FICHA TÉCNICA



Título obra Cacería de un hombre

Autoría José María Camps

Dirección Fernando Wagner

Elenco Sergio de Bustamante, José Luis Jiménez, Gloria Leticia Ortíz, John Randall, Stim Segar, Lola Tinoco, Mario García González, Mario Orea

Escenografía David Antón

Espacios teatrales Teatro Virginia Fábregas

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Cacería de un hombre de José María Camps, dirige Fernando Wagner]”, en Siempre!, 20 junio 1962.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   20 de junio de 1962

Columna Teatro

Cacería de un hombre de José María Camps, dirige Fernando Wagner

Rafael Solana

Doble interés existía por el estreno de Cacería de un hombre,(1) por tratarse de la primera obra nueva en una “temporada de oro del teatro mexicano”, en la que sólo se habían puesto hasta ahora excelentes reposiciones, y porque fue ésa una de las comedias que en reciente sonadísimo concurso sucumbieron ante Medusa, de Emilio Carballido, entre airadas y llegamos a creer que muy justificadas protestas; se presentó al certamen con el nombre de Bienaventurados los mansos; pero su nombre propio, con el que fue escrita, es Los chichicuilotes; no habiendo sido considerado como “comercial” ninguno de estos títulos, se le dio el nuevo que ya ven ustedes más arriba, al llevarla a escena en el teatro Fábregas.

José María Camps, su autor, no era ya completamente nuevo para nosotros, porque ya editó un libro con tres de sus piezas y porque vimos ya representar, en un concurso, una obra suya que nos pareció interesante en el mayor grado: Columbus, 1916; sin embargo, el de Cacería de un hombre era el primer estreno en teatro con taquilla abierta y respaldado con su nombre auténtico, que le conocíamos, y con ella tenemos que reconocerle que se ha anotado un gran éxito.

La obra tiene novedad, y tiene profundidad, y tiene oficio, y tiene un diálogo ameno; está bien urdido el episodio, aunque es tal vez demasiado breve y por momentos se nota algún esfuerzo por hacer durar la acción dos actos enteros. Hay ingenio en el planteamiento, aun cuando tal vez se desaprovecha alguna oportunidad de alcanzar la brillantez en ciertas escenas, que son escamoteadas al público en los momentos en que mayor habilidad dialéctica espera del comediógrafo (por ejemplo, en la escapatoria del borrachín que pudo haber sido menos obvia, más airosa, sostenida con razonamientos, y no lograda por el medio, un tanto infantil, de la fuga); algunas escenas están excelentemente escritas, como, por señalar alguna, la primera grande del primer acto, la que enfrenta al “justicia” mexicano con los esbirros importados, o también la que forma el meollo del cuadro central del segundo acto; los caracteres están perfectamente trazados, aun cuando no todos encontraron los más felices intérpretes. Interesa de principio a fin sin dejar caer la atención en ningún momento, y satisface en su resolución final, que sin embargo, es un tanto imprecisa, pues no se sabe si “murió matando” el protagonista, como habría querido, o si, como habría sido más moral y justo, solamente fue cazado.

Saludemos en José María Camps a un nuevo excelente autor mexicano (aunque haya nacido en Cataluña) que se ha identificado con nuestro teatro, con nuestro idioma, con la psicología de los mexicanos, y que ha dado ya, y seguirá dando, obras que merecen figurar al lado de las que la dramaturgia nacional considera “las de oro” entre todas las suyas. Muy sinceros y muy merecidos los aplausos que Camps escuchó al final de su estreno.

Todos los intérpretes de Cacería de un hombre, dirigidos por Fernando Wagner dentro de una escenografía de David Antón, estuvieron bien, aunque, para nuestro juicio, unos mejor que otros. Nos pareció que el menos brillante fue en esta ocasión el protagonista, Sergio de Bustamante, a quien últimamente vemos inclinado más a ser siempre Sergio de Bustamante que a identificarse con los diversos personajes que le ofrecen las diferentes obras en que actúa; creemos que esta pieza pedía un hombre frío, introvertido, impasible, en el estilo de Claudio Brook, y Bustamante lo adornó con los temblorines, los apretones de párpados y los berrinchitos de que ya abusó en Country girl; don José Luis Jiménez, cuyo papel consiste principalmente en destapar cervezas, lo que hace no sin cierta torpeza, también creemos que se equivocó un poco, cuando en las primeras escenas de la obra nos hizo esperar que su personaje fuera el de un viejo ladino, timado, cazurro, socarrón, fingido y cauteloso, mientras el autor pide que sea un bienaventurado, un manso, un chichicuilote.

Mejor están todos los demás: Gloria Leticia Ortiz, muy mona en su mensita; John Randall, perfecto en su chocantísimo polizonte, y muy bien Stim Segar en el suyo, que es un papel de gran responsabilidad, impecablemente sacado.

Lola Tinoco da cátedra en su sobria, admirable actuación; a Mario García González le sale dibujado su personaje, que tiene mucha miga, y al que en los momentos requeridos da todo el peso necesario; en cuanto a Mario Orea, que asumió el papel más peligroso, tiene una actuación verdaderamente feliz, de las mejores que le recordemos; para él los aplausos fueron muy entusiastas; hizo una creación; otros zapatos, más de acuerdo con el destrozado y sucio traje, y no habrá reparo alguno que oponerle.

Vale la pena de ver Cacería de un hombre, en el Fábregas.


Notas

1. 1º de junio. P. de m. A: Biblioteca de las Artes.