FICHA TÉCNICA



Título obra La gobernadora

Autoría Luis G. Basurto

Dirección Luis G. Basurto

Elenco Magda Guzmán, Raúl Ramírez, Miguel Macía, Teresa Selma

Escenografía David Antón

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [La gobernadora de Luis G. Basurto]”, en Siempre!, 24 julio 1963.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   24 de julio de 1963

Columna Teatro

La gobernadora de Luis G. Basurto

Rafael Solana

El espectáculo más cómico de todo el teatro mexicano, lástima que tenga pocos espectadores, es el que da la crítica cada vez que se estrena una obra mexicana. Cuando se trata de una francesa o de una española, sobre todo en este último caso, las bendiciones se generalizan; pero cuando se estrena (o se repone) una comedia indígena, entonces suceden las cosas más extraordinarias; si la gente adquiriera la sana costumbre de leer la crítica de teatros, se asombraría mucho al principio, y después se reiría de muy buena gana. Iba a aficionarse más a esas secciones que a las tiras de monitos.

La más reciente obra de Luis G. Basurto ha venido a romper todos los récords en materia de disparidad dentro de la crítica. Los lectores no van a saber con qué carta quedarse. Y, como siempre, escogerán el camino más fácil: no hacer ningún caso de lo que leen (o ni siquiera leer) y por sí mismos ir a formarse un juicio sobre la pieza, si tienen algún interés en el teatro, o no ir, como las mayorías hacen. Es curioso que en esta gran capital, de seis millones de habitantes, pueda considerarse como una obra de éxito una que vayan a ver 10 mil personas... que es la mitad de la cifra de las que van a ver una pieza en una ciudad europea de, digamos, 200 mil habitantes.

Volviendo a La gobernadora, de Basurto, manifestaremos nuestro pasmo ante la violencia de la oposición de los juicios de críticos a quienes tenemos por muy sesudos e inteligentes; apenas al día siguiente del estreno don Juan Miguel de Mora, crítico, a quien consideramos juiciosísimo, calificaba a la obra de “bodrio”, desde la cabeza de su nota y luego la desmenuzaba hasta dejarla convertida en talco. Por cierto coincidimos plenamente con ese escritor en la opinión que él se formó sobre la falda que la actriz Magda Guzmán sacó en el segundo acto, y que el cronista calificó no recordamos bien si de cursi, de vulgar, de indecente o de indecorosa, pues todos estos adjetivos nos parece que vinieron a su mente, aunque no conservamos en la memoria el que por limitaciones de espacio se vio precisado a escoger. Esa falda, por otras opiniones que hemos recogido, va a atraer muchas censuras sobre la cabeza (es un modo discreto de decirlo) de Magda Guzmán. ¡Con lo fácil que sería ponerse otra!

Inmediatamente después de la del señor De Mora leímos la reseña del crítico del diario El Universal, también muy culto, muy inteligente y muy viajado Don Armando Valdés Peza, en media docena de cuartillas, canta los loores de Basurto y nos dice que, nadie conoce como él los resortes del teatro, ni las fibras del corazón humano, y que La gobernadora es una obra estupenda que significa un nuevo y grandioso triunfo para el más notable de nuestros comediógrafos. Tampoco recordamos las palabras textualmente, ni queremos ir a buscar el recorte para copiarlas; pero la impresión que nos deja es la de que el cronista se quedó con la boca abierta ante tamaña obra maestra del arte teatral. Con la mayor modestia evita don Armando hablar de la falda; no fuera a parecer que quería que a él le encargaran una presentable.

Al día siguiente leímos la reseña de don Juan Tomás, quien opina, drásticamente, que la pieza La gobernadora es tan mala como algunos gobernadores (¡nombres, nombres!); por supuesto no nos dice cuáles. Cada quien haga su juego. Esta crónica nos dejó un sabor amargo, pronto se siente que el escritor no simpatiza con el autor, a quien admira menos que a Paso o que al de La herida luminosa. No se tienta el corazón don Juan para hacer un desmoche y endilgar los más duros epítetos a la pieza basurtiana, a la que no deja buena ni para vender billetes de lotería.

Un día más tarde, otro crítico, también muy desconcentradizo de las obras mexicanas, don Sigfredo Gordon Carmona, colmó el vaso de nuestra sorpresa con una crónica cuyo asunto era el siguiente: con La gobernadora, estupenda pieza, Luis Basurto se había sacado la honda espina que se clavó con Íntimas enemigas, pieza deleznable y vituperable. Ahora sí podrá estar contento Basurto porque sus más fieros enemigos no podrán atacarle, porque todos le rendirán pleitesía, y porque su obra magnífica se eternizará en la cartelera. Nos hace notar Sigfredo, al caer rendido ante tan imponente obra literaria, que no ha sido siempre un fiel admirador de Basurto; le ha censurado la maldad de otras de sus piezas; pero ahora... ahora era imposible ocultar la verdad, y dejar de reconocer la excelsitud de la nueva alta comedia.

Antes de conocer las respetables opiniones de don Antonio Magaña Esquivel o de don Armando de María y Campos, de don Fernando Mota o de don François Baguer, de la China Mendoza o de Mara Reyes, o la de Jorge Ibargüengoitia o la de Fausto Castillo, que son siempre feroces (¡o quién sabe!), preferimos suspender una investigación que sólo puede conducirnos, como meta final, al más espantoso desconcierto. ¿Qué se hace en estos casos? ¿Contar los votos en pro y los votos en contra, democráticamente? ¿Restarles lo que hayan puesto de pasión y exageración al que dijo “bodrio” y al que dijo “obra maestra”? ¿Escoger entre toda una gama de treinta gobernadores, que van desde los que tienen tan mala prensa como el de Morelos, hasta los que la tienen tan buena como el de Jalisco o el de Tabasco, cuál será el que pueda compararse, en maldad, con la pieza de Luis, según la opinión tan vaga de Tomás?

Puestas así las cosas, y con tan terrible apasionamiento en favor de La gobernadora o en contra de ella, el cronista que se ha formado un juicio tibio, casi no se atreve a darlo, porque no va a contentar a nadie, y va a quedar como el cohetero. Si afirma que bodrio no es, pero obra genial tampoco, no se lo va a agradecer ni los valdespecianos ni los tomasianos, ni los moriscos, ni los gordónicos. Si dijéramos, por ejemplo, que con el primer acto nos aburrimos, pero que la escena de Maciá nos pareció gran teatro, no dejaríamos contentos ni a los que piden la cabeza de Basurto ni a los que se la quieren coronar de académicas palmas. Estas crónicas que ni atacan con furor, ni defienden con heroísmo, sino tratan de “suum cuique tribuere” y ven virtudes y defectos donde unos sólo miran las primeras y otros nada más los últimos, que no son ni chicha ni limonada, ni carne ni pescado, ni paraíso ni infierno, sino insípido limbo, sólo atraen animadversiones; Rodolfo Usigli ridiculizó en un paso de comedia a un crítico, por cierto muy ilustre, al que llama “ el señor So”, porque nunca se atrevía a decir Sí ni No.

Mejor hablaremos francamente bien de algo, con entusiasmo, de la escenografía, por ejemplo, que es un acierto de David Antón. O mal de algo, con enojo; de la falda blanca de Magda Guzmán, tan corriente, tan mal hecha, tan plebeya. Para que se vea que tenemos sangre en las venas. ¡Fuera esa falda! (aunque se ponga otra, que eso no es el Tívoli). Hablaremos bien de los actores: Raúl Ramírez, excelente; Miguel Macía, estupendo; Magda Guzmán, muy bien a ratos; Teresa Selma, agradable. Y de la obra sólo negaremos que sea el bodrio que creyó ver en ella Juan Miguel. No, no lo es, ciertamente, seamos justos. Pero tampoco es la mejor obra de Basurto ¿dijo eso Sigfredo, o lo dijo Valdés Peza? Los dos asertos son exageraciones.

Luego resulta que las obras de Basurto que más nos chocan a los críticos son las que hacen mejor taquilla. A lo mejor eso pasa también esta vez. Ojalá.