FICHA TÉCNICA



Título obra La verdad escondida

Autoría Amalia Castillo Ledón

Dirección Luis G. Basurto

Elenco Sonia Furió, Carlos Navarro, Emma Fink, Fernando Mendoza. Carlos Monden

Escenografía David Antón

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [La verdad escondida de Amalia Castillo Ledón, dirige Luis G. Basurto]”, en Siempre!, 2 octubre 1963.




Título obra Silencio pollos pelones, ya les van a echar su maíz

Autoría Emilio Carballido

Dirección Dagoberto Guillaumin

Elenco Roberto Soto, Marichal Guillaumin, Yolanda Guillaumin, Julia Oseguera, Socorro Merlín, señores Raúl Bóxer, Óscar Chávez, David Espinoza, Sergio Jiménez y Solís Caballero

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [La verdad escondida de Amalia Castillo Ledón, dirige Luis G. Basurto]”, en Siempre!, 2 octubre 1963.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   2 de octubre de 1963

Columna Teatro

La verdad escondida de Amalia Castillo Ledón, dirige Luis G. Basurto

Rafael Solana

Aunque no estamos en el año de 1876, que el historiador Luis Reyes de la Maza llama “el año del teatro mexicano”, porque en él se estrenaron 43 obras nacionales en teatros de esta capital, ni siquiera en el “mes del teatro mexicano”, que fue el de septiembre de 1960, por iniciativa de Carmen Montejo, no es mala la proporción de obras mexicanas en cartelera; en esta semana nos toca reseñar cuatro estrenos indígenas, y otros se anuncian para este mismo mes.

El más importante ha sido el de La verdad escondida, de Amalia Castillo Ledón(1), tercera obra que se estrena de la prolongada temporada de reposiciones de autores vernáculos que viene desde hace casi dos años desarrollándose en el Fábregas.

La verdad escondida, que originalmente se llamó Peligros-Deshielos, nos ha parecido, desde nuestra primera aproximación a ella, oída leer [sic], una magnífica obra; nos confirmamos en esa misión al leerla publicada en libro, y nos reafirmamos en ella ahora que la hemos visto representar.

Nuestro público teatral es todavía joven, tiene una educación incompleta. Nos recuerda a veces, a un niño, que tira sus sanas manotadas hacia las cosas que se le ponen delante; deben dársele objetos de plástico, que lo resistan todo; si se le da algo de cristal, lo rompe; nuestro público se divierte con Paso, con Roussin, con autores de plástico que soportan interpretaciones jocosas, o con ciertos melodramones que las toleran exaltadas; una cosa fina, delicada, no le dura, del primer manotazo la destruye; y eso tememos que pueda suceder a la bella obra de doña Amalia, que no es para públicos gruesos. Como la música de Debussy, parecerá a algunos insípida; como la de Wagner, será por algunos juzgada de aburrida; quizá sea menos teatral que otras que aquí han gustado mucho, pero está excelentemente escrita, contiene un penetrante estudio de caracteres, plantea un caso que despierta un penetrante interés, y, en uno de sus cuadros, tiene una animación y una vitalidad que solamente se encuentra en la pluma de los maestros.

Hacía muchos años que la señora de Castillo Ledón no pisaba los escenarios; va a encontrar ahora un público ciertamente más numeroso, pero quizá algo más tosco, que el que halló para sus primeras obras, que tuvieron gran éxito. Menos capaz de disentir lo bien escrito, de encontrar la distinción de forma y de fondo en una pieza teatral.

Luis Basurto dirigió con cariño. Obtuvo de los dos principales y casi únicos intérpretes un trabajo muy plausible; Sonia Furió vive un papel de mucho mayor intensidad que los que ha solido hacer para el teatro, y Carlos Navarro, de quien nos quejábamos porque le sentíamos indiferente, como hastiado, desinteresado y gris, en obras, ahora vibra, da color a su papel; también encontramos excelente a Emma Fink. Otros artistas, algunos de ellos tan distinguidos como Fernando Mendoza o Carlos Monden, aceptaron hacer papeles pequeñísimos, en los que no tienen ocasión de dejarse ver.

David Antón acertó con cuatro decoraciones que no son lujosas, pero sí útiles, y crean los diferentes ambientes que la pieza requiere.

Silencio pollos pelones, ya les van a echar su maíz de Emilio Carballido dirige Dagoberto Guillaumin

De clamoroso podemos calificar el éxito que la noche que nosotros estuvimos allí obtuvo en el teatro de la Casa del Maestro, en la calle del Naranjo, la farsa de Emilio Carballido Silencio pollos pelones, ya les van a echar su maíz(2). La sala, que no es muy pequeña, estaba abarrotada, y el entusiasmo era delirante; carcajadas, aplausos, se oyeron a lo largo de toda la obra, y al final bravos y vivas trepidantes; cada vez que se pronunciaba la palabra “pinche”, viniera o no al caso (y generalmente no venía) las explosiones eran ruidosísimas. Este fue un hallazgo que hizo Emilio desde Rosalba, y del que ahora abusa un poco, después de que también Carlos Prieto lo explotó a conciencia.

Abundaban en la concurrencia los jóvenes, amigos y parientes de los del escenario; pero también había algunas personas mayores, a cuya memoria vinieron triunfos semejantes, en un pasado que se aleja; son los que obtenían, en sketchs no tan divertidos como éstos, “Palillo”, o, más lejos, Roberto Soto y la Wilhelmy, a quienes cada vez que decían algo que sonara a “mandado” coreaba la galería con bramidos y palmoteos; el público no ha cambiado; sólo que ahora, cuando se aburre en los teatros de revista con cuadros insulsos que ya vio cien veces, está deseoso de aplaudir a un valiente que ridiculice en la escena a las instituciones, y Carballido es ese intrépido. En un sketch, por ejemplo, que se llama “Recepción en palacio”, nos dice que los periodistas se lanzan sobre los sandwiches de jamón y a una señora vestida muy cursi la llama “doña Amalia”, esto basta para que la gente trepide de hilaridad; a veces Julia Marichal se pone un poco sibilina y amenazadora, y hasta está a punto de pedir “la libertad para los...” y aunque de allí no pasa, el público estalla en una ovación histérica. Nada más le faltó a Carballido mencionar a los granaderos. Ya lo hará en otra pieza.

Si el prolongado sketch es divertido, y aun divertidísimo, pues al lado de chistes planos o demagógicos ha puesto el talentoso autor muchos de buena ley, oportunos e ingeniosos, la interpretación no es menos feliz. Ha movido el director, Dagoberto Guillaumin, a su gente, con la técnica que le enseñó el grupo santafecino de “Los veintiuno”; todos hacen todos los papeles, con uniformes y rápidos disfraces, tiene así la cosa una gran movilidad, y los artistas, que además de actuar cantan (como Brecht) tienen sobrada ocasión de lucirse, además de la Marichal y de Yolanda Guillaumin, que ya nos eran conocidas, vimos allí, y admiramos, y aplaudimos, a una Julia Oseguera que nos parece encantadora, a una Socorro Merlín que acertó en todo, y a los señores Raúl Bóxer, Óscar Chávez, David Espinoza, Sergio Jiménez y Solís Caballero, todos los cuales en sus múltiples personajes brillan y hacen las delicias de la concurrencia.

Carballido, que amenazaba desviarse hacía el híbrido género de las parodias griegas, ha vuelto a ser mexicanísimo en esta revista, que iguala o supera a los mejores sketchs de la edad de oro de los teatros Lírico e Iris, en tiempos más felices para el arte auténticamente popular nuestro.

Carballido, que ha sido colmado de dones por todas las hadas, que ha disfrutado generosas becas lo mismo de Oriente que de Occidente, que suele ganar premios teatrales con la facilidad con que Cafarell Peralta, su paisano, cosecha flores naturales, que ha sido repetidas veces estrenado por la Unión Nacional de Autores, y varias veces también, y a todo costo (recuérdese El relojero de Córdoba) por las instituciones oficiales, que es filmado con frecuencia, y que disfruta de popularidad rayana en celebridad, y tiene un público fiel (repetimos que esa noche no cabía la gente en el teatro) se queja en el prólogo de Silencio... de falta de apoyo y de comprensión para los autores nacionales, y se refiere a la gente que ha ido a ver su obra como si fuera poca e insignificante. La obra, por esto, habría podido también llamarse “Si eso dice pan de huevo qué dirá bolillo duro”. Si alguien le ha sacado jugo a la profesión de escritor teatral en México, lo mismo en dinero que en aplausos, y en otras satisfacciones, ha sido Emilio; en buena hora y mucho nos alegramos de ello; pero sin duda queda en una posición falsa como quejumbroso y plañidero, no es a él a quien le tocaba lanzar esas lamentaciones que no logran conmover porque están respaldadas por la verdad, sino son puro teatro; y del menos bueno que él hace; el haber aceptado tantos auxilios y beneficios como sobre su próspera carrera han llovido mina no poco su posición para hablar mal ni de Washington ni de Moscú, ni de Pekín ni de Cuba, ni de los capitalistas ni del pueblo, ni del gobierno ni de la prensa, ni mucho menos del público, que le es fiel, y que le ha hecho figura.


Notas

1. Que tuvo lugar el 13 de septiembre. P. de m. A: Biblioteca de las Artes
2. La obra se había estrenado el 12 de septiembre. P. de m. A: Biblioteca de las Artes