FICHA TÉCNICA



Título obra La verdad sospechosa

Autoría Juan Ruiz De Alarcón

Dirección Óscar Ledesma

Elenco Raúl Ramírez, Gómez da la Vega ,Magda Guzmán, Fernando Mendoza, Regina Cardó, Aracelia Chavira, Enrique Aguilar y a Carlos Monden,Armando Luján

Coreografía Antonio López Mancera

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [La verdad sospechosa de Juan Ruiz de Alarcón, dirige Óscar Ledesma]”, en Siempre!, 29 enero 1964.




Título obra Un país feliz

Autoría Maruxa Vilalta

Dirección Xavier Rojas 

Elenco Ángel Merino, Elda Peralta, Gloria García, Enrique Rocha, Jaime Cortez, Jaime Cortez, Farnesio de Bernal, Antonio Corona

Espacios teatrales Teatro Orientación

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [La verdad sospechosa de Juan Ruiz de Alarcón, dirige Óscar Ledesma]”, en Siempre!, 29 enero 1964.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   29 de enero de 1964

Columna Teatro

La verdad sospechosa de Juan Ruiz de Alarcón, dirige Óscar Ledesma

Rafael Solana

Cumplió dos años la temporada de oro del teatro mexicano, en el Fábregas(1),y ya que no el señor Presidente(2)(a quien en los cinco años y pico que lleva de ejercicio sólo se ha visto en el teatro una vez, invitado por los españoles), el señor Secretario de Educación Pública(3) descubrió una placa, y presenció la reposición de La verdad sospechosa, de Juan Ruiz de Alarcón, la obra con la que ya pronto hará 30 años fue inaugurado nuestro Palacio de Bellas Artes(4), con Alfredo Gómez de la Vega y María Tereza (en aquel tiempo todavía María Teresa) Montoya en los papeles principales.

Don Celestino Gorostiza, que esa noche no estaba muy bien de voz, dijo juiciosas palabras, antes de que el telón se abriera. Y comenzó la representación, ante un decorado tal vez un tanto severo por demás, de Antonio López Mancera.

La comedia es preciosa. Sin duda una de las joyas del siglo de oro español, que acarreó parte de ese oro, como del otro, de la sierra de Taxco, donde nació a la luz de la fama, "que como el sol descubre cuanto mira", don Juan Ruiz de Alarcón y Mendoza. Además de una lección de moral, como en otras de sus piezas, Alarcón nos da en ésta que es la mejor de todas las suyas un delicioso entretenimiento. Su trama es curiosa, está bien trazada; sus personajes están delineados con habilidad; y por lo que hace a la versificación, es admirable, suena a gloria; algunas tiradas son tan hermosas y causan tan gran deleite al escucharlas, que sólo las podemos comparar con algunas de las más célebres y bellas del propio Lope de Vega, o de don Pedro Calderón de la Barca.

Tan encantadora comedia encontró en Oscar Ledesma un hábil director, que no se limita a hacerla recitar, sino trató, con éxito, de imprimir vivacidad y movimiento a sus escenas, lo que logró en un grado más que estimable. Encontrarán algunos un tanto chocarrero al personaje de don García, que no conserva la prosopopeya que es de esperarse en personajes de tan antiguas comedias, que visten capa y espada (sombrero que de seguro le estorbó al actor, que prefirió suprimirlo); pero justamente son las escenas en que más cargada está la mano sobre el sentido humorístico de este personaje las que, según se ha observado, tienen más éxito de público; la observación ha sido principalmente hecha cuando la comedia ha tenido un público infantil; antes de llevarla al Fábregas, fue presentada para la población de varias escuelas.

Como además del éxito artístico y educativo que esta pieza tiene, las entradas fueron en los días iniciales excelentes, cabe comentar que ha entrado con muy buen pie la temporada de oro de los autores mexicanos en el tercer año de su actividad; algo que no tiene precedente, y que esperamos que autoridades y público sigan sosteniendo por mucho tiempo más, para bien de la cultura nacional.

Vamos a mencionar a algunos de los artistas que intervinieron en La verdad sospechosa, y a hacer su elogio, o su crítica. En primer lugar tenemos que detenernos en Raúl Ramírez, a quien fue encargado el papel de "le menteur", el principal de la comedia.

No vimos a don Alfredo en este personaje; éramos demasiado pequeños por aquel entonces; no podemos, pues, comparar; pero conocimos a Gómez da la Vega en otros papeles, y no pensamos que haya estado particularmente bien en este de don García; le decían "el gato con botas" algunos maledicientes, y otros le hicieron epigramas crueles, como aquél de "érase un hombre a una peluca asido, érase un hombre en tacón montado", etcétera. Por aquel tiempo, o poco después, cuando se habló de que Gómez de la Vega haría el papel de Santa Anna en una película, posiblemente haya sido Xavier Villaurrutia quien dijo: "Contrataron a Gómez, actor de gesto y voz, para que interpretara al héroe de Padierna; es verdad que a Santa Anna le faltaba una pierna; pero a Gómez le faltan, justamente, las dos". También fue por aquellos días cuando se encontró don Alfredo a don Manuel Horta en Sanborn´s y le dijo: "¡Ay, Manuel, he estado muy mal!", a lo que don Manuel preguntó cortésmente: "¿En qué obra?"

No, Raúl Ramirez no está mal en esta obra, ni le falta ninguna pierna; le falta el sombrero, eso sí; hace un don García sinsombrerista, muy extraño en el siglo en que la acción está situada; pero lo hace con gracia, con desenvoltura, con sangre ligera, con lo que arranca risas y aplausos. Más respetuosos (aquí el respeto consiste en ponerse el sombrero, no en quitárselo) vimos a don Fernando Mendoza, muy autoritario en los padres nobles, a Enrique Aguilar y a Carlos Monden. Quédense sin siquiera gorra los escuderos, el principal de los cuales, un poco móvil por demás, y con ciertas agitaciones de cejas que ha aprendido de los muñecos de un ventrílocuo famoso, es Armando Luján.

El reparto femenino es corto, y está muy bien desempeñado; Magda Guzmán, vestida con lujo, dijo muy bien sus versos, y lució guapa; lo propio diremos, en la escala correspondiente, de Aracelia Chavira, y otro tanto de Regina Cardó, que, criada, no pudo vestirse tan elegantemente como las señoras.

Hay que ver La verdad sospechosa, una comedia deliciosa, vestida, dirigida y actuada excelentemente.

Un país feliz de Maruxa Vilalta, dirige Xavier Rojas

El primer estreno mexicano del año ha sido el de nuestra colega (crítica teatral de Jueves de Excélsior) doña Maruxa Vilalta de Yáñez, persona a la que tenemos en la mayor estima, y a la que deseamos éxito. El título de la comedia, Un país feliz(5), es irónico. Nos pareció entender que el país de que se trata es la República Cubizolana, una nación caribeña, que tiene por vecinas, al sur, a la República del Liriguay, y El presidente y al poniente a la de Pamanagua, bien conocidas de los autores de Nota roja y El presidente Mañozo; pero allí nadie es feliz; sólo una señora es "Feliza" (quizá una admiradora de la Montoya, en materia ortográfica); los demás sufren mucho, suspiran y se acongojan, porque pasan cosas terribles; un turista comenta que las naranjas son hermosas; pero una familia modesta comenta: "Ay, sí señor, pero tan caras, que no las probamos nunca". El gringo pide agua caliente, y para lograrla hay que quemar la mecedora de la abuela; desde que la anciana falleció no se había necesitado agua caliente en aquella casa. Hay un joven a quien se ofrece un buen puesto en una compañía; pero sus padres consideran afrentosa esa oferta; otro vende boletos en una compañía de viajes, y se juzga terriblemente ofendido y humillado por tan triste oficio, aunque no acabamos de comprender en qué consiste su tristeza; también vende en abonos las Novelas ejemplares de Cervantes, y este comercio amarga su vida, sin que sepamos muy claramente en qué está lo vergonzoso ni lo terrible de él.

Todos en aquella familia viven una vida lastimosa, sin que nadie les compre una naranja para su consolación. Parecen, por las caras tan largas y tan deprimidas, y por el sol que hace en el patio tropical, personajes de una comedia campechana de doña Luisa Josefina; hasta que llega un turista, diremos, para ser breves, un "gringo", puesto que ese término también quiere decir inglés, y alemán, o italiano, o ruso, en diferentes países subdesarrollados. ¡Y el gringo es el único personaje simpático de la comedia! Sabemos que en su país sufre, pues tiene cuatro teléfonos sobre su escritorio, y, los jueves, junta con los subjefecillos de una compañía que hace cosas de plástico; pero no está tan amargado, tan requemado por las penas morales como estas pobres gentes metidas en honduras.

El público, a lo largo de la comedia, va viendo con simpatía al gringo, y con lástima a los locales, tan deprimidos todos, y ninguno de los cuales sabe sonreír; uno es tan pobre que en dos meses no consigue cambiarse de camiseta. Pero llega un momento en que no podemos menos que horrorizarnos de la tesis que sostiene la autora; es aquél en que el pobre dueño de la casa, de las honduras, dice al turista, al adolarado invasor de la adolorida casa: "Ustedes, los países fuertes, ¿qué hacen que no nos salvan, que no intervienen?". Más adelante nos doran un poquito la píldora diciendo que esa "intervención" podría consistir en no reconocer a los tiranos; pero ¿quién califica? ¿Quién decide en qué momento el que fue libertador se vuelve tirano? ¡Muy peligroso! A los espectadores se les puso chinita la piel cuando oyeron aquello.

Si la obra fuera nada más teatral, tendríamos que limitarnos a decir que está muy bien, pues Maruxa conoce su idioma y sabe usarlo, y puede construir, excelentemente, una obra literaria, inclusive dentro de la literatura dramática, que tiene fama de ser la más difícil; pero puesto que tiene implicaciones políticas, no podemos dejar de juzgarla como muy expuesta, como no poco demagógica, y como sostenedora de la más perniciosa y grave de las tesis: la de que la salvación de los países subdesarrollados consiste en que manejen su política... los superdesarrollados.

Nos pareció que quien está mejor, pero será porque su papel es el único amable de la pieza, es Ángel Merino, ingenuo, simpático, alegre. En los otros papeles, sombríos, está muy segura Elda Peralta, sin oportunidad de sonreír, abnegada Gloria García, brillante Enrique Rocha, acertado Jaime Cortez (otra zeta montoyesca), lucido en una sola escena Farnesio de Bernal, que ya ha hecho Biedermaier y puede aspirar a papeles mejores que el de este cartero, y sufrido Antonio Corona. Xavier Rojas, director, no tuvo dificultades que vencer; su trabajo fue de expediente; se olvidaron la autora y las actrices de llamarlo a compartir las palmas, al final de la función de estreno.


Notas

1. El 10 de enero. En este tiempo se presentaron un total de diecinueve obras. P. de m. A: Biblioteca de las Artes
2. Adolfo López Mateos. Diccionario Enciclopédico de México Humberto Musacchio, Andrés León, editor, 1990. p. 1066
3. Jaime Torres Bodet. Idem.
4. El 29 de septiembre de 1934
5. Cuyo estreno se realizó el 15 de enero. Xavier Rojas medio siglo en la escena. p. 155