FICHA TÉCNICA



Título obra La enemiga

Autoría Darío Nicomedi

Dirección Jesús María Alarcón

Elenco Elisamaría Ortiz de González, Manuel Julio Barragán, Florinda Flores, Jovita Alanís, María Elva Galindo, Irene Garza, Romualda Vilareal, Olga Villareal, Manuel Julio Barragán, José García Tenorio, Jesús María Alarcón, Roberto Lozano G. Luis Humberto Rojas

Espacios teatrales Gran Teatro Rex, Monterrey

Notas Comentarios del autor citando críticas de Monterrey y una carta dirigida a la actriz Elisamaría Ortiz

Referencia Armando de Maria y Campos, “Una excelente versión de La enemiga, en Monterrey, por damas y caballeros de la sociedad regiomontana. Triunfo de Elisa María Ortíz y de Manuel Julio Barragán”, en Novedades, 30 noviembre 1947.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Novedades

Columna El Teatro

Una excelente versión de La enemiga, en Monterrey, por damas y caballeros de la sociedad regiomontana. Triunfo de Elisamaría Ortiz y de Manuel Julio Barragán

Armando de Maria y Campos

De "grandiosa Velada de Arte Pro Niños Pobres" califica la prensa regiomontana la función teatral recientemente celebrada en el Gran Teatro Rex de la capital reinera, por la Sociedad Artística Amado Nervo y el Cuadro Artístico del templo de los Dolores, durante la que se representó la bella comedia dramática de Darío Nicodemi La enemiga, y a la que asistió la crema y nata de la sociedad de Monterrey.

"Muy pocas veces –dice el cronista regiomontano que firma L.G.C.– se nos presenta la oportunidad de asistir a funciones teatrales. La muerte del Teatro sobrevino, para nosotros, con el derrumbe de nuestro añorado teatro Independencia, donde se dieron las actuaciones de inmortales artistas de tiempos pretéritos, y con los pasos monopolistas de un que no es sino fonética; nos referimos al cine". Semanas antes, la compañía dramática de Virginia Fábregas había representado con la maestría caractrística de nuestra ilustre actriz, la pieza de Nicodemi. "Han corrido pocos días –escribió en su nota `Resonancias de una velada de arte', María Reyes viuda de Dávila–, y hoy, presentada por aficionados, lejos de desmerecer ha dejado en nuestro espíritu una emoción artística". "Sorprendente es el hallazgo –opina por su parte el cronista F.G., del periódico Sociedad– de que un puñado de muchachos decididos y airosos con su precioso aislamiento para cultivar lo que para muchas gentes nuestras no tiene sentido, porque no es salto, puñetazo, estocada o maroma".

La representación de La enemiga sirvió de espléndido marco para la revelación de una gran actriz, doña Elisamaría Ortiz de González –y de un singular galán joven, el doctor don Manuel Julio Barragán–, pero es oportuno e interesante conocer también los nombres de los demás intérpretes. La duquesa de Nievres, escrita por Nicodemi para Vera Vergani y creada en español por María Guerrero, fue interpretada por doña Elisamaría Ortiz; la condesa de Brenois, su madre, por Florinda Flores; la Martha Regnault, por Jovita Alanís; la Florencia Lumb, por María Elva Galindo; la María, por Irene Garza; la Luisa, por Romualda Villarreal y la Margarita, por Olga Villarreal. Del Roberto se encargó el doctor Manuel Julio Barragán; del Gastón, José García Tenorio, del monseñor, don Jesús María Alarcón; de Lord Miguel Lumb, Roberto Lozano G., y del mayordomo Gerardo, Luis Humberto Rojas. La obra fue dirigida por don Jesús María Alarcón. "¿Quién supero a quién? –se pregunta uno de los cronistas regiomontanos. Es difícil decirlo", aclara en seguida. Pero todos los cronistas reineros están de acuerdo en la magnífica actuación de Elisamaría Ortiz. "La labor y el temperamento de Elisamaría Ortiz –dice uno de ellos– fueron palpables desde el primer momento. Su mímica, su figura, su elegancia y porte y su gran naturalidad hicieron que el público no dejara de aplaudirla en cada momento de su brillante actuación. El diálogo sostenido con Roberto fue grandemente emotivo, llegando a posesionarse tan bien de su papel, que hasta logró arrancar lágrimas del público, que no cesó de admirarla". María Reyes viuda de Dávila dice en su crónica: "El difícil papel de la duquesa de Nievres estuvo a cargo de Elisamaría Ortiz de González Garza. De sobra conocíamos sus dotes relevantes para el arte, pero no creímos que se alzara a la altura que lo hizo. En el 2o. acto actuó con tal intensidad de emoción, que hizo partícipe de ella al público, que vibraba y sentía como simulaba hacerlo la gran actriz... En el último acto, agobiada por los presentimientos de la muerte de su hijo adorado, al recibir la noticia, su dolor se manifestó tan grande y sincero, tuvo lamentos y gemidos tan intensamente humanos, que se nos reveló en una fase dramática que no le conocíamos. Rendida al fin por el dolor, ¡Mater Dolorosa!, sabe prohijar al vástago ajeno, al que oprime entre sus brazos y sobre su lacerado pecho. Elisamaría no es una aficionada. Su intuición artística la coloca al lado de las grandes trágicas que hemos admirado durante nuestra vida. Al terminar, el público, puesto de pie, la ovacionó en forma delirante, haciéndola aparecer en escena varias veces".

De la naturalidad, distinción y excelente dicción de don Manuel Julio Barragán hablan con elogio todos los cronistas reineros, en particular Angel María Carrau en su sección "Brochazos y pinceladas".

Noches después, en su elegante residencia de la calle de Degollado, don Antonio Muguerza y su esposa doña Rebeca Martínez de Muguerza, ofrecieron una recepción a la distinguida actrizaficionada, doña Elisamaría Ortiz de González Garza, del galán doctor Barragán, y del resto del cuadro que dirige don Jesús M. Alarcón, agasajando a cada uno de los entusiastas actores con regalos personales. Las viandas fueron exquisitas y los caldos, de los mejores. En momento oportuno la señora de Muguerza leyó una interesante carta de la señora doña Adriana Junco de Villarreal, dirigida a la actriz, señora Ortiz de González Garza, de la que tomo algunos de los más interesantes conceptos, que revelan la fina sensibilidad artística de los regiomontanos para todas las manifestaciones de la cultura y del espíritu:

"Elisamaría: Quiero hacer llegar a ti mi aplauso y mi admiración en forma epistolar, aunque mi pluma no sea autoridad para juzgar la labor artística de persona que, como tú, eres consentida de las musas, de las que has recibido dones inapreciables... No puedo decir que te nos revelaras, eso no, puesto que conocíamos tu alma de artista, tu espíritu saturado de nobleza y de entusiasmo... es que te superaste a ti misma, que estuviste magistral, que Monterrey entero, representado por el público que te aclamó, te guarda inmensa gratitud... Te adueñaste de todo el auditorio en el instante de tu aparición en el final del primer acto; sólo unas palabras dijiste y fueron suficientes para electrizarnos... Pero tu figura, regiamente ataviada, que sólo había pasado ante nuestros ojos como una ilusión, se impuso con más fuerza en el segundo acto, en el cual revelas todos los sufrimientos del personaje, callada y heroicamente sobrellevados hasta entonces. ¡Cómo nos condolimos también ante el dolor de Roberto! ¿Y de él qué te habría de decir?... El mejor elogio sería que a tu lado hizo una soberbia figura que no lograste opacar con toda tu brillantez... Pero cuando nuestra admiración llegó a su máximo, fue al verte transfigurada en Máter Dolorosa ante la desgarradora noticia de la muerte de Gastón. El dolor lo sentías... no lo representabas; lo vivías con tal fuerza, que los espectadores y tú éramos una misma persona; nos comunicaste con tus vibraciones artísticas. Sello esta carta con un apretado abrazo que te lleva mi estimación y mi cariño".

Nuestro más férvido estímulo, y nuestras felicitaciones también, a la distinguida actrizaficionada, señora Ortiz de González Garza, a su director y a todos sus compañeros, por la magnífica velada dramática que supieron darle a la sociedad de Monterrey, de la que nos ocupamos, con la satisfacción de un deber grato, tan pronto como tuvimos noticia de ella.