FICHA TÉCNICA



Título obra Señoritas a disgusto

Autoría Antonio González Caballero

Dirección Antonio González Caballero

Elenco Virginia Manzano, Carlos Riquelme, Luz María(Lucha) Núñez, Héctor López Portillo, Aurora Alonso, Leda Stein, Luis de León

Notas de elenco Yisela Yardux, Herminia Álvarez

Espacios teatrales Carpa del Instituto Nacional de Bellas Artes

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Señoritas a disgusto de Antonio González Caballero segunda obra que se presenta en la carpa del INBA]”, en Siempre!, 4 diciembre 1963.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   4 de diciembre de 1963

Columna Teatro

Señoritas a disgusto de Antonio González Caballero segunda obra que se presenta en la carpa del INBA

Rafael Solana

Llegó a su fin la temporada inaugural de la primera de las cuatro grandes carpas que el Instituto Nacional de Bellas Artes se ha propuesto poner en servicio, para ofrecer al pueblo de todo el país buenos espectáculos teatrales a precios reducidísimos. Esa temporada, que primero se había previsto hacer en Guadalajara, luego en Puebla, tuvo por sede la ciudad de México, donde, en unas cuantas semanas, fueron dadas a conocer a un público eminentemente popular algunas de las 25 obras, todas ellas de autores nacionales, que la compañía ha montado, y con las que intenta recorrer la República, “hasta donde el cuerpo aguante”. Habrá servido como de prólogo, para la adquisición de experiencia y la corrección de defectos, esta breve temporada capitalina. Ahora la gira comenzará el día 29 de este mismo mes, en Guadalajara, con el estreno allá de la comedia Ensalada de nochebuena.

Las últimas obras que se motaron aquí fueron Las alas del pez, Señoritas a disgusto y El color de nuestra piel(1), la pieza ya muchas veces laureada de Celestino Gorostiza.

Acudimos a la primera representación de Señoritas a disgusto(2); allí estaba, entre el público, una de las creadoras de esa comedia, en el teatro Arcos Caracol, Emma Arvizu; a la otra, Virginia Manzano, la habíamos visto en la carpa, como espectadora, algunas noches antes. Tiene para las actrices un encanto tristón, una curiosidad morbosa, una satisfacción agridulce, el ir a ver a otras actrices en los papeles que ellas ya han hecho, a veces por primera vez, como era éste el caso.

Nosotros encontramos que este acto de Bellas Artes, de poner en una carpa las comedias de autores nacionales que ya estuvieron antes en teatros, se parece un poco al del Fondo de Cultura Económica al lanzar en edición del bolsillo, muy barata, las mismas obras que antes editó en su colección, más lujosa, “letras mexicanas”; puede ser que algo se pierda en calidad tipográfica, en la elegancia del papel (que en el teatro corresponde a la escenografía) y que hasta se vayan al descuido algunas erratas; pero se va ganando, en cambio de eso, un público mucho más amplio, un sector del pueblo que antes no iba al teatro, o no leía, porque le resultaban caros boletos y libros; en cada función de la carpa hemos visto más gente que la que suele haber en los teatros; nunca se dan las funciones de entre semana con menos de 300 personas, y en los teatros entre semana hay muchas veces menos de cien. En cuanto a los domingos, se dan entradas de mil o de dos mil personas que no hay teatro en que quepan.

Señoritas a disgusto gustó mucho al público de la carpa. El conocimiento que ya teníamos de la pieza, que vimos varias veces en su temporada de estreno, nos permitió por largos momentos distraer nuestra atención del escenario y concentrarla en el lunetario o en las gradas, para observar cuán grande era el interés de la gente por lo que estaba pasando en escena, y con qué rapidez y qué entusiasmo eran acogidos los chistes, las escenas de ridiculez en que, un tanto melancólicamente, y no sólo por afán humorístico, el autor pone a sus personajes. Volvimos a considerar la obra como muy valiosa, muy eficaz, muy sentida; hay alguna ingenuidad, alguna sencillez exagerada en su construcción, un tanto inocente, llena de monólogos y de reacciones muy primarias; pero evidentemente tiene la pieza un fondo, y hace efecto, y divierte mucho y amarga un poquito.

En la carpa los artistas no llegaron al exceso de bordado de sus personajes en que incurrieron Virginia Manzano y Carlos Riquelme, dos miniaturistas, que pusieron con nimiedad cada tos y cada temblor de pestañas; Lucha Núñez, que no se resistió a tentar al público con algunos gestos un tanto pronunciados (y que con ellos obtuvo siempre eco) no detalló su personaje tan cuidadosamente como lo hizo Virginia, y Héctor López Portillo estuvo más natural, más suelto, más humano, que Carlos Riquelme, que recargó su tipo hasta hacerlo una creación cómica irresistible. Aurora Alonso se limitó a estar simpática, ligera, cómica, sin penetrar en el patetismo del suyo, que en manos de la Arvizu no dejaba de conmover y de asustar un poco; Leda Stein gritó un poquito por demás su criada, de la que también sólo supo ver un aspecto, el jocoso. A Luis de León encontramos que le venía de perlas el personaje que le fue repartido, y que interpretó, juzgamos, con el mayor acierto.

Después de la función cosecharon palmas y simpatías en el fin de fiesta Yisela Yardux, que tiene muy buena sombra, y Herminia Álvarez, que se ha convertido en dueña de la situación allí, y es esperada con entusiasmo por su público. Imagínense ustedes a una especie de hija de la Conesa, con 30 años menos que María, pero con 30 kilos más, con un poco más de voz y casi con la misma picardía y la misma gracia que han hecho de la Gatita Blanca un monumento que el paso de los siglos no deteriora. Los cuplés que doña Herminia ha ido a sacar quién sabe de dónde hacen la delicia del público carpestre, que ya la adora.

Lo único que podría pedirse es que los breves sketchs del fin de fiesta fueran mejor escogidos y mejor ensayados. A veces se le va el santo al cielo a todo el mundo, y el único que sabe de memoria los chistes es el público.


Notas

1. Originalmente el repertorio comprendía treinta obras de autores mexicanos. Idem
2. Cuyo estreno se relizo el 14 de diciembre. P. de m. A:Biblioteca de las Artes