FICHA TÉCNICA



Título obra Edipo Rey

Autoría Sófocles

Dirección Ignacio Retes

Elenco Ignacio López Tarso, José Carlos Ruíz, Claudio Brook, Agustín Sauret, Aarón Hernán, María Teresa Rivas

Vestuario Julio Prieto

Espacios teatrales Teatro Xola

Referencia Rafael Solana, “Teatro. [Edipo Rey de Sófocles, dirige Ignacio Retes]”, en Siempre!, 5 julio 1961.




TRANSCRIPCIÓN CON FORMATO

Referencia Electrónica

Siempre!   |   5 de julio de 1961

Columna Teatro

Edipo Rey de Sófocles, dirige Ignacio Retes

Rafael Solana

Un espectáculo de primer orden, desde cualquier punto de vista, es el que el Seguro Social ha montado en el teatro Xola,(1) con el viejísimo drama Edipo Rey, del que dijimos ya en anterior reseña que ha entrado en su vigésimo quinto siglo de representaciones.

De la obra ya se ha hablado mucho: es vigorosa, es grandiosa, pero es reiterativa, es machacona, mediocremente representada no podría aguantarla nadie; las cosas que los personajes tardan en descubrir el público las descubre inmediatamente, (además de que ya las lleva sabidas), y cada frase como si en Grecia se temiera que el público estuviera distraído conversando o comiendo hot-cakes (así se traducen las tortas de harina y miel de que habla Homero) y bebiendo vino negro, se repiten diez, 12 veces, cuando a Ricardo Bell le bastaba repetirlas tres o cuatro para que los niños las entendieran; pero está el insistente texto tan asombrosamente bien dicho, y la escena ha sido tan admirablemente compuesta por un artista plástico, con escenografía, máscaras, trajes y luces, que el público no sólo no llega a aburrirse sino se mantiene casi sin respirar y hasta sin toser, durante las casi dos horas que dura el acto único, pues se representa la obra corrida y sin interrupción; confesemos que sólo a enormes artistas, como el ya mencionado Zacconi (a quien vimos, entre otras cosas, Los diálogos de Platón (que era una hazaña) o como el ya citado Messemer (a quien hemos oído Fausto, y aunque estaba en alemán no fatigaba mucho), y entre los cuales es ya necesario nombrar a Ignacio López Tarso, puede escuchárseles no nada más sin fatiga, sino con delicia, durante tan largo tiempo y con texto tan árido. Pero es que López Tarso, que ya con su Moctezuma, con su Macbeth, y con otras actuaciones se había puesto a la cabeza de los actores de México, ahora se pone con su Edipo a la altura de los mejores del mundo. Comparen ustedes este papel con el que acaba de hacer ante nuestros ojos, en el mismo personaje, si bien con otro texto, Jean Vilar, que está considerado como una luminaria universal del teatro. La comparación creemos que favorece a nuestro Edipo vernáculo por un margen aproximadamente igual al que favoreció a los ingleses cuando jugaron futbol contra los mexicanos.

López Tarso, que es la figura cumbre del Edipo del Seguro Social, tiene figura, bien vestido por Julio Prieto, y maquillado en forma impresionante; sabe moverse en escena; pero, sobre todo, da un concierto de voz humana porque sabe decir el castellano como nadie que hayamos escuchado antes en un teatro, nadie pronuncia con mayor nitidez y con perfección y claridad mayores, nadie entona como él; los problemas más difíciles de pronunciación (y la obra abunda en ellos) los pasa con la seguridad de un auténtico maestro. Y como efectivamente es maestro, en su torno se va formando una generación entera de artistas que, por fin saben hablar, cosa que no ha sucedido ni en los tiempos de don Fernando Soler ni en los de don Miguel Ángel Ferriz. Porque, anotémoslo ya, además de Ignacio dicen la obra con brillantez orquestal todos los demás artistas, bajo una dirección de Ignacio Retes que desde este punto de vista debemos considerar formidable, lo mismo que desde el punto de vista plástico (composición, luces, actitudes) y desde el rítmico (la obra no es "movimentata", como Espartaco, sino estatuaria, solemne, majestuosa y ese "tempo" ha sabido darle Retes, con gran acierto). Inmediatamente detrás del imperial López Tarso debemos mencionar a José Carlos Ruiz, que nos dio una sorpresa con su dicción perfecta, y emotiva, en un papel al que él sabe prestar lucimiento; luego Claudio Brook, autoritario, terrible, y también Agustín Sauret, Aarón Hernán, y todos los otros artistas del reparto; de María Teresa Rivas diremos que luce guapísima, con una belleza escultural que no da ninguna edad, sino la de una estatua, y que también dice admirablemente, aun en aquellos momentos en que el tono se eleva hasta hacerse peligroso.

A nuestro juicio, exageró esta vez el Seguro, como otras veces en botones y en anillos, en personal; no se necesitaban tantos coristas, ni muchísimo menos tantos músicos, que no se ven. Pero en el Seguro Social sobra el dinero, y ya no saben qué hacer con él ni por dónde tirarlo. Afortunadamente, también sobra el talento (el del maestro Julio Prieto, el de Retes, el de López Tarso), y con eso sí saben qué hacer: obras maestras de la representación teatral, como este Edipo, rey que ningún habitante o visitante de esta ciudad por ningún motivo debe perderse.


Notas

1. Que se estrenó el 7 de junio. P. de m. A: Ignacio Retes.