napoleón, y Cleopatra, y Romeo y Julieta, que hablan de bombas atómicas y de la destrucción del mundo. Este mismo es, en cierto modo, el tema de Los físicos.

Con una habilidad admirable (que ya nos mostró en otras obras) Dürrenmatt engaña y encanta al público en la primera parte de su obra, en la que hay valentía, originalidad, atrevimiento, gracia, audacia; vamos de sorpresa en sorpresa, de descubrimiento en descubrimiento; hay una ruda crítica de la ciencia moderna, y de algunas potencias (las dos principales, que todos sabemos cuáles son), del mundo actual; La visita había sido una crítica feroz del Plan Marshall; Los físicos, que tiene el mismo defecto de otras comedias de Dürrenmatt, el de convertirse al final en discursivas, políticas, y un tanto alarmistas y lacrimógenas (como también algunas de Frisch), es un sobresalto ante el rumbo que están tomando las ciencias (que han tomado siempre, por otra parte), al parecer ponerse al servicio de ideas de destrucción. Se habla aquí, al final, de navegación espacial, de bombas de cobalto o de hidrógeno, con pesimismo, con amargura, con ese temor de que la civilización desaparezca, de que el mundo sea destruido, que aparece ya en otros escritores europeos contemporáneos, un tanto histéricos ante las que consideran amenazas terribles.

El público de México, que no ha pasado en carne viva guerras espantosas, no se asusta tanto con esas negras perspectivas, sino bosteza un poco cuando tan en serio se las pintan estos autores; La visita no tuvo el gran éxito que por su gran calidad dramática merecía; tampoco han tenido éxito las piezas de Frisch Biedermann y Los incendiarios y Andorra, alarmistas y asustadizas. Tampoco lo tuvo en el Seguro, a pesar de estar excelentemente hecha, Los físicos, cuya traducción, de Ernesto de la Peña, encontramos muy plausible.

Ignacio Retes dirigió con naturalidad, sin llevar a extremos distorsionados ni los caracteres, ni las caracterizaciones, apoyado en una escenografía realista de Julio Prieto, en vivo contraste con la que los alemanes usaron en Bellas Artes, muy moderna. Utilizó Retes algunos actores muy sencillos y espontáneos, casi silvestres, casi no profesionales, y dio ese tono de sencillez también a las actuaciones de dos actrices profesionales, una de ellas veterana de las tablas, Consuelito Frank, a quien hacía tiempo que no veíamos, y cuyo nombre casi llenó una época de nuestro teatro comercial, en el viejo Ideal; la otra es Virginia Gutiérrez.

Cuatro personajes fueron tratados por el director de otra manera, y de ellos, especialmente tres, que son las encargados a Bertha Moss, a Rafael Llamas y a Héctor Ortega; se pidió a estos artistas mayor intensidad, una actuación más teatral, más subrayada, como si se les hubiese aplicado un reflector que les hiciese más visibles, o un amplificador de la voz, que hiciese las suyas más sonoras; como eje de la obra fue dejado Miguel Manzano, con una actuación anfibia, natural y teatral, levantada o disminuida, según va viendo el director los cambios escénicos del personaje, que son muchos y muy interesantes; el gran actor que es Manzano encontró ocasión en este personaje, lleno de doblez, para obtener otra excelente actuación que en nada desmerece ante las mejores suyas; Bertha Moss también tuvo ocasión de lucir su gran categoría de actriz; Llamas y Ortega, menos el segundo que el primero, se lucieron también en cierta medida como los otros dos personajes pintorescos de la obra; todos los otros artistas del reparto, y son muchos, fueron entonados por Retes en una forma algo desvaída, como un fondo, como el paisaje de personalidades mediocres sobre el que resplandecen con su originalidad y su fuerza los genios.

La representación, de esta manera resultaba perfectamente satisfactoria, por la calidad de la obra, como por el brillo de las actuaciones, al menos de aquéllas que el director decidió fuesen las únicas brillantes (el director de la versión alemana que vimos en Bellas Artes había juzgado de otro modo); sin embargo, no se hizo vieja esta comedia en la cartelera; el público, que siguió la pieza con vivo interés mientras creyó que sólo era un inteligente juego, una comedia, una guasa, desmayó mucho en su curiosidad y en su emoción cuando, hacia el fin de la pieza, recibió los discursos de los físicos y se enteró de que estaban discutiéndose en la escena las mismas cosas que en los editoriales de los periódicos, esos que se dejan caer desganadamente, y que aburren a los lectores.

¿Se podrá atribuir a eso, a la obviedad del mensaje, a su reiteración, al fastidio que la gente recibe cuando en el teatro le quieren hablar de cosas de política, en serio, el que una obra tan inteligente, tan brillante, y unas actuaciones tan magníficas, no hayan interesado mayor cosa al gran público mexicano?

De todos modos, insistimos en que la idea de poner Los físicos(1) fue una buena idea, en que teníamos que conocer aquí una pieza que es tan famosa, y que firma un autor de tan extendida celebridad; el Seguro Social corrió con los riesgos, como ya ha hecho otras veces en casos semejantes. No fue un éxito de taquilla, eso lo demostró su corta duración; pero sí fue un éxito artístico, y los aficionados que siguen con interés el desenvolvimiento del teatro mundial tienen que agradecerla.


Notas

1. Estrenada el 20 de mayo en el teatro Xola. Invitación al estreno. A: Ignacio Retes