FICHA TÉCNICA



Título obra Clemencia

Autoría Ignacio Manuel Altamirano

Dirección Luis G. Basurto

Elenco Luz María (Lucha) Núñez, Mercedes Ferriz, Rogelio Quiroga, Miguel Gómez Checa, Luis de León, Margarita Galván, Héctor López Portillo

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Carpa del Instituto Nacional de Bellas Artes

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Inauguración de la carpa del Instituto Nacional de Bellas Artes con una versión teatral Clemencia de I. Manuel Altamirano]”, en Siempre!, 13 noviembre 1963.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   13 de noviembre de 1963

Columna Teatro

Inauguración de la carpa del Instituto Nacional de Bellas Artes con una versión teatral Clemencia de I. Manuel Altamirano

Rafael Solana

Hemos recogido opiniones acerca de la carpa del Instituto Nacional de Bellas Artes(1), que aloja a la compañía de Teatro Popular Mexicano (nombre que parece traducido del francés, del italiano y del alemán oriental) y todas absolutamente han coincidido en señalar como un grandísimo acierto del actual régimen, es decir, de don Celestino Gorostiza, que la bendijo, con un breve discurso inaugural, y de don Jaime Torres Bodet, que le concedió el honor de hacer la declaratoria del principio de sus trabajos, y la decoró con su presencia personal la noche del estreno, así como de Luis G. Basurto, que la dirige y la anima. Unos por unas razones, otros por otras, todos los que han opinado a cerca de este asunto, que sepamos, se muestran contentos.

Debió de inaugurarse esta carpa en Guadalajara, o, según un proyecto posterior, en Puebla; fue el ministro de educación quien quiso que se probara antes ante el público de la capital, en terrenos que gentilmente facilitó doña Lola Olmedo; el señor regente puso menos dificultades que otras veces, aunque sí algunas, y la carpa quedó lista, en espera de la popular clientela para la que está destinada. Se trata de una verdadera carpa, no de un eufemismo; huele a leones, con su serrín mojado, su tierra apisonada, y hay que conservar los abrigos puestos, pues por entre las costuras de las lonas atraviesa el duro cierzo invernal; a cambio de estas incomodidades ofrece una comodidad que resultará para muchos muy atrayente: no se prohíbe fumar (ya resulta muy novedoso encontrar algo que no se prohíba); las bancas son de por sí duras, como eran las de los ferrocarriles de segunda en la época en que los conocimos; pero puede atemperar ese rigor el uso de unos cojincillos que se alquilan, como en las plazas de toros; un sistema de sonido permite llegar las voces hasta una considerable distancia, cuando no están haciendo ejercicios de garganta o de mofle los camiones de una vecina terminal. El escenario es amplio, y no se echan de menos luces.

La noche de la inauguración(2) el llenazo era retumbante. Se calculó una asistencia de más de tres mil personas, muchas de ellas ilustrísimas. Destinada esta carpa a preservar algunas tradiciones del teatro popular mexicano, la primera que respetó fue la de comenzar con media hora de retraso, lo que provocó palmadas de impaciencia muy populares y muy tradicionales.

Después de que “Tiberio”, el armador del edificio, hizo la presentación de los altos personajes que pusieron óleo y crisma a la valiente empresa, se levantó el telón sobre un buen decorado de David Antón (que ha hecho 25 escenografías más, ahora ya al mayoreo, para que las apuntemos en su currículum) y comenzamos a conocer una versión escénica de Clemencia(3), novela de don Ignacio Manuel Altamirano que ya fue película, en los albores de nuestra difunta cinematografía. El pueblo, si lo había (nosotros veíamos sólo periodistas y actores, funcionarios y playboys), habrá abierto tamaña boca ante trajes imperio, un piano, candelabros, y los hombros ebúrneos de Lucha Núñez, 15 años más joven que cuando la conocimos hace 20. Sonaban valses, y señoras y señoritas encrinolinadas los bailaban con apuestos galanes uniformados y de bigotitos irresistibles; una confusa historia de amor y de necedad iba desenvolviédose; la protagonista cometía errores garrafales, a los impulsos de su corazón alocado, y los traducía en gestos subrayados que podían apreciarse desde las filas remotas; también los gestos pueden gritarse, o decirse en voz baja, y Lucha los gritaba, para que no los fueran a perder los espectadores de a dos pesos; la sucesión de torpezas que produjeron los devaneos de la casquivana culminó al fin con un fusilamiento, como en Tosca, y todos aplaudimos, unos por que nos había gustado, y otros porque se acabó la novela, que no pocos, en esta capital tan culta, habrán calificado de cursi, de inocentona o aun de ñoña.

Además de los waltzes bailados durante la obra y de La paloma, que cantó Lucha con su voz del teatro Río, hubo más variedad, un fin de fiesta, que corrió a cargo del Ballet Folklórico de Amalia, por tratarse de una fecha solemne. Otra de las tradiciones populares que quiere resucitar esta carpa es la del fin de fiesta (que Basurto, con tanto éxito, probó en Buenos Aires).

Esto redondeó la velada, que fue feliz. El Teatro Popular Mexicano inició su vida con gran éxito.

Nada diremos acerca de la obra, pues no es nuestro propósito ofender a nadie, ni vivo ni muerto. De la dirección de Basurto hemos de decir que no fue fina, sino popular, llana, comprensible para las masas; y de las actuaciones; que Lucha Núñez comprobó ser ya una primerísima actriz, aunque tal vez no necesitaba comprobarlo tanto; que cayó de pie el peruano Gómez Checa, perfecto en un papel de villano; que Luis de León jamás estuvo mejor que en este papel romántico, que tomó muy en serio, y para el que parecía, desde el tipo, dotado muy especialmente; que Margarita Galván cubrió con honor su papel, y que llenaron los suyos, más pequeños, López Portillo, la señora Ferriz, Quiroga, y el resto de la compañía.


Notas

1. Que estaba ubicada en la Plaza de Buenavista. P. de m. A: Biblioteca de las Artes
2. El 25 de octubre. Idem.
3. A cargo de Luisa Josefina Hernández, Idem.